Celebración del 51 aniversario de la firma del Tratado de Tlatelolco

Celebración del 51 aniversario de la firma del Tratado de Tlatelolco

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Este 14 de febrero no sólo es el Día del Amor y la Amistad, también se conmemora el 51 aniversario de la firma del Tratado de Tlatelolco.

El también conocido como el Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, es un tratado internacional que establece la desnuclearización del territorio de América Latina y el Caribe. Fue propuesto por el presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, e impulsado por el diplomático mexicano Alfonso García Robles como respuesta al temor generado por la crisis de los misiles en Cuba. Se firmó el 14 de febrero de 1967 y entró en vigencia el 25 de abril de 1969.

La organización encargada de vigilar el cumplimiento de dicho tratado es la Organización para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe. El Tratado de Tlatelolco prohíbe el desarrollo, adquisición, ensayo y emplazamiento de armas nucleares en la región de la América Latina y el Caribe. (Fuente: http://www.opanal.org/tratado-de-tlatelolco/).

En nuestro planeta, además de América Latina y el Caribe,  existen en la actualidad cinco zonas libres de armas nucleares (espacios geográficos donde, por medio de tratados, están prohibidas las armas de destrucción masiva): Pacífico Sur (Tratado de Rarotonga, 1985), Sudeste asiático (Tratado de Bangkok, 1995), África (Tratado de Pelindaba, 1996), Asia Central (Tratado de Asia Central, 2006) y el territorio de Mongolia que en el año 2000 obtuvo el reconocimiento internacional como Estado libre de armas nucleares.

Según datos oficiales Estados Unidos y Rusia poseen la mayor parte de las armas con un total de 13.800 armas nucleares, EE.UU. con 6.800 y Rusia con 7.000. El resto del armamento nuclear está distribuido entre el Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. (Fuente: https://www.telesurtv.net/news/Existen-15.000-armas-nucleares-en-el-mundo-y-estan-a-cargo-de-nueve-paises–20171008-0009.html).

Las armas nucleares son las más peligrosas de la Tierra. Sólo una puede destruir una ciudad entera, además de potencialmente matar a millones de personas, y poner en peligro tanto el medio ambiente como la vida de las generaciones futuras, ya que sus efectos a largo plazo resultan devastadores.

El gasto militar que tienen los países armados nuclearmente (y el gasto militar de muchos países en general), es un escándalo y va contra el desarrollo y bienestar de la mayoría de los pueblos. Un estudio de Global Zero, una organización estadounidense que aboga por el desarme, señaló que en 2011 Rusia gastó 14.900 millones de dólares en armas nucleares; China, 7.600 millones; Francia, 6.000 millones; y Gran Bretaña, 5.500 millones.

Por su parte, las cuatro potencias nucleares no declaradas exhibieron un patrón de comportamiento similar. Considerando que millones de personas en todo el mundo padecen hambre, enfermedades y falta de un techo, el gasto en armamentos es un hecho inmoral.  “Las armas nucleares absorben recursos que podrían utilizarse, en cambio, para cumplir con los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio (Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2012/07/dinero-del-desarrollo-se-gasta-en-armas-nucleares/).

Es importante desenmascarar esta flagrante realidad. Los gastos militares tienen en el mundo actual un doble papel: por un lado constituyen la base para el desarrollo de la guerra como instrumento de dominación política por excelencia a través de la fuerza de las armas y por otro, se trata de una peculiar producción de mercancías. Desde los años 60 varios destacados economistas llamaban la atención sobre los verdaderos objetivos de estos gastos, entre ellos destacaban: la defensa de la hegemonía global de Estados Unidos; creación de una plataforma segura para las empresas transnacionales; absorber la vasta capacidad productiva excedente y evitar el estancamiento, promoviendo negocios de bajo riesgo y altas ganancias para el capital. Paradójicamente, son las regiones más pobres del mundo, donde más ha crecido el gasto militar en los últimos diez años (Fuente: http://www.observatoriodelacrisis.org/2011/03/gasto-militar-y-economia-mundial-2/).

Con el dinero que se emplea en armamento nuclear y militar en general, se podrían hacer otro tipo de proyectos, como invertir en la educación (con lo que gasta Estados Unidos en mantener a un soldado en Afganistán, se podría dar educación de calidad a 400,000 estudiantes afganos); en el saneamiento del mundo (conducción, potabilización, depuración de aguas, riego, reforestación, etc.); en sustituir las chabolas, en las zonas marginales de las grandes ciudades por viviendas dignas. (Fuente: http://www.marioconde.org/blog/2010/02/el-mundo-en-armas-la-obscenidad-del-gasto-en-armamento/); o en erradicar el hambre en el mundo (en 2016 afectó a 815 millones de personas, el 11 por ciento de la población mundial).

¿Cuál debe ser la postura de los cristianos ante esta situación inmoral?

El Papa Francisco recientemente afirmó, en el simposio internacional Perspectivas para un mundo libre de las armas nucleares y para el desarme integral, que “las relaciones internacionales no pueden estar dominadas por la fuerza militar, la intimidación mutua o la ostentación de los arsenales bélicos”. En su discurso el Papa instó a condenar enérgicamente la amenaza de usar armas nucleares y su sola posesión, por las consecuencias que puede tener para la humanidad y porque su existencia es funcional en una lógica del miedo que no concierne solamente a las partes involucradas en el conflicto, sino a todo el género humano.

El Papa ha insistido en que “las armas de destrucción masiva, en particular las atómicas, no generan nada más que una engañosa sensación de seguridad y no pueden constituir  la base de la convivencia pacífica entre los miembros de la familia humana, que debe inspirarse en una ética de la solidaridad”.

Por otra parte, la encíclica de Pablo VI,  Populorum  Progressio,  resalta  la noción de desarrollo humano integral y la propone como nuevo nombre de la paz. En este documento de gran actualidad, el Papa señalaba que “el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. “(PP 14).  Así es como un progreso eficaz e inclusivo puede hacer posible la utopía de un mundo libre de terribles instrumentos mortales.

Juan XXIII, en su encíclica Pacem in Terris  indicaba  con claridad el objetivo de un desarme integral: “Ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra” (PT 11, 61). (Fuente: https://infovaticana.com/2017/11/10/papa-condena-la-amenaza-del-uso-la-posesion-armas-nucleare) Los cristianos afirmamos que el desarrollo integral es el camino de la paz;  del bien que la familia humana está llamada a seguir. A eso nos tenemos que comprometer.

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