La vocación del médico

Diciembre 9, 2011 1 Comentario


El hombre es por naturaleza un ser social, se enriquece en la medida en que convive con lo otro (el medio ambiente), los otros y el Otro (Dios). Aprende más de sí mismo de frente al otro, se conoce como persona única y distinta. Todo contacto tiene sus consecuencias que pueden ser buenas o malas, pero esto depende mucho de uno mismo.

En esta red de relaciones, tenemos la que surge entre un paciente y un médico, ésta es la que quiero tratar en este momento.

Es una de las relaciones donde la confianza es el ingrediente principal; para que el médico diagnostique correctamente, es necesario que el paciente sea completamente sincero con él, se podría decir que habrá aspectos de una persona que sólo el médico conocerá y nadie más. El paciente pone su salud y su vida en las manos del médico.

Cuando se está enfermo y la relación con el médico es buena, la enfermedad, por muy grave que sea, se sobrelleva y si se consigue la salud o no, el paciente estará completamente agradecido; en cambio, cuando la relación es mala y se es un enfermo más, una cita más, un número más… esto se convierte en un peso que cargar añadido a la misma enfermedad o rehabilitación.

¿Cómo poner la vida en manos de alguien que me ve como un número, un bulto enfermo que ocupa una cama? ¿Cómo poner la vida en manos de alguien que lo único que ve en mi rostro es un signo de pesos? En resumen ¿cómo confiar mi vida a alguien que no me trata como persona?

Una situación así, afecta anímicamente y es lo que menos necesitamos cuando estamos enfermos para una pronta recuperación o para vivir la enfermedad, y quizá la muerte, dignamente.

Tanto a los médicos como a todo el personal de salud nunca se les debe olvidar que la dignidad de una persona nunca disminuye por el hecho de estar enfermo, incapacitado, vulnerable, por cualquiera que sea la razón que los haya llevado a estar a su cargo. Que su trabajo no se les haga rutina.

La persona que tienen en sus manos es tan digna como ustedes, independientemente de la condición en la que se encuentre, recuerden estas palabras que pronunciaron antes de empezar a ejercer su profesión:

No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase (Juramento Hipocrático).

No olviden que juraron respetar la vida desde su concepción así como respetar las leyes de la humanidad.

Esa persona enferma es un hijo de Dios y Él les ha dado, a ustedes los médicos, el privilegio de colaborar con Él en el alivio del sufrimiento humano, a optar por la vida, les ha dado una vocación y capacidades de las que no todos gozamos.

Esto es algo de lo que tienen que estar orgullosos y en ningún momento sentir su trabajo como un castigo o una rutina. Y como dice el papa Benedicto XVI, que su trabajo sea «un elocuente testimonio de solidaridad humana y cristiana».

Termino con unas frases de la oración del médico del papa Juan Pablo II:

«Haz que cada uno de nosotros,
consciente de la gran misión que le ha sido confiada,
se esfuerce por ser siempre instrumento
de tu amor misericordioso en su servicio diario.
Ilumina nuestra mente.
Guía nuestra mano.
Haz que nuestro corazón sea atento y compasivo.
Haz que en cada paciente
sepamos descubrir los rasgos de tu rostro divino.

Señor, haznos buenos samaritanos,
dispuestos a acoger, curar y consolar
a todos aquellos con quienes nos encontramos
en nuestro trabajo».

¡Que así sea!

Ruth Navarro – IMDOSOC

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One Comments to “La vocación del médico”
  1. alberto dice:

    excelente artículo para refñexionar, a veces se nos olvida que las capacidades que nos ha dado Dios a cada uno de nosotros, debemos ponerlas siempre al servicio de los demas.

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