¿De verdad aumentó el salario?

¿De verdad aumentó el salario?

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Leopoldo Sánchez Zúber*

El salario mínimo acabó teniendo un aumento general de 4.2%. Pasó de $67.29 a $70.10, poco menos de tres pesos de aumento, lo cual da un salario mensual de $2,103 por ocho horas de trabajo durante 30 días. Un viaje en el Metro, aunque sea sólo de una estación a otra, cuesta $5.
La inflación en la primera quincena de diciembre de 2014 se ubicó en 4.19% a tasa anual, y con la baja del precio del petróleo muy probablemente llegará fácilmente a niveles de 4.6%. O sea, que el trabajador de salario mínimo no alcanza siquiera a mantener el bajo poder adquisitivo con que contaba el año anterior. Eso es todo lo que pudo hacer la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos por nuestros trabajadores.
En su estudio titulado El salario mínimo en México: de la pobreza a la miseria, el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) indica que en 27 años (1987-2014) el precio de la canasta básica, en comparación con los salarios mínimos, aumentó en una proporción de 4 a 1. De acuerdo al CAM, la pérdida del poder acumulativo llegó al 78.66%.
El reporte dice: “Analizando ahora solamente lo que va de la gestión de Enrique Peña Nieto, el precio de la canasta básica aumentó $20.66 pesos, pasando de $171.86 a $192.52, mientras que el salario mínimo sólo aumentó $2.53 pesos, lo que constituye una pérdida del poder adquisitivo del 7.24% en menos de dos años”.
Pero más allá de las cifras, los responsables de la publicación reflexionan que el salario de las familias mexicanas pasó de “alcanzar para sobrevivir, a alcanzar sólo para endeudarse mes a mes”. Y remata: “si por una jornada de ocho horas, se pagaba un salario mínimo en agosto de 2014, el tiempo que tendría que trabajar una familia para poder comprar la canasta alimenticia recomendable sería de 22 horas con 53 minutos” ¡al día!

He aquí algunos de los precios al 30 de diciembre de 2014, precios de alimentos que tendría que com- prar una familia con $77.10 diarios:

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Entre tanto, The Economist reportó que en el año 2014 el señor Basilo González, que ha sido presidente de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos durante 23 años, recibió un sueldo acumulado de $2’800,000.00. ¡Qué suerte del señor González!

Y entre tanto, ¿qué hacen los líderes sindicales? Nada. Ellos están bien servidos. Como no les afecta personalmente, no les importa. Cosa que nada tiene de extraño, así ha sido durante décadas.
Y mientras siga habiendo corrupción e impunidad, no se resolverá el problemas social ni habrá seguridad ni paz. Aunque muchos ciudadanos nos esforzamos en no ser pesimistas, me pregunto qué es lo que nos mantiene necios en que las cosas pueden mejorar; qué mantiene viva nuestra esperanza de que el pueblo ya se dio cuenta de lo que es la clase política actual y a partir de ahora elegirá gente honesta, aunque los deshonestos le ofrezcan tarjetas de Soriana.
No sé si los gobernantes y burócratas que ilegítimamente sustraen dinero para su beneficio personal se dan cuenta de que no es a un ente abstracto e impersonal llamado Gobierno a quien roban, ni tampoco es a los empresarios que pagan impuestos, pues ese dinero ya no era suyo: las millonarias cantidades que roban, se las roban a gente pobre para quienes estaban destinadas, para gente que no ha tenido —como los gobernantes y burócratas— la oportunidad de progresar, porque no gozaron de la educación ni de las circunstancias sociales, culturales, políticas necesarias para desarrollar sus habilidades naturales, o quizá porque llegaron a este mundo con una carga genéticamenos apta para manejarse en el difícil medio donde aparecieron; no sé si se dan cuenta esos gobernantes y burócratas que lo que roban, lo roban a gente que sufre y no tiene los recursos para mitigar el sufrimiento. Si estos ladrones de cuello blanco se dan cuenta de lo que hacen, actúan con la misma extrema crueldad y maldad que cualquier narco de cualquier cártel.

No podemos negar que durante siglos, y muy concretamente ahora, los que podemos comer diariamente y gozar de algún grado de cultura y libertad lo tenemos gracias a un sistema político y a uno económico que fomentan que el pobre siga siendo pobre —¡inclusive cada vez más pobre!— y el rico sea cada vez más rico; no podemos negar que nuestros sistemas político y económico alimentan la peligrosa fractura social que vivimos, que agrandan cada vez más la grieta entre pobres y ricos. Y mientras los trabajadores de los más bajos niveles de la estructura laboral se la rifaron con un aguinaldo de $1,407, Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, recibió un total de $890,764, según datos de Transparencia del Banco Central.

La razón que se esgrime para mantener un control carcelario sobre el salario mínimo es que subirlo más dispararía la inflación que se ha mantenido alrededor del 4%. Pero eso no es cierto. Brasil demostró que no es verdad. Durante su mandato, Lula aumentó el salario mínimo hasta 65% en cinco años, rescató a 28 millones de brasileños de la pobreza y redujo drásticamente el nivel de desnutrición del pueblo. Y a pesar de haber aumentado el salario mínimo en esos porcentajes, hizo de Brasil la séptima economía del mundo. Es que subir el salario mínimo no fue lo único que hizo. Él diseñó y llevó a cabo un plan integral de crecimiento.

El sistema actual no permite resolver el problema: lo aumenta. Sin embargo, un sistema económico-financiero que ofrezca una distribución más equitativa de la riqueza requerirá, como cualquier sistema, ser administrado por personas honradas que hagan llegar a su destino el dinero producido por la gente que trabaja. Y además, requerirá un ambiente político ajeno a la corrupción y a la impunidad.

*Escritor y colaborador del IMDOSOC.

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