¿Qué conclusión sacamos del proceso electoral?

Julio 6, 2012 Sin comentarios


Conforme pasan los días después de las elecciones, comienzan a emerger desde el submundo de la política partidista muchos elementos que se fueron desprendiendo de la llamada guerra sucia proselitista encarnada entre los partidos y sus candidatos a la Presidencia de la República. Además, aún seguimos recibiendo esa inmensa cantidad de información a través de los medios masivos de comunicación, que en muchas ocasiones es difícil de digerir, asimilar y analizar.

Nuevamente hicieron su aparición aquellas viejas prácticas fraudulentas ampliamente comprobadas, renovadas y perfeccionadas por los “grandes maestros y artistas del fraude electoral”, como el acarreo de ciudadanos para que voten por su candidato; ofrecimiento de dinero en efectivo fuera de las casillas; acompañamiento de niños hasta dentro de la casilla, quienes vigilan que el adulto acompañado votara por un candidato anteriormente indicado; la foto a la boleta electoral para comprobar que se votó por el candidato y puedan recibir “cierta ayuda”…

Pero hagamos énfasis en dos prácticas que en estos días siguen dando de que hablar: primero, las alianzas con los (dos) consorcios televisivos de nuestro país y, segundo, la negociación con la pobreza y el hambre de millones de ciudadanos.

No podemos negar que el papel de los medios masivos de comunicación fue determinante en los resultados de esta jornada electoral. Así, quien tuvo más espacio y tiempo en los medios (televisión, radio, prensa escrita, etc.), alcanzó más influencia y un alto grado de manipulación, encaminando de esta forma la decisión de los votantes a su favor.

Esta manipulación de la conciencia es detestable, pues se elimina la dignidad de la persona y su capacidad crítica, su libertad y su capacidad de optar libremente por quien él quiera. Somos conscientes de que todavía continúa ese bombardeo de información poselectoral, que velada o descaradamente busca nuevamente manipular la conciencia de muchos consumidores de estos medios masivos y que sigue utilizando deliberadamente la información en bien de ciertos intereses políticos rastreros.

Debemos estar atentos, seguir cuestionando y preguntarnos durante estos días sobre la veracidad de la información que recibimos, sobre todo de aquella información que gira sobre el proceso electoral, la jornada electoral, los resultados de las elecciones y las distintas manifestaciones que se han dado en torno a éstas. Debemos cuestionar lo que vemos o escuchamos de todos los autodenominados “líderes de opinión pública” y, sobre todo, debemos preguntarnos: ¿a qué intereses responde lo que se está diciendo o lo que se ha dejado de decir? Y no olvidemos, que detrás de los medios masivos, que no son ni buenos ni malos, hay grandes maestros de la manipulación de la información y ellos sí merecen una valoración moral desde los principios y valores de la doctrina social cristiana.

Pasando al segundo aspecto que nos interesa, digamos lo siguiente: moralmente no es válido utilizar a las personas como meros objetos, usarlos como medios para alcanzar egoístamente un fin o resultado que yo quiero lograr. Atentar contra lo más sagrado que tiene el ser humano y relegarla a un segundo plano en el ejercicio de la política partidista, no lo tendríamos que permitir y alzar nuestra voz para denunciarlo.

La persona humana debe poseer los medios necesarios para alcanzar su desarrollo integral, es decir, lograr una armonía en todas sus dimensiones y una satisfacción de sus necesidades básicas: alimento, educación, vivienda, vestido, etc. De tal manera que debe existir una corresponsabilidad por parte de los distintos grupos humanos, instituciones, sociedad y Estado para que se logre este desarrollo integral de la persona.

La realidad poselectoral nos muestra que nuevamente se utilizó a la persona como objeto de la política partidista. El fin fue ganar la Presidencia de la República, comprar la libertad de elección a cualquiera de los candidatos por una despensa, por una risible cantidad de dinero, es demasiado indigno, perverso y violatorio de la dignidad de la persona.

¿En dónde quedó ese principio de la política: alcanzar el bien para toda la comunidad? O ¿será que los partidos y su políticos han olvidado esta centralidad de la persona humana en toda su plataforma política? No podemos conformarnos o escudarnos en decir: “todos los partidos lo hacen” para justificar una acción de este tipo. Debemos defender contra viento y marea el valor central del ser humano en todo ejercicio partidista de la política.

Nos hemos dado cuenta que nuevamente se ha negociado con el hambre de la gente, se aprovecharon de la situación de pobreza y miseria que viven millones de mexicanos. Situación que fue creada por ellos mismo, mantenida y aumentada durante muchas décadas… es necesario que no pongamos a la persona como medio y mucho menos que saquemos ventaja de la necesidad, pobreza y miseria que viven millones de mexicanos.

Debemos exigir transparencia en el uso de la información, trabajar por la formación de receptores críticos de los medios masivos de comunicación y, por último, tenemos que seguir denunciando toda manipulación y utilización de la persona como mero objeto y medio para alcanzar fines rastreros, mezquinos y antievangélicos.

Juan Carlos López Sáenz – IMDOSOC

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