Principios y objetivos generales de la educación ante la emergencia educativa

Abril 25, 2012 Sin comentarios


Educar es ayudar en la formación de cada persona para que alcance la plenitud de su ser en su encuentro personal con Jesucristo, camino, verdad y vida que le da la gracia para recorrer este itinerario. (Ante la emergencia educativa: educar evangelizando y evangelizar educando. CEM)

Quiero aprovechar la XCII Asamblea Plenaria de la CEM y el documento presentado a la UNESCO [1] por México para hacer una lectura sobre la educación en nuestro país.

El artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley General de Educación nos dicen que la educación proporcionada por el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará el amor a la Patria y la conciencia de la solidaridad internacional.

Todos los habitantes del país tienen las mismas oportunidades de acceso al sistema educativo nacional; la educación es el medio fundamental para adquirir, transmitir y acrecentar la cultura, es un proceso permanente orientado a contribuir al desarrollo del individuo y a la transformación de la sociedad, y es factor determinante para la adquisición de conocimientos y para formar al hombre de manera que tenga sentido la solidaridad social. El proceso educativo debe asegurar la participación activa del educando y estimular su iniciativa y su sentido de responsabilidad.

Los obispos católicos de México entienden la educación en su sentido más amplio como esfuerzo por ayudar a la persona en su desarrollo humano integral. Nos han recordado que desde 2007, tanto el Papa Benedicto XVI como los obispos de Latinoamérica y el Caribe nos han llamado a responder a la emergencia educativa ocasionada por la dificultad que se tiene en la transmisión de la fe, los valores fundamentales y en ayudar a formar la conciencia.

Conscientes del cambio de época en que nos encontramos, que atañe principalmente a las nuevas generaciones, saben que se necesita un modelo o enfoque en la educación diferente, ya que no se pueden resolver “problemas nuevos con soluciones antiguas”.

La educación impartida por el Estado debe contribuir al desarrollo integral del individuo, para que ejerza plenamente sus capacidades humanas; favorece el desarrollo de facultades para adquirir conocimientos, así como la capacidad de observación, análisis y reflexión críticos; fortalece la conciencia de la nacionalidad; promueve el respeto a los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas; infunde el conocimiento, el respeto y la práctica de la democracia como forma de gobierno que permite a todos participar en la toma de decisiones al mejoramiento de la sociedad.

Los obispos de México ven como raíz del problema de la educación al relativismo y la visión fragmentaria del ser humano en el mundo de hoy, reduciéndolo a una visión pobre de su ser y viéndolo sólo desde una perspectiva política, social o económica, sin una apertura a su dimensión espiritual trascendente.

En las leyes mexicanas está escrito que la educación promueve el valor de la justicia, de la observancia de la ley y de la igualdad de los individuos ante ésta, así como propiciar el conocimiento de los derechos humanos y el respeto a los mismos; desarrolla actitudes solidarias en los individuos, respeto absoluto a la dignidad humana; inculca principios fundamentales de la ciencia ambiental y el desarrollo sustentable así como de la valoración de la protección y conservación del medio ambiente como elementos esenciales para el desenvolvimiento armónico e integral del individuo y la sociedad; fomenta actitudes solidarias y positivas ante el trabajo.

En el Episcopado Mexicano han estado abiertos, con un sentido de escucha, análisis y reflexión de la realidad educativa, poder educar para una nueva sociedad ante esta emergencia educativa. Desean promover una cultura humanista, solidaria y justa de manera que se puedan encontrar caminos para evangelizar en la educación y para educar en la evangelización.

El criterio que orienta a la educación que el Estado imparte se basa en los resultados del progreso científico; lucha contra la ignorancia y sus causas y efectos; las servidumbres, los fanatismos, los prejuicios, la formación de estereotipos y la discriminación, especialmente contra las mujeres; es democrática, ya que considera a la democracia como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo; es nacional, en cuanto atiende a la comprensión de los problemas, al aprovechamiento de los recursos, a la defensa de la independencia política, al aseguramiento de la independencia económica y a la continuidad y acrecentamiento de la cultura del país.

Contribuye a la mejor convivencia humana, tanto por los elementos que aporta a fin de robustecer en el educando, junto con el aprecio para la dignidad de la persona y la integridad de la familia, la convicción del interés general de la sociedad, cuanto por el cuidado que ponga en sustentar los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos los hombres, evitando los privilegios de raza, religión, grupos, sexo o individuos.

Todos sabemos que de una u otra forma estamos involucrados en la educación, a unos nos toca exigir a las instituciones comprometidas directamente que cumplan, a los otros a hacer de estas instituciones verdaderos espacios educativos. Los obispos de México nos dicen que la visión cristiana del hombre nos puede ayudar a recuperar una idea de educación que responda a la naturaleza y dignidad de la persona humana. Una educación integral tampoco puede ignorar la dimensión trascendente del ser humano, fundamento sólido de los valores éticos universales y de su transmisión. Tristemente en ninguna ley se menciona algo tan fundamental.

Gabriela Pacheco – IMDOSOC

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[1] Datos Mundiales de Educación VII Ed. 2010/11, Principios y objetivos generales de la educación, México, UNESCO.

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