Defender la dignidad de la persona desde el inicio de la vida

Marzo 3, 2011 Sin comentarios


Se habla mucho de la dignidad de la persona, hasta parece un tema de moda, por decirlo de alguna manera; pero me parece importante definir desde dónde es preciso hablar de ella, cuál es el momento en que la persona es tal y, por lo tanto, “adquiere” esa dignidad que se pretende defender.

Un ejemplo claro donde la dignidad de la persona está en juego se da precisamente al inicio de la vida humana. A lo que me refiero, y a continuación será tratado brevemente, es al hecho de que hay quien piensa que puede hacerse una separación entre el cuerpo y el sujeto, lo que tiene como consecuencia que exista un tiempo en que el cuerpo humano pierde importancia, pierde la dignidad y se le considera como una materia de la que se puede disponer y ¿esto es así? Habrá que intentar averiguarlo y digo “intentar” porque es un camino largo y aún sin respuesta, pero ante el cual, no obstante, es preciso actuar.

El presente texto se realizó con base en la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe: Dignitas Personae y en el artículo Cuerpo y sujeto en bioética, de la Dra. Laura Palazzani.

A partir del acelerado desarrollo tecnológico y científico se han incrementado los conocimientos sobre la vida humana, lo cual, deriva en nuevas posibilidades de intervenirla[1].

Sin embargo, la experiencia muestra que dichos conocimientos e intervenciones se han salido de control (la técnica domina) y, por desgracia, han dejado de lado su principal objetivo: ayudar al hombre a desarrollarse, a llevar una mejor calidad de vida con base en el respeto a la dignidad que posee como ser humano. Por lo tanto, es necesario y urgente reglamentar estas nuevas biotecnologías, de forma que manifiesten dicho respeto.

Para llevar a cabo lo anterior, es necesaria una fundamentación sobre el sujeto, el cuerpo y su estrecha relación, ya que uno se entiende en relación al otro<[2]; sin embargo, en dicha fundamentación no hay un consenso, existen diferentes posturas, la mayoría de las cuales tienden a separar al sujeto del cuerpo, afirmando la previa existencia de este último y la llegada del sujeto en él se retrasa un tiempo diferente según sea la teoría que se consulte.

Estas teorías regresan al dualismo antropológico y se da la posibilidad de la existencia de cuerpos sin sujeto[3], lo que reduce al cuerpo a objeto (conjunto de células humanas en contacto), instrumento y posesión del sujeto, del cual éste puede disponer y darle la valoración que disponga o le sea más conveniente.

Basándose en lo anterior, el cuerpo humano es usado en función de diversos intereses[4] porque carece de dignidad y derechos, el único que los posee es el sujeto, pero al no estar presente en el cuerpo, éste se reduce a material biológico del que se dispone para todo tipo de investigación, experimentación y hasta comercialización[5].

Ya se ha mencionado que si se pretende defender la dignidad de la persona, esto debe hacerse en todo momento y es evidente que esta separación cuerpo-sujeto no obedece a ello, es más, no existe o no debería existir la posibilidad de hacer dicha separación, el ser humano es único e indivisible.

Muchos ejemplos de la objetivación e instrumentalización del cuerpo están plasmados en la Dignitas Personae, lo grave es que son hechos reales producto de la separación y, en algunos lugares y para algunas personas, hasta cotidianos.

Existe la fecundación in vitro, en la cual, el embrión humano es tratado como «un simple cúmulo de células que se usan, se seleccionan y se descartan»[6] y estas pérdidas son vistas como el precio que hay que pagar por el desarrollo.

La congelación de embriones es otro claro ejemplo del trato de éstos como simple material biológico y aunque se dan diversas propuestas sobre su destino final (destrucción, terapia de infertilidad, adopción pre-natal), éstas solo confirman que se les considera objetos puestos a disposición de unos cuantos o al mejor postor[7].

Está también el diagnóstico prenatal genético que tiene como fin implantar únicamente embriones con características deseadas y sin defectos, deja de ser un ser humano vivo para convertirse en material de laboratorio con el que se puede experimentar o tratarse según el deseo subjetivo[8].

A pesar de todo lo anterior, es preciso defender que el sujeto siempre está presente en el cuerpo humano, pueden distinguirse pero no separarse, el sujeto se expresa en el cuerpo y están «unidos constitutivamente en la humanidad del ser»[9]; en y con él, el hombre se relaciona con su entorno, con los demás y con Dios, así llega al conocimiento de sí mismo, además, su vida es presencia de Dios en el mundo[10].

La Instrucción Dignitas Personae lo expresa así: «a cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de la persona»[11]. Y defiende la dignidad del cuerpo con el misterio de la Encarnación.

No puede reducirse al cuerpo a un conjunto de células porque desde que es un embrión ya tiene, biológicamente, un programa y fin definidos, que se llevan a cabo continua y sucesivamente si no hay alguna intervención arbitraria en su realización, eso que se mal entiende como un simple “conjunto de células” no llegará a ser algo diferente a un ser humano, un hombre o una mujer con dignidad, que está iniciando su desarrollo.

El ser humano posee dignidad por el hecho de existir independientemente de cualquier consideración o de su condición[12].

Es preciso que la ciencia, como se ha mencionado, esté al servicio de la vida y dignidad de todo ser humano íntegro, por lo cual, la Iglesia mantiene esperanzas en la investigación científica y técnica[13]. No es posible mantener esta estructura de injusticia del «dominio del hombre sobre el hombre»[14].

Ya se dijo que el tema aún ve lejos su solución, ya que en pro del desarrollo científico y tecnológico parece que se ha olvidado el verdadero fin y ahora intervienen otros intereses (el prestigio, la ganancia, el hedonismo, etc.).

Sin embargo, hay que luchar por eliminar las injusticias, defender la dignidad de la persona desde el inicio de la vida y tener siempre en cuenta que las cosas fueron creadas para el hombre y no el hombre para ellas, que se vea por el bien de la persona y no por su degradación, la medida del actuar debe ser en tanto que se ayude a humanizar al hombre.

Ruth Navarro Barragán

__________________________
[1] Cfr. PALAZZANI, Laura, «Cuerpo y sujeto en bioética», en Cuadernos de Bioética, Vol. XV/53 (2004) 16; Dignitas Personae (DP) 1 y 4.
[2] Cfr. Ibid., 17.
[3] Cfr. Ibid., 18.
[4] Cfr. DP 16.
[5] Cfr. PALAZZANI, L., «Cuerpo y sujeto en bioética»… op. cit., 20-21.
[6] DP 14.
[7] Cfr. DP 18-19.
[8] Cfr. DP 23.
[9] Cfr. PALAZZANI, L., «Cuerpo y sujeto en bioética»… op. cit., 23.
[10] Cfr. DP 8.
[11] DP 1.
[12] Cfr. DP 5 y 8.
[13] Cfr. DP 3.
[14] DP 27.

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