Día Mundial de la Justicia Social

Día Mundial de la Justicia Social

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“La justicia social no es “una forma de limosna”, sino “una verdadera deuda” del Estado con las familias”. Papa Francisco

A finales del año 2007 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), reconociendo la necesidad de atender al desarrollo social y la justicia social como elementos indispensables para la paz y la seguridad, decidió que a partir del año 2009 se dedicara el 20 de febrero a una jornada que promueva la dignidad humana a través de reflexionar sobre vías para erradicar la pobreza, promover la igualdad de género, el acceso al bienestar y la justicia social para todos, promover el empleo pleno y el trabajo decente.

Si bien esta fecha está cumpliendo su décima edición, la justicia social como término comienza a mediados del siglo XIX. Como todo concepto, tiene detrás una realidad, un proceso y una reflexión, que en este caso conjunta un sistema económico, la desigualdad como parte importante de sus consecuencias y una responsabilidad que involucra a la comunidad; entre otras cosas. Y será el jesuita Luigi Taparelli quien lo utiliza y “pone sobre la mesa”.

Sin duda, integrar la dignad, la igualdad y el empleo en las actuales estructuras sociales y económicas para promover la justicia social, representa un reto enorme. Uno de los grupos más vulnerados en los últimos años, han sido los migrantes; por lo que hoy la reflexión sobre la justicia social, parte de esta realidad como un eje.

Si consideramos tres indicadores base para medir la justicia social en un país, México sale “reprobado”; ya que uno de sus elementos es la igualdad, otro la armonía u orden social, y el tercero el cuidado del medio ambiente. Si además este año le sumamos el trabajo migrante como un tema importante, nos mantenemos no sólo en “números rojos”, sino con gran déficit.

De acuerdo al informe de Oxfam, en México, el 1% de la población posee el 43% de la riqueza del país; en 2002, la riqueza de 4 mexicanos representaba el 2% del PIB, doce años después, en 2014 ese porcentaje subió al 9%. De modo que el problema de la desigualdad se va acentuando y se hace necesario cuestionarnos si esta realidad tiene algo que ver con la grave y también acentuada descomposición del tejido social. Y no partimos de orden social pues las cifras de violencia, inseguridad, desapariciones y muertes en nuestro país, hablan más bien de un desorden social.

Basta hacer un análisis de la realidad y en ocasiones incluso seguir las noticias, para descubrir que muchas comunidades de nuestro país se desgastan en la lucha por la defensa de la tierra y de los recursos naturales, amenazados por empresas extranjeras; sin decir de la explotación y grave violación de ddhh que sufren muchos migrantes.

¿Panorama difícil? Sin duda; ¿Realidad compleja? En extremo; ¿Situación imposible de transformar? NO.

La conciencia sobre la necesidad de promover la justicia social como garante del desarrollo y la dignidad humana, como esfuerzo de un organismo internacional, se refuerza con la convicción y el trabajo de iniciativas de actores sociales, eclesiales e incluso gubernamentales.

Y si analizamos el caminar del Papa Francisco podemos encontrar una clara insistencia por la justicia social. Su participación en foros internacionales, sus visitas a diversos países, especialmente de América Latina y sobre todo su día a día vivido desde el encuentro con los grupos con que hoy se encontraría Jesús, vuelven a poner la justicia social como un eje en la vida de la Iglesia.

La siguiente reflexión en voz del Papa Francisco, en su visita a México, se convierte en una enorme responsabilidad para quienes queremos seguir a Jesús.

Cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano la vida en sociedad se vuelve terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte.

Entonces trabajar por la justicia social, es exigirnos todo lo necesario para construir el bien común, crear mecanismos de redistribución de la riqueza, crecer en solidaridad y trabajar juntos. Saber que todos necesitamos, para tener vida en abundancia, una serie de bienes imprescindibles y, que no poder acceder a ellos es inhumano.

1 comentario

  1.   La secuencia modificada diría: Si ha de haber paz y justicia en el mundo, Debe haber compasión en las naciones.   Si ha de haber paz y justicia en las naciones, Debe haber compasión en las ciudades.   Si ha de haber paz y justicia en las ciudades. Debe haber compasión entre los vecinos   Si ha de haber paz y justicia entre los vecinos, Debe haber compasión en el hogar.   Si ha de haber paz y justicia en el hogar, Debe haber compasión en el corazón.

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