Día Internacional de la Mujer (8 de marzo)

Día Internacional de la Mujer (8 de marzo)

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¿Por qué celebramos el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer?

Hagamos un poco de historia: el 8 de marzo de 1857, las obreras textiles de Nueva York dieron una gran lucha: más de 100 obreras tomaron la fábrica en que trabajaban para exigir 10 horas de trabajo en vez de 16, protestaron por los bajos salarios que recibían, por las condiciones insalubres en que se veían obligada a trabajar y por los abusos de los patrones.

La lucha duró 13 semanas bajo la proclama “Estamos en huelga por un trato humano”, la respuesta de los patrones no sólo fue el despido, sino que, para asombro de la sociedad de ese tiempo, quemaron la fábrica con las obreras adentro.

Otro hecho importante que se ha tomado en cuenta para celebrar este día fue que, en 1908, nuevamente en Nueva York, 20 mil obreras textiles (la mayoría inmigrantes) se organizaron en una huelga general, que se conoce mundialmente como “El gran levantamiento”. Ellas soportaron hambre, frío, golpes y encarcelamiento hasta ganar cambios en sus condiciones de trabajo y además rompieron con la idea de que ni las mujeres, ni los inmigrantes tenían capacidad de organizarse, y demostraron por primera vez en Estados Unidos la efectividad de una huelga general.

Más tarde, en 1910, en Copenague (Dinamarca) durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres, Clara Zetkin, una lideresa del Partido Social Demócrata de Alemania, propuso el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en homenaje a la lucha de las mujeres que fueron quemadas y a las de “El gran levantamiento”. Desde entonces, esta fecha sido conmemorada por miles de mujeres en el mundo.

En México se conmemoró este día por primera vez el año de 1932, a través de la Liga Orientadora de Acción Femenina que tenía a Elvia Carrillo Puerto como secretaria general, quien logró reunir a las principales fuerzas trabajadoras femeninas del país para celebrar este día, como Frida Kahlo, Consuelo Uranga, Adelina Zendejas, Esther Chapa, entre otras, quienes contaban con un amplio programa en el que destacaba la defensa de la soberanía nacional y reivindicaba el derecho al voto femenino.

En 1975, la Organización de Naciones Unidas reconoció este día como una celebración mundial por la realización de la Primera Conferencia Mundial de las Mujeres en México. A partir de entonces, es el día de todas las mujeres del mundo.

Hoy nos podemos preguntar qué sentido tiene celebrar el 8 de marzo. No basta con celebrarnos como mujeres, podemos aprovechar este día para reflexionar en la situación de invisibilidad, opresión, pobreza… de las mujeres y qué podemos hacer para cambiar esta situación.

  • ¿Cómo rescatamos y celebramos nuestros propios recursos como mujeres?
  • ¿Cómo perdemos el miedo y trabajamos por los derechos de las mujeres?
  • ¿Cómo estamos al lado de las mujeres que sufren las consecuencias de la injusticia, pobreza y violencia y nos comprometemos como Iglesia a denunciar estas situaciones?
  • ¿Cómo abrazamos una nueva imagen de Dios expresada también a través de símbolos femeninos, de la tierra, de la naturaleza?
  • ¿Cómo promovemos el derecho a la reflexión crítica de nuestra tradición y abordamos estudios bíblicos desde ópticas de género?
  • ¿Cómo incorporamos en nuestro hablar un lenguaje inclusivo?
  • ¿Cómo promovemos un desarrollo sostenible para todas y todos sin degradar el planeta?
  • ¿Cómo apostamos por una educación afectivo-sexual con visión amplia que posibilite el encuentro, el amor y el placer?
  • ¿Cómo reconocemos la dimensión política de la esfera privada?
  • ¿Cómo recuperamos la memoria histórica de las mujeres invisibilizadas y silenciadas?
  • ¿Cómo trabajamos por un cambio en las relaciones humanas desde la igualdad, el respeto y la democracia?
  • ¿Cómo creamos redes de mujeres, en diálogo con otros movimientos y grupos en defensa de la justicia?

En este nuevo milenio, es importante que demos un paso adelante para comprometernos cada vez con las mujeres, no podemos seguir sosteniendo y apoyando esquemas injustos del siglo pasado, es preciso preguntarnos: ¿qué puedo hacer hoy por las mujeres para ser testigo del Evangelio de Jesús?

Lee y medita la Palabra de Dios: Jn 8, 1-11: La mujer acusada y rehabilitada

¿Qué me dice hoy esta Palabra de Dios?

¿Qué actitud tiene Jesús ante la realidad de la mujer?

¿A qué me compromete el gesto de Jesús?

Este 8 de marzo, más que felicitar a las mujeres, seas mujer o varón, comprométete a unirte a sus luchas por construir un mundo más justo, más equitativo, más cristiano.

Mari Aranda