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ENCUENTRO: SISMOS 2017

Enseñanzas, logros y perspectivas

 

Fecha:   lunes 17 de septiembre de 10 a 14 horas

Casa Sacerdotal. Calle Leyva # 39, Centro, Cuernavaca Morelos

Objetivo: reflexionar sobre las enseñanzas, logros y perspectivas que dejaron los sismos  del 2017 así como las tareas pendientes que quedan por realizar para buscar fortalecer la cultura de la prevención y una mejor organización social ante tales desafíos.

Convocantes: Diócesis de Cuernavaca, IMDOSOC, CEPS-CÁRITAS

Diócesis invitadas: Puebla, Tehuantepec y Arquidiócesis de México

PROGRAMA 

 

Bienvenida: Mons. Ramón Castro         

PANEL INTRODUCTORIO                                                                                       

  • Salvador Urteaga Reflexión sobre las emergencias naturales y la emergencia social
  • Bertha López Chávez, Misioner@s de Cristo Resucitado. Carisma, atender las emergencias.
  • Preguntas y comentarios 10´

PANEL “Evaluación de daños que persisten y sus retos” (dos por localidad)

La importancia de intercambiar experiencias es  fundamental. Encontrar testimonios de reconstrucción

  • Morelos:

* Jesús Longar… Necesidad de una metodología para el trabajo comunitario

* Eduardo Traeger, reconstrucción de templos y encargado de enlace interinstitucional

  • Tehuantepec:

*Leonides, Pastoral Social de Tehuantepec.

* Alejandro Ramírez, experiencia de trabajo entre OSC´s, Unión Hidalgo, Oaxaca. Fundación León XIII

  • de México y Puebla

* Manuel González Glz, Caritas Arquidiócesis de México

* Alberto Vivar León, Pastoral Social, Arquidiócesis de Puebla

 

Trabajo de grupos: Al futuro, qué planteamos; cómo ser una sociedad mejor organizada.

 

 

 

INSCRÍBETE AQUÍ 

Los primeros 50 en registrarse y en asistir se les obsequiará el libro 

Este sábado 22 de septiembre contaremos con la presencia del jesuita Pedro Trigo, es autor de más de cincuenta libros y artículos de teología, habiendo desarrollado una intensa actividad como articulista sobre temas como teología latinoamericana, cristología, filosofía y literatura hispana, que permanentemente se difunden en revistas especializadas internacionales. De manera continua lleva su palabra autorizada a los escenarios académicos más prestigiosos de Europa y Latinoamérica en calidad de conferencista invitado, exponiendo temas sobre Teología de la Liberación. Es uno de los teólogos latinoamericanos más reconocidos de la actualidad, quien nos presentará su libro La enseñanza social de la Iglesia

¡Los esperamos! 

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Para el Papa Francisco, Teresa de Calcuta poseía una santidad tierna, fecunda y cercana. La asistencia a la reciente ceremonia de su canonización fue impresionante: 46 cardenales, 230 arzobispos y obispos, más de mil sacerdotes, entre ellos al menos uno de México, más de cien mil fieles venidos de diferentes países, y alrededor de 25 delegaciones oficiales de los principales países del mundo. La “familia”, fundada por la Madre Teresa, tenía a 65 años después de su fundación, 5,150 religiosas distribuidas en 758 casas y 139 naciones.

En la oración de San Francisco que Teresa de Calcuta evocó al principio del discurso, cuando recibió el premio Nobel de la Paz; compendia, según Indira Gandhi: “de un modo sumamente elocuente, la dulzura, el amor y la compasión que emana de la pequeña figura de la Madre Teresa”. Tagore había escrito: “que tus pies se apoyen allí donde viven los más pobres, los más humillados y los más abandonados” y según Indira allí debe buscarse a la Madre Teresa, “que no piensa ni hace la menor discriminación entre razas, credos, idiomas o países”. En suma, para Indira Gandhi el servicio de la Madre Teresa “constituye su ocupación, su religión y su redención”.

A veces, la manifestación de una profunda necesidad de otra persona puede convertirse en una interrogante, en algo que cuestiona y pone en jaque nuestra vida. En efecto, en una ocasión, la madre Teresa de Calcuta se encontró a un anciano mutilado que le clavó la mirada y le gritó: “tengo sed”. El tren ya estaba en movimiento, y la entonces joven religiosa no pudo bajarse, pero la invocación del pobre la sacudió y cambió toda su vida. En adelante ella ya no podía ver el crucifijo sin figurarse encima de la cruz el letrero “tengo sed”. Este grito se convirtió para ella en la súplica de millones de hombres y mujeres que padecen “hambre y sed de justicia”.

Todo comenzó en Calcuta, “ciudad de pesadilla” como la llamó Jawaharlal Nehru, donde los insectos y las agencias de honras fúnebres hacen su agosto. Un tiempo fue la ciudad de los palacios, después fue más tugurio que palacio. Ciertamente existe una vigorosa vida intelectual y política que hace más trágica la pobreza extrema. Los mendigos pululan por todas partes y sus gemidos parten el alma. En algunos barrios la suciedad es agobiante, la basura rara vez se recoge y en ocasiones se defeca en las calles. Para algunos es una ciudad agonizante de la que hay que escapar lo más pronto posible. En este lodazal humano apareció una mujer frágil, que movida por la fe se dedicó con gran amor a ayudar a los parias, a los más pobres entre los pobres, a los más despreciables de la paradójica ciudad de Calcuta. Al poco tiempo se le unieron a Teresa dos jóvenes chicas, antiguas discípulas del colegio de Entally, entre tanto, Teresa partió a Patna a tomar unos cursos de medicina.

Al poco tiempo se fundó el centro de Titagarh en donde se atendieron cientos de leprosos.

El amor es un fruto que madura en todas las estaciones, en todos los tiempos, y que se encuentra al alcance de todas las manos. Cualquiera lo puede recoger, sin limitación alguna… Madre Teresa de Calcuta.  

Madre Teresa recibió, al menos, más de 13 reconocimientos internacional, entre los que destacan: en 1977 el doctorado honoris causa de la Universidad de Cambridge y el 10 de diciembre de 1979 el premio Nobel de la Paz. El mensaje central de su discurso en Oslo fue sobre el amor en todas sus dimensiones, lo cual conduce al amor a la vida y a la paz.

El amor sobre todas las cosas: en una ocasión Madre Teresa fue invitada especial al Congreso Internacional Eucarístico de Bombay (1964), pero en el camino se encontró a un par de esposos moribundos, se dedicó a auxiliarlos y cuando llegó a la ceremonia ésta había concluido.

Un rasgo muy importante en la vida de la Madre Teresa fue su experiencia, como en otros místicos, de “la noche oscura del alma”. Ella perseveró en el amor aun en la oscuridad de la noche. Esto nos recuerda aquella célebre frase de Pascal: “todos somos ateos y creyentes, tímidos y temerarios”.

 

 

 

Víctor Manuel Pérez Valera. Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

 

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Jorge Avelino Juan (Coordinador)

Teléfono: 5661-4465 Ext. 121

Correo: jorge.administracion@imdosoc.org

Beatriz Pérez Sánchez (Asistente de contabilidad)

Teléfono: 5661-4465 Ext. 120

Correo: beatriz.perez@imdosoc.org

José Miguel Pérez Avelino (Almacén)

Teléfono: 5661-4465 Ext. 120

Correo: jorge.administracion@imdosoc.org

Martha Natalia Salinas Martínez (CRM)

Teléfono: 5661-4465 Ext. 141

Correo: martha.crm@imdosoc.org

 

Rufino Álvarez Márquez (Chef) 

Teléfono: 5661-4465 Ext. 108

 

 

Antonio Javier Villareal Galicia (Mantenimiento)

Teléfono: 5661-4465 Ext. 108

 

Jonathan Villareal Hernández (Mantenimiento)

Teléfono: 5661-4465 Ext. 108

 

 

 

 

 

 

Franklin Orlando Quintanilla Ramírez (Mantenimiento)

Teléfono: 5661-4465 Ext. 108

Correo: jorge.administracion@imdosoc.org

 

 

María Daria Flores Hernández (Ventas)

Teléfono: 5661-4465 Ext. 126

Correo: libreria@imdosoc.org

 

Mariano Cabrera Suárez

Teléfono: 5661-4465 Ext. 143

Correo: mariano.ventas@imdosoc.org

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En este año que celebramos los 50 años de Medellín, es importante recuperar la memoria histórica de la Iglesia latinoamericana (memoria eclesial) que nació como kairós de Dios para el continente. En momentos de crisis y cambios profundos, volver a las raíces y fuentes puede ayudar a recuperar el fundamento y la razón de ser Iglesia evangelizadora en América Latina: “Nuestra misión es contribuir a la promoción integral del hombre y de las comunidades del continente… penetrar todo el proceso de cambio con los valores evangélicos” (Medellín: Mensaje a los pueblos de América Latina).

Se puede afirmar que la asamblea de Medellín ayudó a madurar a la Iglesia continental; le dio rasgos propios. Algunos de los muchos aportes que dejó este acontecimiento se pueden resumir en los siguientes puntos:

  1. A partir de Medellín se puede hablar de una Iglesia de los pobres. Esta opción por los pobres implicó un cambio del lugar social para la Iglesia y el reconocimiento de los pobres como sujetos sociales.[1]
  2. En Medellín se dio la concretización histórica del método inductivo (ver-juzgar-actuar) que había sido mencionado en la constitución Gaudium et spes (4) del CVII.
  3. Otro aporte, a nivel eclesiológico, se dio con las comunidades eclesiales de base (CEB). Con las CEBs surge un nuevo modelo de Iglesia, que recuerda a las primeras comunidades cristianas.
  4. Un aporte menos conocido, pero no menos importante, es el impulso que dan las CEBs a la lectura popular de la Biblia. Medellín consagra una manera de descubrir la presencia de Dios en la historia latinoamericana. Los pobres empiezan a leer la Biblia en clave de liberación de los oprimidos.[3]

La originalidad de Medellín estuvo, sobre todo, en el renovado énfasis en resituar a los pobres en el centro de la reflexión teológica, en el centro de la Iglesia, de la pastoral, de la cristología, de la espiritualidad… y afirmar la urgente necesidad de liberación que tiene el pueblo pobre latinoamericano.[4] Medellín nos recordó que los pobres son el lugar teológico por excelencia. De aquí que recupera con fuerza la dimensión social del compromiso cristiano al acentuar, por un lado, la necesidad de la denuncia profética ante la realidad de opresión e injusticia que viven los pueblos del continente, y por otro, aterrizar temas como el desarrollo y la liberación integral, la defensa de los derechos de los pobres, la urgencia de trabajar por la justicia y la paz, y la necesidad de educar para el desarrollo de la conciencia social; todas ellas claves irrenunciables para una pastoral que quiera incidir y transformar la realidad actual. Se puede afirmar que Medellín se constituyó en el símbolo más importante del Magisterio latinoamericano elaborado desde la perspectiva y el lugar de los pobres.[5]

Es urgente que los cristianos latinoamericanos del siglo XXI se acerquen a beber a las fuentes de agua que dan vida. La realidad que denunció Medellín no es cosa del pasado. Ha habido cambios, transformaciones, pero la realidad de desigualdad e injusticia es ahora tanto o más acuciante que en aquel momento.  El Evangelio de Jesús sigue invitando a la construcción del Reino de Dios. Las mayorías empobrecidas del continente siguen esperando la liberación integral. Los cristianos del siglo XXI asumen su compromiso social o no serán cristianos.

Es importante citar a un gran teólogo latinoamericano, Jon Sobrino, cuyas palabras proféticas siguen vigentes en la actualidad: “El espíritu de Medellín, ciertamente, no ha sido superado: que hay que ir a los pobres de este mundo, encarnarse en ellos, defenderlos y arriesgar por ellos, denunciar a sus opresores, y que en todo ello la Iglesia se va haciendo la Iglesia de Jesús… Medellín es todavía —a pesar de sus textos “anticuados”— el símbolo no superado de la Nueva Evangelización. Su espíritu —y no tal o cual texto— es el que operó el cambio más radical en la Iglesia latinoamericana desde sus inicios y el que operó el milagro de que esa Iglesia, por primera vez en su historia, fuese cristiana y fuese latinoamericana, no una Iglesia evangélicamente aguada e históricamente de importación”.[6]

Wanda Rodríguez Mangual. Área Académica de IMDOSOC.

 

[1] Sota García, Eduardo E., “Consecuencias sociales de una cristología. Medellín como inicio de una transformación latinoamericana posible”, Voces 31, año 16, 2008, p.14.

[1] Vigil, José Ma., “Descubrir la originalidad cristiana de la Iglesia latinoamericana”, en Revista Latinoamericana de Teología 29.

[2] Tamayo Acosta, Juan José, Para comprender la teología de la liberación, EVD, Estella 1989, p. 56.

[3] Cortés Cortés, Javier, “Lectura popular de la Biblia: oportunidades, desafíos y riesgos asociados a la comprensión bíblica”, Cuaderno de Teología, Vol. II (1), 2010.

[4] Landgrave G., Daniel R., “Medellín: ¿40 años de amor, justicia y paz?”, Voces 31, año 16, 2008, p. 45.

[5] Tamayo Acosta, Juan José, ibid., p. 48.

[6] Sobrino, Jon, “Los vientos que soplaron en Santo Domingo”, Christus (marzo-abril 1993), p. 29-30.

Inscríbete aquí 

Fecha: 11 y 12 de septiembre

Sede: Universidad Católica Lumen Gentium. Guadalupe Victoria 133, Tlalpan Centro, CDMX.

Objetivos de la Jornada

1. Hacer una recuperación de la memoria histórica de Medellín, para las nuevas generaciones y las no tan nuevas.
2. Reflexionar sobre los aportes de Medellín a la práctica social de los cristianos en el pasado y en el presente de América Latina.
3. Identificar los desafíos y las implicaciones del acontecimiento Medellín en el Magisterio universal desde el Papa Francisco.

 

 

Programa:

11 de septiembre. GÉNESIS Y MEMORIA DE MEDELLÍN

9:30   – Inauguración y bienvenida
10:00 – Conferencia Magistral Contexto socio político y eclesial en el que surge Medellín Ana Ma. Bidegain, Florida International University
11:30  Receso
12:00 – Panel Laicos: Francisco Castellanos García.  Vida religiosa: Hna. Dolores Palencia. CEB´s: José de Jesús Legorreta.
14:00  Receso
16:00 – Conferencia Magistral Avances y resistencias de la recepción de Medellín en un mundo en cambio Marcos Villamán, Instituto Global de Altos Estudios en Ciencias Sociales
RECEPCIÓN DE MEDELLÍN: AVANCES Y RESISTENCIAS
18:00 – Panel  Maritza Macín Lara: Teología de la liberación como matriz de las teologías contextuales. Umberto Marsich: Pensamiento Social Cristiano y Medellín: aporte al magisterio latinoamericano y universal.   Daniel Ponce:  Compromiso cristiano por la justicia social y movimientos sociales.

12 de septiembre. FRUTOS Y DESAFÍOS DE MEDELLÍN EN LA ACTUALIDAD

9:00   Conferencia Magistral Papa Francisco: el magisterio latinoamericano se universaliza Octavio Mondragón, IFTIM
10:30 – Receso
11:00 – Panel Miguel Álvarez Gándara: Paz y Derechos humanos en México. Juan Pablo Anchondo : Pobreza y exclusión en México y AL. Wanda Rodríguez: Iglesia en salida.

Organizan: Unidad de Instituciones Teológicas Católicas de México, A.C., Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, Instituto de Formación Teológica Intercongregacional de México y la Universidad Católica Lumen Gentium. 

 

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Carta del Santo Padre Francisco al Pueblo de Dios

«Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26). Estas palabras de san Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas. Un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad.

1. Si un miembro sufre

En los últimos días se dio a conocer un informe donde se detalla lo vivido por al menos mil sobrevivientes, víctimas del abuso sexual, de poder y de conciencia en manos de sacerdotes durante aproximadamente setenta años. Si bien se pueda decir que la mayoría de los casos corresponden al pasado, sin embargo, con el correr del tiempo hemos conocido el dolor de muchas de las víctimas y constatamos que las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte; las heridas “nunca prescriben”. El dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo, que llega al alma y que durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado. Pero su grito fue más fuerte que todas las medidas que lo intentaron silenciar o, incluso, que pretendieron resolverlo con decisiones que aumentaron la gravedad cayendo en la complicidad. Clamor que el Señor escuchó demostrándonos, una vez más, de qué parte quiere estar. El cántico de María no se equivoca y sigue susurrándose a lo largo de la historia porque el Señor se acuerda de la promesa que hizo a nuestros padres: «Dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos» (Lc 1,51-53), y sentimos vergüenza cuando constatamos que nuestro estilo de vida ha desmentido y desmiente lo que recitamos con nuestra voz.

Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños. Hago mías las palabras del entonces cardenal Ratzinger cuando, en el Via Crucis escrito para el Viernes Santo del 2005, se unió al grito de dolor de tantas víctimas y, clamando, decía: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! […] La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf. Mt 8,25)» (Novena Estación).

La magnitud y gravedad de los acontecimientos exige asumir este hecho de manera global y comunitaria. Si bien es importante y necesario en todo camino de conversión tomar conocimiento de lo sucedido, esto en sí mismo no basta. Hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura, en un ámbito donde los conflictos, las tensiones y especialmente las víctimas de todo tipo de abuso puedan encontrar una mano tendida que las proteja y rescate de su dolor (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228). Tal solidaridad nos exige, a su vez, denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona. Solidaridad que reclama luchar contra todo tipo de corrupción, especialmente la espiritual, «porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Co 11,14)”» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 165). La llamada de san Pablo a sufrir con el que sufre es el mejor antídoto contra cualquier intento de seguir reproduciendo entre nosotros las palabras de Caín: «¿Soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9).

Soy consciente del esfuerzo y del trabajo que se realiza en distintas partes del mundo para garantizar y generar las mediaciones necesarias que den seguridad y protejan la integridad de niños y de adultos en estado de vulnerabilidad, así como de la implementación de la “tolerancia cero” y de los modos de rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos. Nos hemos demorado en aplicar estas acciones y sanciones tan necesarias, pero confío en que ayudarán a garantizar una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro.

Conjuntamente con esos esfuerzos, es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que tanto necesitamos. Tal transformación exige la conversión personal y comunitaria, y nos lleva a mirar en la misma dirección que el Señor mira. Así le gustaba decir a san Juan Pablo II: «Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (Carta ap. Novo millennio ineunte, 49). Aprender a mirar donde el Señor mira, a estar donde el Señor quiere que estemos, a convertir el corazón ante su presencia. Para esto ayudará la oración y la penitencia. Invito a todo el santo Pueblo fiel de Dios al ejercicio penitencial de la oración y el ayuno siguiendo el mandato del Señor,[1] que despierte nuestra conciencia, nuestra solidaridad y compromiso con una cultura del cuidado y el “nunca más” a todo tipo y forma de abuso.

Es imposible imaginar una conversión del accionar eclesial sin la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios. Es más, cada vez que hemos intentado suplantar, acallar, ignorar, reducir a pequeñas élites al Pueblo de Dios construimos comunidades, planes, acentuaciones teológicas, espiritualidades y estructuras sin raíces, sin memoria, sin rostro, sin cuerpo, en definitiva, sin vida[2]. Esto se manifiesta con claridad en una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia— como es el clericalismo, esa actitud que «no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente».[3] El clericalismo, favorecido sea por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo.

Siempre es bueno recordar que el Señor, «en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 6). Por tanto, la única manera que tenemos para responder a este mal que viene cobrando tantas vidas es vivirlo como una tarea que nos involucra y compete a todos como Pueblo de Dios. Esta conciencia de sentirnos parte de un pueblo y de una historia común hará posible que reconozcamos nuestros pecados y errores del pasado con una apertura penitencial capaz de dejarse renovar desde dentro. Todo lo que se realice para erradicar la cultura del abuso de nuestras comunidades, sin una participación activa de todos los miembros de la Iglesia, no logrará generar las dinámicas necesarias para una sana y realista transformación. La dimensión penitencial de ayuno y oración nos ayudará como Pueblo de Dios a ponernos delante del Señor y de nuestros hermanos heridos, como pecadores que imploran el perdón y la gracia de la vergüenza y la conversión, y así elaborar acciones que generen dinamismos en sintonía con el Evangelio. Porque «cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 11).

Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión.

Asimismo, la penitencia y la oración nos ayudará a sensibilizar nuestros ojos y nuestro corazón ante el sufrimiento ajeno y a vencer el afán de dominio y posesión que muchas veces se vuelve raíz de estos males. Que el ayuno y la oración despierten nuestros oídos ante el dolor silenciado en niños, jóvenes y minusválidos. Ayuno que nos dé hambre y sed de justicia e impulse a caminar en la verdad apoyando todas las mediaciones judiciales que sean necesarias. Un ayuno que nos sacuda y nos lleve a comprometernos desde la verdad y la caridad con todos los hombres de buena voluntad y con la sociedad en general para luchar contra cualquier tipo de abuso sexual, de poder y de conciencia.

De esta forma podremos transparentar la vocación a la que hemos sido llamados de ser «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 1).

«Si un miembro sufre, todos sufren con él», nos decía san Pablo. Por medio de la actitud orante y penitencial podremos entrar en sintonía personal y comunitaria con esta exhortación para que crezca entre nosotros el don de la compasión, de la justicia, de la prevención y reparación. María supo estar al pie de la cruz de su Hijo. No lo hizo de cualquier manera, sino que estuvo firmemente de pie y a su lado. Con esta postura manifiesta su modo de estar en la vida. Cuando experimentamos la desolación que nos produce estas llagas eclesiales, con María nos hará bien «instar más en la oración» (S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 319), buscando crecer más en amor y fidelidad a la Iglesia. Ella, la primera discípula, nos enseña a todos los discípulos cómo hemos de detenernos ante el sufrimiento del inocente, sin evasiones ni pusilanimidad. Mirar a María es aprender a descubrir dónde y cómo tiene que estar el discípulo de Cristo.

Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de la conversión y la unción interior para poder expresar, ante estos crímenes de abuso, nuestra compunción y nuestra decisión de luchar con valentía.

Vaticano, 20 de agosto de 2018

Francisco

[1] «Esta clase de demonios solo se expulsa con la oración y el ayuno» (Mt 17,21).

[2] Cf. Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile (31 mayo 2018).

[3] Carta al Cardenal Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina (19 marzo 2016).

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El oprobio y la deshonra de la trata de personas


Oprobio y deshonra en la así llamada civilización humana generan la Trata de Personas, y junto con ello se manifiestan como también una deshonra a nuestro Creador.

La trata de personas tiene como fin la explotación comercial de la persona con fines sexuales, laborales o de robo y venta de órganos. Esta actividad tiene modalidad de crimen organizado y estructura “empresarial”, maneja una alta movilidad de las personas y considera al ser humano como un bien transferible y vendible según la oferta y la demanda.

La mecánica de la Trata de Personas implica captar una persona, trasladarla, coaccionarla, venderla, amenazarla, violentarla, usarla y descartarla. Hablamos de violencia física, psicológica, de engaño o pseudo-convencimiento, a veces con intervención de familiares o personas con las que la víctima está comprometida afectivamente.

En el Mundo se estima que de 600,000 a 800,000 hombres, mujeres y niños son víctimas de la Trata de Persona. En esta estadística, nuestro País según el Comisionado Nacional de Seguridad a finales del pasado mes de Noviembre mencionó que ocupamos el vergonzoso quinto lugar en la estadística mundial y ya en este año 2018 las cifras oficiales publicadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), señalan que, tan solo de enero a mayo, respecto a la incidencia delictiva del fuero común, en el país se registraron 129 víctimas de trata.

La Iglesia ha denunciado esta nueva forma de esclavitud que se ha enfocado al trabajo, a la prostitución y al lucro.

La Constitución Pastoral Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II refiere precisamente de la esclavitud, la prostitución, la Trata de Personas, pero también de las condiciones ignominiosas de trabajo en las que viven los obreros como “oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador”.

San Juan Pablo II en el año 2002, citando a la Gaudium et Spes nos iluminó al mencionar que la Trata de Personas Humanas constituye un ultraje vergonzoso a la dignidad humana y una grave violación de los derechos humanos fundamentales.

Nos menciona el mismo Pontífice que estas situaciones son una afrenta a los valores fundamentales que comparten todas las culturas y todos los pueblos, valores arraigados en la misma naturaleza de la persona humana.

Y menciona el Pontífice que el alarmante aumento de la Trata de seres humanos es uno de los problemas políticos, sociales y económicos urgentes vinculados al proceso de globalización; y que representa una seria amenaza a la seguridad de cada nación así como es una cuestión de justicia internacional impostergable.

El Papa Francisco, por su parte, ha sido insistente en llamar a toda persona de buena voluntad para actuar ante este problema. En enero pasado, durante su visita a Puerto Maldonado en Perú señaló que “no se puede naturalizar la violencia hacia las mujeres, sosteniendo una cultura machista que no asume el rol protagónico de la mujer dentro de nuestras comunidades. No nos es lícito mirar para otro lado y dejar que tantas mujeres, especialmente adolescentes sean pisoteadas en su dignidad”.

En tanto, ya desde la sociedad civil, Maria Grazia Giammarinaro, experta en Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, en documento emitido el 27 de Julio de este 2018, ha mencionado que los Migrantes y los Solicitantes de asilo se han convertido en las principales víctimas de Trata en los países por los que circulan en tránsito.

Ha sido precisamente la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en el año 2013, quien a través de la Resolución A/RES/68/192/2013, expresa su preocupación “por el hecho de que, a pesar de las medidas sostenidas que se han adoptado en los planos internacional, regional y nacional, la trata de personas sigue siendo uno de los problemas graves que afronta la comunidad internacional…”, señalando además que “todos los Estados tienen la obligación de actuar con la debida diligencia para prevenir e investigar la trata de personas y castigar a los responsables, así como de rescatar a las víctimas y tomar medidas para protegerlas, y que toda omisión a este respecto constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de las víctimas y menoscaba o anula su disfrute”.

Y así, esta fecha del 30 de Julio, como lo establece la propia resolución ya mencionada en la medida número 5, busca responder a “la necesidad de crear mayor conciencia de la situación de las víctimas de la trata de personas y de promover y proteger sus derechos…”.

México al ser un Estado parte que firmó y ratificó el Protocolo de Palermo, se encuentra obligado a implementar todas las medidas necesarias para prevenir que las personas lleguen a ser víctimas de este delito. Además debe garantizar la protección de las víctimas, incluidas a sus familias, y está obligado a castigar a todas aquellas personas que lucran con las vidas de los seres humanos, especialmente las mujeres y las niñas.

Nuestras preocupaciones frente a la Trata de Personas:

  • La desinformación e indiferencia, el silencio y la insensibilidad que existe en la sociedad.

  • La vulnerabilidad en que se encuentran muchos niños, adolescentes y jóvenes.

  • La falta de acción de parte de algunas autoridades, aún frente a denuncias concretas.

  • La corrupción de quienes tienen que luchar para detener este crimen.

  • La falta de herramientas y de coordinaciones adecuadas en quienes son víctimas o en quienes desde su buena voluntad quisieran enfrentarse al problema.

  • Las fallas del sistema educativo y medios de comunicación social en proponer valores.

  • La imposición de una visión de la sexualidad fundada en el hedonismo.

  • La permanencia de la cultura machista que denigra y rebaja a la mujer.

  • En la Iglesia, la falta de propuestas adecuadas a los jóvenes, y la falta de una respuesta a este problema.

Valoramos como signos de esperanza:

  • Las manifestaciones que resaltan el valor de la persona y la dignidad de la mujer.

  • Las iniciativas a favor de la dignidad de la persona humana y sus derechos.

  • Las movilizaciones populares en reclamo de justicia y cumplimiento de la ley.

  • Los esfuerzos de las autoridades para dotar de los instrumentos jurídicos eficaces para detener este crimen de lesa humanidad.

  • Los distintos canales de recepción de denuncias que van apareciendo.

  • La difusión de fotografías y datos de personas desaparecidas.

  • Las obras pastorales en la prevención, el auxilio y de la rehabilitación de las víctimas, y la capacitación de agentes pastorales para esos servicios.

  • El servicio de agentes pastorales que asumen el riesgo de trabajar en un campo minado.

  • El trabajo en redes que se va abriendo camino para aunar esfuerzos compartidos.

Como Iglesia nos comprometemos a:

  • Hacer conocer esta realidad, de forma que la sociedad pueda percibirla como un problema social que nos involucra a todos.

  • Facilitar la atención a las víctimas en su denuncia.

  • Denunciar por los canales adecuados casos que lleguen a nuestro conocimiento.

  • Promover el espíritu de familia y la fortaleza propia de la misma.

  • Realizar un trabajo preventivo con adolescentes y jóvenes para que reconozcan los riesgos y ofrecerles espacios de participación y crecimiento integral.

  • Replantear en la Iglesia los programas de Educación para el Amor.

  • Plantear esta temática en los Seminarios, la formación de sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes pastorales laicos.

  • Trabajar en las redes que estén a nuestro alcance.

  • Animar, acompañar y fortalecer los esfuerzos pastorales comprometidos en esta lucha.

Como Iglesia decimos:

  • no al comercio sexual,

  • no a la prostitución,

  • no a la explotación laboral de niños, niñas, adolescentes y personas traficadas con ese fin y puestas en servidumbre;

  • no al tráfico de órganos.

Que Santa María de Guadalupe, quien nos ha dicho: “No estoy aquí yo que soy tu Madre”, nos proteja con su maternal manto y suscite en todos los que tenemos una responsabilidad en esta amada Iglesia las actitudes proféticas y de prevención, así como de defensa de la dignidad humana para ofrecer el amor cristiano a todos nuestros hermanos lastimados.

+Mons. José Leopoldo González González
Obispo de Nogales
Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
 
 P. Rogelio Narvaez Martínez
Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Registrate aquí 

Curso: El Antiguo Testamento desde una mirada social

Fecha: Del 22 septiembre al 8 diciembre. (sábado)
Horario: 9:30-12:30

OBJETIVO: Proporcionar los elementos necesarios para una lectura crítica del Pentateuco y los profetas que permita actualizar el mensaje de la Palabra de Dios en nuestra sociedad actual, en clave de ética social y resistencia. El curso busca promover y fortalecer el desarrollo de la conciencia social cristiana.

Contenido temático
  1. El mundo del Antiguo Testamento
  2. Momentos claves de la historia de Israel
  3. El Pentateuco: testimonio de fe y resistencia
  4. Los relatos de los orígenes: relectura en clave social
  5. Éxodo y alianza: El Dios que libera
  6. Propuesta ética: El Decálogo y la Ley en Israel
  7. Contexto socio histórico de los profetas
  8. El mensaje de los profetas

DOCENTES: Saúl Pérez y Wanda Rodríguez Mangual

Inversión: $2,300 (Pregunta por nuestras facilidades de pago) Tel: 56617996

 

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¿Cuál será hoy el signo de los tiempos?

In Memoriam

 

El Padre Manuel Olimón, fallecido el día de hoy, fue miembro de la Academia Mexicana de la Historia, profesor de la UIA y fundador de la UPM así como miembro del Consejo de IMDOSOC. Desempeñaba su labor pastoral en la diócesis de Tepic.  Por eso les compartimos este artículo que escribió recientemente para IMDOSOC. 

 

Pregunta nada fácil de responder es ésta que se me hizo, pues, por una parte, anotar como respuesta una lista de situaciones del mundo o de México sólo contribuye a dispersar el ya de por sí disperso asomo al fondo de esas situaciones múltiples y complejas y, por otra, intentar por medio de una sola palabra englobar más que un análisis, una tarea, parece audacia excesiva.

No obstante, durante los últimos treinta años en los que el IMDOSOC —y su primero y más difundido órgano de comunicación, titulado precisamente Signo de los Tiempos— y la oportunidad que he tenido en este ya largo período de orientar buena parte de mi ministerio sacerdotal a la investigación histórica y al cuidado del patrimonio cultural de la Iglesia, me permite intentar mediante una palabra —o más bien, un concepto dinámico— proponer el signo de los tiempos que hoy y en el futuro cercano ha de ocuparnos principalmente a los cristianos. Pues, llamados a ser discípulos y misioneros, hemos de ser a la vez oyentes atentos de la Palabra y anunciadores convencidos de que esa Palabra es “viva y eficaz” y toma expresiones y formas de muchas facetas.

Por consiguiente, me atrevo a expresarlo con el verbo ‘restaurar’ y el sustantivo ‘restauración’, pues a la hora de mirar el deterioro en que se encuentran muchísimos espacios humanos que debían estar abiertos a la convivencia, la falta de congruencia entre lo que se dice y lo que se hace y los saldos de la violencia homicida, no puedo dudar que el horizonte que hemos de tener delante y el empeño al que estamos convocados es el de restaurar. Pues, si un edificio patrimonial no está destinado a ser una ruina mientras en alguno de sus rincones se reconoce el destello de una pátina de oro, el ala quizá sin brillo de un ángel anunciador de buenas nuevas o la palma aún revestida de frescura de un mártir, con mayor razón mientras en la humanidad podamos descubrir la inocente sonrisa de un niño, haya un rasgo de misericordia en algún lugar del mundo o se pueda  apreciar la grandeza íntimamente unida a la humildad como en la renuncia al pontificado del Papa Benedicto, podremos pensar en que es posible restaurar lo que se ha deteriorado.

A partir de algunas huellas, tal vez tenues, de que ha sido la fe y el amor los que han elevado al cielo los viejos templos y que ha sido el murmullo de las plegarias que han expresado lo que guarda el corazón, los que les han dado en verdad vida y sentido, de la misma manera el trabajo de restaurar lo decaído en la humanidad que peregrina en el mundo de hoy ha de comenzar del interior de cada uno haciendo que la fe y el amor sean los faros de la actuación y que sus expresiones externas estén más motivadas por el silencio contemplativo que por los discursos y las autojustificaciones del egoísmo que tantas veces se esconde y siempre acecha. Cuando he tenido que estar cerca de quienes se atreven a reencontrar la belleza espléndida en medio de los muros pálidos, los he animado a hacerlo sin miedo, insistiendo en que esa tarea es no tanto devolverle la dignidad a las obras de arte, sino al ser humano.

En mis horas como historiador, he sido invitado en no pocas ocasiones a celebrar, o por lo menos a conmemorar, hechos más o menos felices, aunque a veces sólo para algunos y a seguir consignas políticas o autoritarias. He preferido llevar adelante en estas horas la honestidad intelectual que no se asusta con la verdad e intentar seguir un camino de purificación de la memoria, de acercamiento sincero a ese impulso que nos da la presencia amorosa del Espíritu Santo para ayudar a restaurar un poco lo que se ha deteriorado y necesita reconciliación a fin de que no continúe en el sendero que lleve a que se transforme en ruina.

Por lo dicho, lo escuchado y lo vivido, estoy convencido de que El signo de los tiempos nuestros es la restauración y la tarea frente a él: restaurar. Ojalá así pueda comprenderse por muchos y ser a la vez el punto de llegada y de partida de esta ya benemérita revista del IMDOSOC, a la que me ha tocado seguir desde el principio.

†Manuel Olimón Nolasco. QPD

 

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NO MÁS VIOLENCIA NI MUERTE EN NICARAGUA

Pronunciamiento a favor de la Paz en Nicaragua

Dios que ama la justicia y la paz, está atento de los acontecimientos de violencia suscitados los últimos meses en nuestro país hermano Nicaragua. Como Iglesias y colectivos de fe no aceptamos tales hechos y hacemos un llamado urgente a la reconciliación y a la paz.

Desde el pasado mes de abril, jóvenes manifestantes en contra de las reformas a la seguridad social en Nicaragua, han expresado un descontento social mucho más profundo, que tiene que ver con la pobreza generalizada, las desigualdades sociales y económicas, la falta de desarrollo y trabajo. La respuesta del gobierno ha sido violenta: represión brutal en contra de los manifestantes, criminalización de los jóvenes, miles de heridos por armas de fuego y asesinato de más de 250 personas.

Las fuerzas policiacas y paramilitares con su política de terror han tratado de reprimir a un pueblo valiente y resistente. La violencia ha llevado a que los jóvenes encuentren refugio en la Catedral y en otros templos a lo largo del país, hasta donde las fuerzas policiacas y paramilitares han sitiado a dichos jóvenes. Religiosos y líderes de las Iglesias, han sido difamados, amenazados e incluso han sufrido atentados por apoyar a los jóvenes y a los más pobres

Como comunidades de fe no podemos quedarnos callados. Manifestamos nuestra solidaridad con el pueblo de Nicaragua. Hacemos un llamado para que se reestablezca el diálogo y no se sigan privilegiando intereses particulares, sino el bien común, la justicia y la paz.

Como iglesias proféticas denunciamos que la muerte y el sufrimiento en el pueblo nicaragüense atenta contra su dignidad y derechos fundamentales. La violencia nunca es camino. El enfrentamiento entre hermanos no beneficia a nadie. Es urgente la reconciliación y la paz.

Nosotros mujeres y hombres de fe manifestamos nuestro repudio ante estas acciones de violencia y manifestamos nuestra solidaridad y oración en favor del pueblo de Nicaragua. “Reconcíliate primero contó hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mt 5,24)

 

Firman:

SOS Nicaragua, Centro Estudios Ecuménicos, Iglesias por la paz,  IMDOSOC,  Comunidades para la justicia y la paz,  SMR.

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