Corrupción: “exigencia y no regla”

Corrupción: “exigencia y no regla”

724

El documento lamenta lo obvio que resulta atestiguar cómo “en nuestro medio el ejercicio de la política se ha degradado”.

Colocado ante la hipotética oportunidad de sugerir, y hasta de ser atendido en sus propuestas por los integrantes de la LXIII Legislatura federal que apenas el 1 de septiembre inició actividades, tres tareas específicas a realizar por ellos, ¿qué les pediría usted, cuáles serían sus consejos o sus reclamos específicos?

La lógica apunta a que, en razón del mandato recibido y la naturaleza de su encargo, las exigencias pudieran ser: que dictaminen leyes que abonen a un mayor y más armónico desarrollo en paz y justicia, y en beneficio de la sociedad; que actúen como auténtico contrapeso de los poderes Ejecutivo y Judicial y, por sólo citar un ejemplo más, que los nuevos diputados intenten representar debidamente a quienes les encumbraron hasta la curul que ahora ocupan…

Nada de ello, sin embargo, o no al menos de manera puntual o especialmente relevante exigió de los nuevos legisladores —“cualquiera que sea su filiación política y con profundo respeto a las convicciones de cada uno”— el Instituto Mexicano de la Doctrina Social Cristiana (Imdosoc) que, en amplia misiva, les convoca a asumir la tarea de “restaurar la política, en su privilegiado ámbito legislativo, como la acción transformadora orientada a construir un país en donde la corrupción y la impunidad sean la excepción y no la regla, y en donde el bien común prevalezca sobre los intereses particulares”.

“Ustedes”, advierte la institución vinculada igual con la jerarquía que con instancias de representación social de la catolicidad seglar, “pueden iniciar la lucha frontal contra la corrupción política en nuestro país. Tienen los medios instrumentales y las atribuciones constitucionales para hacerlo, sólo les faltaría la voluntad política, que incluye la intachable conducta personal de cada uno, para hacerlo…”.

Antes, y tras hacer un elogio de la política como una de las actividades más nobles y de mayor trascendencia que puede realizar el ser humano, porque está orientada a alcanzar el bien común, el documento, presumiblemente entregado a cada uno de los 500 nuevos inquilinos de San Lázaro, lamenta lo obvio que resulta atestiguar cómo “en nuestro medio el ejercicio de la política se ha degradado y frecuente e impunemente se transgreden los más elementales principios de la ética y la moral”, por lo que, agrega, “urge la renovación moral” de la misma.

Y añade que no se puede ignorar que el desprestigio de la política (en México) no sólo incluye a funcionarios del Poder Ejecutivo, “sino también a los partidos y a los órganos legislativos, los cuales, como indican todas las encuestas, tienen los más bajos índices de aceptación y a muchos de cuyos miembros, (aunque) sería absolutamente injusta la generalización, se acusa de corruptos”.

Con este convencimiento entonces, apunta el Instituto que preside Román Uribe, es que “los exhortamos… a que se dispongan a emprender el rescate de nuestra vida pública”, (para lo que) “se requieren, como premisas indispensables, que no los guíe otra preocupación que la del interés público; que orienten toda nuestra legislación con el espíritu de realizar el bien, sobre todo y de manera preferencial por los más desfavorecidos, que no haya una ley que no se discuta sin tener en cuenta siempre en qué puede afectar a los más pobres; que las filias y fobias partidistas no oscurezcan el horizonte de la justicia; que los prejuicios ideológicos no impidan la visión de la verdad; que con auténtica buena voluntad se potencie el diálogo como medio privilegiado para favorecer el bien superior de la nación, sobre la base de la cultura del encuentro, del respeto y del reconocimiento de las legítimas diferencias y opiniones de los demás”.

Duro reclamo éste y grave la responsabilidad que se endosa a la nueva Cámara baja, a sus integrantes, al margen de sus particulares visiones e intereses partidistas. Esperemos alguna respuesta…

Veámonos aquí mañana, con otro asunto De naturaleza política.

FUENTE: EXCELSIOR