Sembrando dátiles, cosechando futuro
Octubre 17, 2011 Sin comentarios
Un anciano se encontraba en un oasis afanado en hacer un pozo en la arena cerca de unas palmeras de dátiles, arrodillado, esforzándose y agobiado por el intenso calor del desierto. Un rico mercader se detuvo en ese oasis a descansar y dar de beber a sus camellos y pudo observar cómo ese hombre, viejo y sudoroso cavaba con entusiasmo. No pudo evitar la curiosidad y le preguntó qué estaba haciendo.
El anciano le contestó que estaba sembrando dátiles. Al viajero le pareció un disparate y pensó que el calor había trastornado al viejo; por esa razón, lo invitó a tomar algo en la posada. Pero el hombre no aceptó su invitación porque debía terminar su siembra. Cuando le preguntó qué edad tenía ni siquiera pudo recordarla, tal vez más de ochenta, le dijo. Entonces, el acaudalado comerciante no pudo evitar señalarle que difícilmente llegará a cosechar algo de su siembra, ya que una palmera de dátiles demora unos cincuenta años en dar sus frutos; y le insistió para que lo acompañara a tomar una copa.
El viejo lo miró y le dijo que todos los dátiles que había comido hasta ese momento también eran de palmeras que habían plantado otros, que tampoco habían soñado con llegar a probarlos y que él no sembraba para él sino para que otros pudieran comer en el futuro los dátiles de la palmera que él estaba plantando, y aunque sólo fuera en agradecimiento de aquellos desconocidos que trabajaron para él, esta sola razón merecía que terminara su tarea. Conmovido por la respuesta, el adinerado hombre de negocios sacó una bolsa de monedas de oro y recompensó al hombre por su enseñanza.
El viejo le agradeció señalándole al mismo tiempo que era verdad que no llegaría a cosechar lo que sembraba, pero en cambio había obtenido una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo. El rico mercader quedó asombrado por tanta sabiduría y le regaló otra bolsa igual repleta de monedas de oro para demostrarle nuevamente su profundo agradecimiento. El anciano le mostró al viajero que así como él se comportaba era la vida.
Él había sembrado para no cosechar, sin pensar en sí mismo; y antes de terminar ya había recibido frutos no sólo una vez sino dos veces, sin contar con los dátiles que se obtendrían en el futuro cuando las palmeras que él sembrara crecieran para las próximas generaciones. El hombre, quedó admirado por lo que había aprendido y le rogó al anciano que no le brindara más enseñanzas porque su cuantiosa fortuna no sería suficiente para recompensarlo (cuento sufí).
¿Qué y cuándo dejamos de sembrar en México?
Sin duda, la situación política, económica y social que enfrenta nuestro país no es consecuencia de lo que ha acontecido en los últimos años, sino producto de lo que se sembró hace más tiempo. La violencia, la pobreza, la corrupción, la desigualdad y tantos males que aquejan a México, no son el resultado de las decisiones actuales, al contrario, son la cosecha de lo que se decidió antes; ahora sólo hay esfuerzos por mantener bajo relativo control la crisis social y política.
Según el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, México tiene 7 millones 226 mil jóvenes de entre 15 y 29 años que no estudian ni trabajan; ocupa el tercer lugar dentro de los 34 países de la organización en porcentaje de ninis, sólo por debajo de Turquía y de Israel (Revista Proceso, 13 de septiembre de 2011, artículo de Jenaro Villamil).
Las cifras comparativas indican que México tiene el primer lugar en la OCDE de mujeres ninis: representan el 38% del total de 7.2 millones de jóvenes sin empleo ni educación; sólo el 45% de los adolescentes y jóvenes mexicanos que ingresan a estudios medios superiores concluyen, en contraste con la media internacional de cumplimiento que es de 68%; México gasta más por un alumno de nivel universitario per cápita (6 mil 298 dólares anuales) que por los estudiantes de primaria (2 mil 246 dólares).
“La calidad de la enseñanza podría mejorar aún más por medio de estándares de desempeño más exigentes, mejor capacitación docente y mayor profesionalización en el reclutamiento y en la gestión escolar”.[1]
Tal parece que nos encontramos ante “el fracaso de un modelo neoliberal intenso, que privilegia el trabajo precario (los call centers, los outsourcing y toda la gama de empleos mal pagados, sin seguridad social ni capacitación que han proliferado, gracias a esta filosofía de que en el neoliberalismo sobrevive el más fuerte y no el más capaz), y menosprecia el desarrollo profesional y personal, a partir de un trabajo digno, bien pagado, con seguridad social y con perspectivas de crecimiento y de realización personal” (Revista Proceso, 13 de septiembre de 2011, artículo de Jenaro Villamil).
Ya son pocos quienes siembran dátiles, todo lo que se hace hoy debe tener resultados mañana, todos trabajan para sí, es la cultura de lo inmediato, la frase Roma no se construyó en un día pierde vigencia cada vez más y casi todo es desechable y, algunas veces reciclable, desde el vidrio hasta las personas. Se reafirman los mitos y las fantasías de la clase media en México de la que hablaba el sociólogo y académico mexicano Gabriel Careaga, aquella que pone sus esperanzas de desarrollo en los títulos universitarios, ahora no sólo de licenciatura, sino de maestrías y doctorados.
¿Qué se cosechará mañana con lo que hoy se está sembrando?
César Chapa – IMDOSOC
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[1] OCDE (2011), Estudios económicos de la OCDE: México 2011. OECD Publishing.
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