Cultura de la Ilegalidad vs. Cultura de la Legalidad

Cultura de la Ilegalidad vs. Cultura de la Legalidad

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Romualdo Gallardo Carrillo*

Mucho se ha hablado en los últimos tiempos, sobre todo a partir del inicio del nuevo siglo y con el incremento de la violencia y la criminalidad en nuestro país, sobre la necesidad de reforzar la cultura de la legalidad. Este concepto, aceptado por todos como algo necesario, implica acciones individuales y colectivas muy simples, pero a la vez muy difíciles: se trata simple y llanamente de apegarnos a las normas y leyes que nosotros mismos, como sociedad nos hemos dado. Pero esta cultura también implica un compromiso y una creencia en los valores de la legalidad, de tal manera que no se trata únicamente de apegarnos a la ley por su carácter coercitivo, sino de tener la convicción de que se debe acabar con la cultura de la ilegalidad, porque ésta atenta contra la armonía y el bien común. Y esto es así, si consideramos que no se puede combatir la ilegalidad con más ilegalidad. En México, lamentablemente aún subsiste la percepción de que se tiene que eliminar, literalmente, a los criminales (Gráfica 1), sin considerar, como dijo en su momento Mahatma Gandhi, que “ojo por ojo y todos terminaremos ciegos”.

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Por otra parte, y de manera absurda, la apología del crimen se ha convertido en una empresa muy rentable; fenómeno paradójico, porque en muchas ocasiones los mismos ciudadanos que reclaman a la autoridad su consentimiento o su colusión con criminales, son los que consumen música o programas de televisión que ensalzan la vida de delincuentes. Quizás este hecho se deba a la ignorancia del significado de otro concepto importantísimo para que la cultura de la legalidad pueda tener una mayor vigencia: el Estado de derecho.
Precisamente en un Estado de derecho, los derechos de las personas no sólo son respetados, sino que se amplían y se fortalecen con la participación de todos los integrantes de la sociedad, quienes aceptan las leyes que se han establecido mediante mecanismos democráticos, y que amparan la libertad y la justicia para todos.
En un Estado de derecho se respetan las normas que protegen tanto a los individuos como a la sociedad y se aplican por igual a todas las personas, incluso a los criminales. Sin embargo, en nuestro país nuevamente, muchos ciudadanos consideran que se debe aplicar la ley pasando por encima de derechos individuales (Gráfica 2).

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Es importante señalar que la cultura de la legalidad tiene dos aspectos: uno tiene que ver con la responsabilidad de conocer las normas, las leyes e incluso los reglamentos que nos rigen y, una vez conocidos, respetarlos. El otro consiste en rechazar, por convicción personal, los actos ilegales (desde la mordida hasta los homicidios) y, por ende, denunciarlos.
Finalmente, no hay que olvidar que el amor y la armonía siempre serán mejores que el odio, y la cultura de la legalidad va en ese sentido, en tanto prediquemos con el ejemplo e inculquemos esta cultura en nuestros niños, tendremos un mejor país.

*Sociólogo, colaborador del IMDOSOC.