Claves para entender Medellín a 50 años.

Claves para entender Medellín a 50 años.

990

En este año que celebramos los 50 años de Medellín, es importante recuperar la memoria histórica de la Iglesia latinoamericana (memoria eclesial) que nació como kairós de Dios para el continente. En momentos de crisis y cambios profundos, volver a las raíces y fuentes puede ayudar a recuperar el fundamento y la razón de ser Iglesia evangelizadora en América Latina: “Nuestra misión es contribuir a la promoción integral del hombre y de las comunidades del continente… penetrar todo el proceso de cambio con los valores evangélicos” (Medellín: Mensaje a los pueblos de América Latina).

Se puede afirmar que la asamblea de Medellín ayudó a madurar a la Iglesia continental; le dio rasgos propios. Algunos de los muchos aportes que dejó este acontecimiento se pueden resumir en los siguientes puntos:

  1. A partir de Medellín se puede hablar de una Iglesia de los pobres. Esta opción por los pobres implicó un cambio del lugar social para la Iglesia y el reconocimiento de los pobres como sujetos sociales.[1]
  2. En Medellín se dio la concretización histórica del método inductivo (ver-juzgar-actuar) que había sido mencionado en la constitución Gaudium et spes (4) del CVII.
  3. Otro aporte, a nivel eclesiológico, se dio con las comunidades eclesiales de base (CEB). Con las CEBs surge un nuevo modelo de Iglesia, que recuerda a las primeras comunidades cristianas.
  4. Un aporte menos conocido, pero no menos importante, es el impulso que dan las CEBs a la lectura popular de la Biblia. Medellín consagra una manera de descubrir la presencia de Dios en la historia latinoamericana. Los pobres empiezan a leer la Biblia en clave de liberación de los oprimidos.[3]

La originalidad de Medellín estuvo, sobre todo, en el renovado énfasis en resituar a los pobres en el centro de la reflexión teológica, en el centro de la Iglesia, de la pastoral, de la cristología, de la espiritualidad… y afirmar la urgente necesidad de liberación que tiene el pueblo pobre latinoamericano.[4] Medellín nos recordó que los pobres son el lugar teológico por excelencia. De aquí que recupera con fuerza la dimensión social del compromiso cristiano al acentuar, por un lado, la necesidad de la denuncia profética ante la realidad de opresión e injusticia que viven los pueblos del continente, y por otro, aterrizar temas como el desarrollo y la liberación integral, la defensa de los derechos de los pobres, la urgencia de trabajar por la justicia y la paz, y la necesidad de educar para el desarrollo de la conciencia social; todas ellas claves irrenunciables para una pastoral que quiera incidir y transformar la realidad actual. Se puede afirmar que Medellín se constituyó en el símbolo más importante del Magisterio latinoamericano elaborado desde la perspectiva y el lugar de los pobres.[5]

Es urgente que los cristianos latinoamericanos del siglo XXI se acerquen a beber a las fuentes de agua que dan vida. La realidad que denunció Medellín no es cosa del pasado. Ha habido cambios, transformaciones, pero la realidad de desigualdad e injusticia es ahora tanto o más acuciante que en aquel momento.  El Evangelio de Jesús sigue invitando a la construcción del Reino de Dios. Las mayorías empobrecidas del continente siguen esperando la liberación integral. Los cristianos del siglo XXI asumen su compromiso social o no serán cristianos.

Es importante citar a un gran teólogo latinoamericano, Jon Sobrino, cuyas palabras proféticas siguen vigentes en la actualidad: “El espíritu de Medellín, ciertamente, no ha sido superado: que hay que ir a los pobres de este mundo, encarnarse en ellos, defenderlos y arriesgar por ellos, denunciar a sus opresores, y que en todo ello la Iglesia se va haciendo la Iglesia de Jesús… Medellín es todavía —a pesar de sus textos “anticuados”— el símbolo no superado de la Nueva Evangelización. Su espíritu —y no tal o cual texto— es el que operó el cambio más radical en la Iglesia latinoamericana desde sus inicios y el que operó el milagro de que esa Iglesia, por primera vez en su historia, fuese cristiana y fuese latinoamericana, no una Iglesia evangélicamente aguada e históricamente de importación”.[6]

Wanda Rodríguez Mangual. Área Académica de IMDOSOC.

 

[1] Sota García, Eduardo E., “Consecuencias sociales de una cristología. Medellín como inicio de una transformación latinoamericana posible”, Voces 31, año 16, 2008, p.14.

[1] Vigil, José Ma., “Descubrir la originalidad cristiana de la Iglesia latinoamericana”, en Revista Latinoamericana de Teología 29.

[2] Tamayo Acosta, Juan José, Para comprender la teología de la liberación, EVD, Estella 1989, p. 56.

[3] Cortés Cortés, Javier, “Lectura popular de la Biblia: oportunidades, desafíos y riesgos asociados a la comprensión bíblica”, Cuaderno de Teología, Vol. II (1), 2010.

[4] Landgrave G., Daniel R., “Medellín: ¿40 años de amor, justicia y paz?”, Voces 31, año 16, 2008, p. 45.

[5] Tamayo Acosta, Juan José, ibid., p. 48.

[6] Sobrino, Jon, “Los vientos que soplaron en Santo Domingo”, Christus (marzo-abril 1993), p. 29-30.

Artículos similares

No hay comentarios

Enviar una respuesta