¿Celebrar?
Septiembre 2, 2010 1 Comentario
“En Memoria de Rafa Villalobos, voluntario de IMDOSOC en 1998, víctima hoy del crimen organizado.”
La celebración de nuestro bicentenario ha sido polémica. Las iniciativas han tardado en surgir, son pocas las manifestaciones genuinas de entusiasmo. Distingo al menos dos posibles causas de esta ambivalencia:
La primera, la más significativa es el dolor de nuestro país.
El jueves recibí un reporte de lo que sucede en la región carbonífera de Coahuila: desde aquel mortífero accidente en Pasta de Conchos, se sabe de, al menos, 101 mineros muertos y 98 heridos en las minas de carbón; entre ellos niños de 14 y 15 años. Hoy, domingo recibimos la noticia del secuestro y asesinato de Rafa.
No recuento ya, lo que todos escuchamos en las noticias o leemos en los periódicos. Lo sabemos, pero no acabamos de darnos cuenta. Hay mucho dolor, mucho por hacer.
¿Cómo hablar de Independencia si nuestro país está atrapado; si en lugar de avanzar hacia nuestra madurez y autonomía, pareciera que sólo conseguimos cambiar de dueños? Nuestro país está secuestrado, en más de un sentido. Cada quien puede conocer, en lo más profundo de sí, el grado de complicidad y responsabilidad que tiene en ello.
Pero decidir «no celebrar», tampoco es la respuesta. No sólo es una salida fácil, una evasión, es cederle a las causas, y a los causantes, de tanto mal, el poder y la última palabra.
La segunda es la pregunta por su significado: ¿quién o qué cumple doscientos años?, ¿qué es mi país, mi patria?
Se dice que la nuestra no es una época de cambios, sino un cambio de época. Hace doscientos años, nació una nueva nación. Pero hoy ya no se trata propiamente del cumpleaños de esa nación. Hoy sabemos que ya ningún país es realmente independiente. La interacción económica y política reduce nuestra «soberanía» a lo geográfico, pero incluso el significado de las fronteras se está esfumando. Está nuestra cultura, nuestra música, nuestro arte, nuestra comida, nuestro folklore, pero éstos también se ensanchan, se mezclan, se disminuyen, palpitando al ritmo de la historia.
Eso es lo que en realidad tenemos: una historia tejida de millones de historias, de experiencias y memorias narradas, compartidas, construidas y deconstruidas. Historias de alegrías y dolores, de glorias y fracasos. Única historia de historias únicas. Eso somos, eso es lo que podemos celebrar.
Celebrar es no dejar pasar las realidades poderosas de nuestras vidas. Es detenernos ante ellas, contemplarlas, escucharlas, desentrañar en su sentido, nuestro sentido. Cada momento significativo de nuestra historia es un llamado. En él somos convocados a una respuesta. Si no celebramos, el momento privilegiado se pierde. Sin celebración nuestra humanidad disminuye. Toda auténtica celebración es una transformación: el punto de llegada que condensa los hitos del camino recorrido se convierte en punto de partida que inspira y anima el nuevo echar a andar.
Si celebración es historia compartida, no puede ser evasión ni falsa alegría. Si en la historia hay dolor, la celebración es lamento y petición comunitaria de ánimo y esperanza. También es ocasión para el perdón pedido, regalado y asumido. Cuando la historia es de alegría, la celebración es gratitud, invitación y comunión. Hay entonces, tantas maneras de celebrar como historias que queramos compartir y recibir.
Si queremos que este doble centenario no pase de largo, si queremos que su sentido nos anime para retomar la historia única a la que estamos llamados, podemos celebrarlo saliendo al encuentro de aquellos cuyas historias pueden dolernos o animarnos, de aquellos cuyo perdón necesitamos y cuya alegría anhelamos.
Celebrar no es hacer grandes festejos pero sí es abrirse en grande. Es pasión compartida que busca partir acompañada a donde la historia la convoque.
Lucila Servitje Montull.
Maestra en teología por la facultad jesuita de París y candidata a doctorado por la facultad de teología de Barcelona.
Signo de los Tiempos, Año XXCI n. 206, septiembre de 2010
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Estimada Lucila:
Me da mucha alegría saludarte y saber que, sigues muy comprometida con tus convicciones,tanto individuales como sociales. En referencia a tu articulo quiero felicitarte,en el me haces reflexionar y me impulsas a tener esperanza de que en la medida que seamos coparticipes y nos entreguemos con pasión en la construcción de nuestros sueños,metas y objetivos,estamos comprometidos con la historia de nuestra sociedad.
Posdata;
El movimiento de Independencia se inicia en el Pueblo de “Dolores” cien años despues se inicia otro movimiento; el de la Revolución; y ahora despues de otros cien años nos encontramos inmersos en un nuevo movimiento,cumpliendose aquel dicho que dice; “No hay mal que dure cien años ni enfermo que los aguante” pero éste ya no puede ser un movimiento armado sino de conciencia y este sentido,tu articulo me invita a adoptar una actitud de apertura,compromiso y de entrega como una respuesta a lo que como pais necesitamos.
Muchas gracias y muchas felicidades.