Comercio justo y cooperativismo desde la cultura Maya Kiché

Comercio justo y cooperativismo desde la cultura Maya Kiché

179

Juana Laynez Mejía

Soy una mujer maya Kiché, que radica en la Ciudad de México como refugiada. Actualmente soy promotora intercultural, artesana. En Promotores Interculturales soy secretaria; tesorera en el Consejo Maya y en la Universidad Indígena maestra. También formo parte de un proyecto de elaboración de libretas con separadores de tejido artesanal, en donde soy artesana, productora y maestra del idioma Maya Kiché.

He participado en encuentros, foros y congresos sobre refugiados, derechos humanos y de comunidades indígenas, sobre identidad y participación de la mujer maya. Uno de ellos fue el de los pueblos indígenas por parte de la ONU; estuve 3 meses en Lyon, Francia en donde hicimos una marcha a caballo hasta llegar a las oficinas de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, en 1994. Ahí se habló de las situaciones de los pueblos indígenas, sobre Derechos Humanos y Refugiados, entre otros temas. Nos juntamos 3,500 dirigentes indígenas de todo el mundo. El mismo año, fui a un encuentro de jóvenes en Otavalo, Ecuador, sobre un intercambio cultural y de conocimiento en relación a la historia de los mayas y los kechuas. En el marco del mismo encuentro, estuve unos días en Costa Rica compartiendo el sentido del comercio justo.

Mi historia de refugio.

En 1987 nos organizamos, 25 familias de Guatemala como refugiados en México, con nuestra experiencia de trabajo comunitario y cultura de intercambio. Al estar aquí, nos dimos cuenta que en México las cosas son diferentes. Al ver que teníamos que adaptarnos, las familias nos unimos y formamos una cooperativa y posteriormente una asociación civil, aportando cada quien lo que sabe hacer: coser, cocinar, elaborar artesanías, siempre con el objetivo de no perder nuestra identidad y cultura, y enfrentando la difícil situación de ser refugiados, sin saber cómo sobrevivir en México. Ello implica que la gente tiene miedo de nosotros por desconocer qué significa ser un refugiado y nos ve como gente peligrosa.

Con la “Cooperativa del pueblo Quetzal” empezamos a trabajar en escuelas, donde tuvimos mucho apoyo para hablar de nuestra situación de refugiados y derechos humanos, especialmente en las preparatorias de los Colegios de Ciencia y Humanidades (CCH), en la UNAM y en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Recibimos mucho apoyo de parte de las escuelas. Nos presentamos como refugiados, artesanos, con el deseo de compartir nuestras tradiciones y de sensibilizar y concientizar a los maestros, estudiantes y público en general. Entonces empezamos el trabajo del comercio justo, tras haber diez años de haber dejado Guatemala por la guerra.

La Ibero y el Iteso son universidades de jesuitas. Junto con otras universidades públicas y privadas son espacios que tienen una visión muy amplia para apoyar a grupos como el nuestro y a cooperativas. Desde 1988 se empezó a hacer trabajo de intercambio de conocimiento. En dichas instituciones educativas tuve participación en foros, encuentros de mujeres, en Cooperativas y en congresos nacionales e internacionales. En aquel momento me di cuenta que los más interesados en nuestra situación son los grupos de extranjeros, maestros, sindicatos, la comunidad estudiantil, así como distintas congregaciones religiosas.

Hace 6 años surgió el proyecto de Promotores Interculturales en Casa de Refugiados. Mariana Echandi, que trabaja con el ACNUR, me invitó a participar en el Día del refugiado y en varios eventos sobre refugiados y migrantes. Se comenzó con el proyecto de educación para la paz, con pláticas a estudiantes, pero sin espacio para ventas, lo cual también es nuestro trabajo como promotores, con ello cubrimos las necesidades de cada familia y los gastos que se generan para organizar las actividades.

El proyecto se consolidó con Kevin, un francés que trabajó mucho tiempo con cooperativas en Bolivia y comenzó a trabajar en Casa de Refugiados. El grupo estaba integrado por personas de Colombia, Chile, Congo, Guatemala, El Salvador, Egipto, Indonesia, Haití y Nicaragua. Nos dimos cuenta que cuando trabajas a nivel grupal se logran muchas cosas. También debemos ser conscientes que cada persona es un mundo y no es fácil trabajar a nivel grupal porque cada uno tiene sus propios intereses personales. Desde mi experiencia con artesanos de barro en Francia, me doy cuenta que el comercio justo es practicado en casi todo el mundo: Alemania, Polonia, España y en la mayoría de América Latina.

En las familias mayas de Guatemala, el comercio justo se da especialmente a través del arte textil. El bordado y el tejido es un trabajo fino ancestral. Ahí plasmamos nuestro sentimiento, alegría, tristeza y todos los cambios que ha vivido el pueblo maya. Se transmite de generación en generación porque uno de nuestros principales intereses es mantener viva nuestra cultura y la historia de nuestro pueblo.

Anteriormente, el comercio justo consistía en el intercambio de prendas de vestir, maíz y alimentos que producían las comunidades, siempre con trabajo comunitario. El trabajo comunitario y el comercio, que de ahí se desprende, son actividades que se han realizado tradicionalmente de forma directa entre los integrantes de las comunidades mayas.

Desde el Consejo Maya yo salgo a los estados para  compartir mi conocimiento sobre el trabajo de organización. En el año 2002 fui con un grupo de mujeres a León, Guanajuato, organizado por el maestro Benito Balam, de la Ibero, que trabajaba con mujeres que hacían canastas de palma. Ayudamos a que ellas analicen cuál es su mercado, cómo generar nuevos productos para que tengan más ventas, y no sólo se quedaran con lo que hacen. Uno de los principales problema de los productores es que se quedan con una sola cosa y no logran salir adelante. Entonces se tiene que hacer un estudio de mercado, tienen que trabajar siempre en grupo.

Por eso es tan importante seguir con el apoyo de las instituciones, como lo que ahora está haciendo IMDOSOC con el tianguis solidario. Retomar, trabajar nuevamente con el comercio justo en donde participamos directamente como productores en arte textil, productos de alimentos orgánicos y artesanías, para que no desaparezcan las pequeñas empresas y al mismo tiempo invitar a otras instituciones a que se solidaricen con nuestra causa.

 

 

No hay comentarios

Enviar una respuesta