Benedicto XVI

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En su desarrollo como teólogo y Cardenal, preocupado por la fe y la vida cristiana, Joseph Ratzinger nos hace ver la importancia de la participación de los creyentes en la vida pública, aportando ideas claras y compromisos firmes para procurar un mundo donde la justicia se traduzca también en el respeto a la vida, la dignidad del ser humano y la vigencia de los derechos humanos.

La teología y la vida cristiana deben estar profundamente inmersas en la sociedad para construir una cultura donde convivan la justicia y la verdad. La teología no puede convertirse en la justificación de un ideario político, sino en la reflexión amplia y profunda para iluminar con la propuesta del Evangelio de Jesucristo todas las realidades humanas.

Todos los esfuerzos de la sociedad deben estar orientados para mejorar las estructuras, para superar la corrupción y proponer un verdadero desarrollo social de los pueblos y las personas, respetando la libertad y la dignidad de todos.

Benedicto XVI se ha pronunciado valientemente a favor de la apertura de la sociedad y los Estados en el reconocimiento de la libertad religiosa en la vida pública. En efecto, el Papa nos ha recordado que la relación del ser humano con Dios es parte constitutiva del propio ser humano. La pluralidad implica el reconocimiento de los valores religiosos. Es decir, que la laicidad positiva debe orientarse a una justa autonomía del orden temporal y del orden espiritual. Para asegurar los derechos fundamentales es necesaria la laicidad positiva y la libertad religiosa. “No es suficiente una proclamación abstracta de la libertad religiosa”, ha dicho el Papa.

El pensamiento de Benedicto XVI sin duda nos acerca al mejor conocimiento del hombre contemporáneo, sus miedos y expectativas, sus formas de organización y convivencia, sus carencias y limitaciones, pero sobre todo nos compromete a ir más allá de la necesaria justicia para hacer más humano nuestro mundo con el amor.

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