Comunicado de los obispos de la provincia eclesiástica de Acapulco

Comunicado de los obispos de la provincia eclesiástica de Acapulco

895

12 de abril de 2015.
A las comunidades diocesanas. A los agentes de pastoral. A todos los hombres y mujeres de buena voluntad:

Como obispos de esta provincia eclesiástica de Acapulco saludamos a todos con un mensaje de esperanza que surge de la experiencia del Resucitado, de quien nosotros somos testigos. Al calor de la gran fiesta de Pascua, que durante siete semanas nos renueva en la fe en Cristo Resucitado, queremos expresar nuestra palabra en el contexto particular de las campañas electorales que han sido seriamente cuestionadas y que creemos podrán tener algunas complicaciones.

La construcción de la paz en las campañas electorales El proceso electoral que ya ha arrancado, incluyendo todas las candidaturas previstas, es una ocasión para el análisis y para la reflexión sobre asuntos de fondo en el estado de Guerrero. Los ciudadanos podemos proponer nuestra agenda a los candidatos para que ellos respondan a las demandas más sentidas y urgentes de la sociedad. Una de las demandas más urgentes es la de la seguridad como una expresión de la paz, tan anhelada en nuestro contexto de la violencia que nos ha golpeado en los últimos años. Es ésta una oportunidad para ir a fondo para que el Estado, con todas las instituciones que incluye, se empeñe en la construcción de una paz justa, auténtica y duradera. Para comenzar, conviene que los partidos políticos hagan un discernimiento sobre los métodos que utilizan para convencer a los ciudadanos, en el sentido de su legalidad y de su transparencia. Deben entender que algunos métodos generan inconformidad y enojo en los ciudadanos y, por lo mismo, no contribuyen a la construcción de la paz. Métodos como el dispendio de recursos que siembra dudas sobre el origen de los mismos, las dádivas y el lucro electoral ante la pobreza de muchos guerrerenses, las agresiones y el lenguaje violento contra los contendientes, no abonan a la confianza de los ciudadanos ni a la paz en Guerrero. Por otra parte, los ciudadanos queremos escuchar propuestas sobre las formas concretas de construir la paz desde las instituciones públicas, como los municipios, el congreso estatal y el federal y desde el gobierno del estado. Hay que tomar en cuenta que el desarrollo integral de los pueblos y la democracia participativa son condiciones necesarias para la paz. Una grave responsabilidad del Estado y de los gobiernos es asegurar la paz como una condición necesaria para la convivencia social y para el desarrollo. Democracia, desarrollo y paz se implican y se requieren. Requerimos consulta abierta a la ciudadanía y propuestas responsables y viables, y no son aceptables respuestas demagógicas ni evasivas.

El tiempo pascual, ocasión de renovar y revitalizar las esperanzas 

Estamos celebrando el tiempo pascual, al que la Iglesia católica le da una relevancia mayor en la liturgia por la importancia que tiene en la vida cristiana y en la evangelización. La Pascua de Jesús constituye el centro mismo de nuestra fe porque, después de todo, el seguimiento de Jesús se arraiga en ese misterio: morir con Cristo para resucitar con Cristo. De hecho, la Pascua representa un estilo de vida y nos da una identidad centrada en el Señor muerto y resucitado. Una de las vertientes más ricas de la Pascua es que sostiene, en todo tiempo y, sobre todo, en tiempos difíciles, la esperanza de los cristianos que nos revitalizamos con la victoria de Jesús sobre la muerte y sobre el pecado en todas sus expresiones. Esta peranza nos abre horizontes nuevos siempre que se cierran los caminos hacia la paz y la justicia y nos mantiene en la fe de que el Señor está escribiendo la historia a pesar de que las tendencias de los acontecimientos parezcan orientarse hacia el fracaso. La victoria de Cristo ha quedado inscrita en el corazón
de las historias humanas, las pequeñas y las grandes, y nos libera del pesimismo y de la desesperanza. Nuestras comunidades eclesiales tienen en la Pascua, y durante todo el tiempo de la Pascua, una oportunidad para fortalecer la esperanza de cada uno de sus miembros; sobre todo, de aquellos que han sido probados por la pobreza o por la violencia y de aquellos que luchan por la justicia y trabajan por la paz. En el contexto actual, no es fácil mantenerse  en la fidelidad de la fe y en el sendero de la construcción de la paz y, por ello, el recurso a la esperanza que surge del misterio del Resucitado es formidable. Este tiempo pascual es ocasión para fortalecer y renovar las energías de la fe que el Espíritu nos comunica, de manera que nos impulsen durante todo el año a cumplir con nuestra misión eclesial de discípulos y misioneros.

Qué enseña el magisterio de la Iglesia sobre…     

Compilación: Verónica Morales Gutiérrez                                                                                 …Ética y política 

«Proponemos lo siguiente: a) apoyar la participación de la sociedad civil para la reorientación y consiguiente
rehabilitación ética de la política. Por ello, son muy importantes los espacios de participación de la sociedad civil para la vigencia de la democracia, una verdadera economía solidaria y un desarrollo integral, solidario y sustentable. b) Formar en la ética cristiana que pone como desafío el logro del bien común, la creación de oportunidades para todos […] e) Llamar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a poner en práctica principios fundamentales como el bien común (la casa de todos), la subsidiaridad, la solidaridad intergeneracional e intrageneracional» (Documento de Aparecida, 406).

«En el ámbito político se debe constatar que la veracidad en las relaciones entre gobernantes y gobernados;
la transparencia en la administración pública; la imparcialidad en el servicio de la cosa pública; el respeto de los derechos de los adversarios políticos; […] el rechazo de medios equívocos o ilícitos para conquistar, mantener o aumentar a cualquier costo el poder, son principios que tienen su base fundamental así comosu urgencia singular— en el valor trascendente de la persona y en las exigencias morales objetivas de funcionamiento de los Estados (cfr. Christifideles laici, 42). Cuando no se observan estos principios, se resiente el fundamento mismo de la convivencia política y toda la actividad social se ve progresivamente comprometida, amenazada y abocada a su disolución» (Juan Pablo II, Veritatis splendor, 101).

«¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no a la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad ‘no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas’ (Caritas in veritate, 2). ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!» (Francisco, Evangelii gaudium, 205).