Migrantes y fe
Febrero 1, 2011 1 Comentario
El asueto navideño y de fin de año pasado tuve la fortuna de convivir con migrantes que con motivo de las fiestas decembrinas acuden a visitar a sus familias y su terruño procedentes de diversos lugares de la Unión Americana, en el municipio de Jerécuaro, enclavado en la región sureste del estado de Guanajuato.
Puedo decir que son migrantes exitosos, la gran mayoría ha realizado el “sueño americano”, cuentan con residencia legal o nacionalidad estadounidense, situación que facilita su traslado con facilidad y sin contratiempos de uno y otro lado de la frontera Norte.
Vienen a su tierra, a convivir con los suyos, a disfrutar con ellos y con sus comunidades de origen el ahorro que representa un año de trabajo ya sea en la construcción, la jardinería, la fábrica, el restaurante, los campos agrícolas, entre otros.
Ellos contribuyen a generar riqueza tanto para el economía número uno del mundo, como para países en vías de desarrollo dependientes en gran medida de las remesas de nuestros “paisanos” allende el Río Bravo, destacando México, sólo por debajo de China y casi a la par de la India.
Significativamente, su presencia entre nosotros es para agradecer a Dios los favores recibidos durante el año de ausencia, esto se traduce en las celebraciones de las festividades patronales, justo cuando los migrantes llegan con los dólares para hacer la fiesta de la capilla o parroquia, según sea el caso. De otro modo, sería imposible hacer la celebración en grande, pues los que aquí se quedan, a duras penas tienen para sobrevivir.
Por sus trocas de modelo reciente y su vestimenta: pantalón vaquero, botas y tejana (todas de marcas americanas) es fácil distinguir a los “norteños” como les gusta ser llamados. Una nueva generación se hace presente, la de adolescentes y niños nacidos allá, es fácil detectar su espanglish, viene a visitar una tierra que no es de ellos, sin embargo también les pertenece. Aquí encuentran sus raíces no sólo familiares, sino también espirituales, acá no los discriminan por ser “Skin Brown” (piel morena).
Los migrantes aman su terruño, quieren un México exitoso y sin violencia. Algunos han vivido en carne propia una realidad amarga en la persona de sus hijos, ahora es común que los adolescentes caigan fácilmente en las garras de la droga en gran medida por amigos, pandillas, el sistema permisivo americano en donde a partir de la mayoría de edad los hijos pueden hacer con su vida lo que les venga en gana.
Al final no todo es miel sobre hojuelas y con nostalgia comentan lo que hubieran dado por educar a sus hijos como ellos fueron educados en México. Quizás en sus oraciones, peticiones y ruegos se encuentra el destino de sus hijos que hablan inglés, asisten a centros educativos y de enseñanza media superior, que pertenecen a una generación de migrantes que tiene la vida aparentemente resuelta, pero al final resultan vulnerables por ese mismo sistema al que sus padres han contribuido para su crecimiento económico.
La fortaleza de los migrantes, sin duda, es su fe, con ella se fueron, con ella han permanecido y la viven con intensidad, pues en tierras lejanas lo único que les queda es la fe, por eso acuden año con año a celebrarla en sus comunidades y en comunidad, pues ahí fue donde aprendieron a amar a Dios.
Sin duda, las redes de migrantes es otro elemento a considerar: emigran porque ya había una red de parientes, conocidos, amigos que les facilitó la estancia en el país vecino, sin duda la solidaridad en una de sus más nobles expresiones.
Durante el mes de enero, los migrantes vuelven a sus centros de trabajo con la ilusión de regresar para finales de año, nuevamente a dar gracias por los favores recibidos y para seguir sosteniendo a las familias, comunidades, municipios, estados y país que se queda atrás al momento de cruzar la frontera.
Ellos son nuestros mejores embajadores, pues con su trabajo han puesto el nombre de México muy alto en una sociedad cada vez más hostil y renuente a reconocer sus derechos y dignidad.
Hoy podemos decirles ¡gracias, por su esfuerzo, dedicación y empeño, hasta la navidad que viene!
Alberto Patiño Reyes
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Hola , pertenesco al patronato de la Fundacion Leon XIII, pero quisiera algun dia platicarles que yo tambien fui migrante junto con mi esposo y nuestros hijos ademas de perro…
es una historia interesante y me gustaria compartirla y quiza me salga bien escribir sobre nustra experiencia como familia.