Caminemos en dos pies: misericordia y solidaridad

Agosto 8, 2012 Sin comentarios


La doctrina social cristiana (DSC) es parte de la moral social y ésta de la teología. El principio misericordia está en la base de toda reflexión sobre nuestra fe (teología) y de cualquier praxis del creyente (moral social), que busca incidir en la transformación de la realidad social en donde se encuentra inmerso (DSC). El cristiano que vive de manera comprometida su fe, debe sostenerse y avanzar sobre sus dos pies: el principio misericordia y el principio de solidaridad.

Frente a la realidad social, un primer paso tiene que darse impulsado por la misericordia: ese estremecimiento visceral ante la miseria del prójimo, que deja inquieto el corazón del hombre y listo para dar el segundo paso: la solidaridad. Ante esta realidad podemos hacernos las siguientes preguntas: ¿a quién de nosotros no se nos estremeció, y sigue estremeciendo, nuestro corazón ante los rostros de los niños y niñas desnutridos, ante la voz angustiada que sale del interior de muchísimos papás que no encuentran opciones para alimentar a sus hijos?; además, ¿quién de nosotros no se indigna ante tanta marginación y exclusión que existe en nuestra sociedad, donde millones de niños mueren por enfermedades curables o por desnutrición?

No podemos quedar indiferentes ante esta realidad de nuestros hermanos que son aplastados en su dignidad, realidad que afecta a millones de hermanos-prójimos nuestros. Por tanto, es necesario que nos dejemos guiar en nuestro actuar como cristianos desde la misericordia y desde la solidaridad, principios fundamentales de la doctrina social cristiana. Ahora enfoquémonos en este segundo principio: la solidaridad.

Así desde este principio, debemos sentirnos corresponsables de la vida del otro, que es igual en dignidad humana que nosotros y, al mismo tiempo, debemos ocuparnos por ser un factor que facilite el reconocimiento y plena realización de la dignidad de los “menos favorecidos”. Podemos decir que la solidaridad se da entre desiguales, por un lado están los que, desde un análisis objetivo, han descubierto las asimetrías (desigualdades) sociales y quienes las viven y encarnan profundamente; en otras palabras, encontramos a los que “están juntos (iguales) por él (desiguales)”.

Por tanto, la solidaridad como principio de la doctrina social nos impulsa a trabajar por la transformación de las estructuras deshumanizadoras, de indiferencia por el otro y de individualismo enfermizo (desde la perspectiva creyente, estructuras de pecado) en estructuras más humanas, solidarias y compasivas. Desde esta óptica todo ser humano se siente con la obligación inalienable de sentirse responsable del otro, por el hecho de ser humano y tener su misma dignidad.

Estamos llamados a ir mucho más allá de “sólo dar de lo que nos sobra”, de calmar nuestra conciencia llevando unas cuantas bolsas de alimento en los lugares de acopio. Además, debemos luchar contra toda manipulación y utilización de la situación de miles de hermanos nuestros que viven en la miseria, en el abandono, en el olvido de parte de las autoridades y de muchos de nosotros.

Tenemos que ser críticos ante tanta manipulación de la situación de hambre por parte de aquellos que sólo quieren aparecer en la televisión, que buscan “jalar agua para su partido político” y de todos aquellos que se quieren aprovechar del sufrimiento y pobreza de los excluidos y marginados de la sociedad.

Por último, seamos solidarios como lo fue Jesucristo que desde su encarnación se solidariza con el género humano. En su predicación del Reino de Dios tiene como finalidad lograr una humanización plena de todo el género humano. Busca que nos hagamos corresponsables del otro y que demos cauce al estremecimiento de nuestras entrañas y que nos dejemos mover a misericordia ante el ser humano que se encuentra tirado y medio muerto en el camino (Lc 10,25-31); Jesús mismo durante su vida terrena nos lo mostró: la solidaridad ha de mostrarse en la acción misericordiosa hacia el necesitado; es suficiente que el “otro” sea mi prójimo (poseedor de dignidad humana) para que actuemos juntos y nos unamos por él.

Juan Carlos López Sáenz – IMDOSOC

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