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Nunca se pierde lo que se ama

Señor, ¡qué alegría pensar que algún día llegaremos a casa! Este viaje ha sido espléndido, pero cuántas ocasiones de alegría y de gozo no aproveché, cuántas veces me olvidé de la meta de mi viaje dando importancia a lo que no tenía.

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Nunca se pierde lo que se ama <p>El viaje de la esperanza</p> <p>Señor, ¡qué alegría pensar que algún día llegaremos a casa! Este viaje ha sido espléndido, pero cuántas ocasiones de alegría y de gozo no aproveché, cuántas veces me olvidé de la meta de mi viaje dando importancia a lo que no tenía.</p> <p>Pero ahora he vuelto a ser como un niño. Sí, tú sabes, cuántas veces digo no puedo ante lo que exige un esfuerzo físico o intelectual, cuántas veces hablo y procedo como niño… falta de fuerzas, de memoria, de interés por ciertas cosas modernas. Padre, yo creo que se acerca el final del viaje, y cuánto deseo ese regreso a casa.</p> <p>Deseo fervientemente encontrarme con la causa de mi alegría, en el abrazo de mi Padre bajo la mirada amorosa de María y de José.</p> <p>Para ese momento he vivido, ese momento que es la razón de mi esperanza.</p>
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El viaje de la esperanza

Señor, ¡qué alegría pensar que algún día llegaremos a casa! Este viaje ha sido espléndido, pero cuántas ocasiones de alegría y de gozo no aproveché, cuántas veces me olvidé de la meta de mi viaje dando importancia a lo que no tenía.

Pero ahora he vuelto a ser como un niño. Sí, tú sabes, cuántas veces digo no puedo ante lo que exige un esfuerzo físico o intelectual, cuántas veces hablo y procedo como niño… falta de fuerzas, de memoria, de interés por ciertas cosas modernas. Padre, yo creo que se acerca el final del viaje, y cuánto deseo ese regreso a casa.

Deseo fervientemente encontrarme con la causa de mi alegría, en el abrazo de mi Padre bajo la mirada amorosa de María y de José.

Para ese momento he vivido, ese momento que es la razón de mi esperanza.

  • Autor Margarita Obregón de Caire Mayaya