El kerigma. En las chabolas con los pobres

El kerigma. En las chabolas con los pobres

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Argüello, Kiko, El kerigma. en las chabolas con los pobres, Buenas Letras, Madrid, 2012, pp. 138.

Con lenguaje coloquial, relata la experiencia personal de Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal. Se trata del relato en primera persona de la crisis que vivió Kiko y su conversión que sucedió al paralelo de un hecho histórico fundamental para la Iglesia, ya que se estaba realizando el Concilio Vaticano II. Kiko, entonces joven pintor, en el marco de esa crisis se encontró con una Buena Nueva: el kerigma que le cambió la vida. La crisis existencial inició desde la experiencia del ateísmo: «Intenté vivir como si Dios no existiera. Fue entonces cuando se me cerró el cielo. Se me formó encima como un cielo de cemento y la vida empezó a ser muy dura».

Kiko Argüello, quien ganó un premio nacional de pintura en su natal España meses antes de su crisis existencial, no tenía razones para vivir, a pesar del éxito alcanzado por sus obras. A punto de suicidarse, descubrió en lo profundo de su ser la existencia de Dios. Kiko Argüello en El kerigma. En las chabolas con los pobres,  cuenta: «En un momento trágico de mi existencia, entré en mi cuarto, cerré la puerta y grité a ese Dios: “¡Si existes, ven!, ¡ayúdame porque ante mí tengo la muerte!”».

«Había muerto interiormente y estaba literalmente sorprendido de que la gente fuese capaz de vivir cuando yo no era capaz de hacerlo —escribe Kiko Argüello en su libro—. La gente se ilusionaba por el fútbol, el cine… sin embargo, a mí esas cosas no me decían nada (…). Me preguntaba: “¿Pero cómo vive la gente?, ¿cómo logra vivir la gente?”. Veía a la gente normal y pensaba: “¿Pero no se preguntan: quién soy, quién me ha creado, qué es la vida?”, “¿es que la gente no se plantea esos problemas?”, “¿no será que estoy un poco loco, que soy un narcisista, un tipo raro?”. Todo esto también me lo planteaba porque sentía que tenía sobre mí como una manta mojada que me hacía buscar la verdad constantemente: “¿Quiénes somos y qué hacemos en el mundo?” Para mí no era indiferente si Dios existía o no existía, sino que era una cuestión de vida o muerte».

 En este proceso de conversión, “movido por el espíritu”, en 1964 se fue a vivir con los más pobres en los suburbios de Madrid, en las chabolas del barrio de Palomeras Altas, en la periferia de capital de España. Este hecho fundamental fue motivado por el convencimiento de que Cristo está presente en el sufrimiento de los desheredados y entre los más pobres,

En su vida, ahora sencilla, se avocó a predicar el kerigma entre los pobres, primeros privilegiados del Evangelio. El Primer Anuncio de la muerte y resurrección de Jesucristo, que los primeros cristianos anunciaban para la conversión y salvación de cada persona, fue presentado entre gitanos y kinkis de las chabolas madrileñas.

Más tarde, Kiko Argüello conoció a Carmen Hernández, y entre los pobres encontraron una forma de predicación del Evangelio, una síntesis kerigmático-catequética que dio lugar a la formación de una pequeña comunidad cristiana. Allí nació la primera comunidad  en la que se visibilizó el amor de Cristo Crucificado. El Camino Noecatecumenal tuvo ahí su origen. El entonces arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo, aceptó que se hiciera esa experiencia en las parroquias de Madrid y, más tarde, se constituyeron otras comunidades en Roma y después en otros países. Poco a poco se fue formando un camino de re-iniciación cristiana para adultos con el fin de descubrir y recuperar la riqueza del bautismo. Hoy, este itinerario de formación para describir el bautismo por etapas está extendido por todo el mundo. Kiko Argüello, Carmen Hernández y el sacerdote italiano Mario Pezzi son hoy los responsables a nivel mundial del Camino Neocatecumenal, presente en prácticamente todo el mundo.

Pero, ¿qué es el kerigma? El propio Kiko recuerda que san Pablo afirma que «Dios ha querido salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación (kerigma)» (Cfr. 1 Cor 2, 21). Podríamos preguntarnos cuál es la predicación que nos salva. ¿Qué es el kerigma? Es un anuncio que da algunas de las claves —a través de la antropología cristiana— de la situación social que se vive en la actualidad.

El libro contiene un kerigma «que pueda ayudar —dice el autor—, sobre todo por los contenidos y la antropología, al Sínodo sobre la Nueva Evangelización. El anuncio que salva al hombre. El kerigma no es un sermón, no es una meditación. ¿Qué es el kerigma? Es el anuncio de una noticia que se realiza cada vez que se proclama. ¿Y qué es lo que se realiza? La salvación. Si hoy os anuncio el kerigma, vuelve a realizarse ante vosotros la salvación (…) La palabra evangelio significa Buena Nueva, Buena Noticia. Evangelio y kerigma es lo mismo. Anunciar el Evangelio es anunciar el kerigma. Es importante poder escuchar el kerigma».

El libro es prologado por el Cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino. Cañizares señala que «el Camino Neocatecumenal (es) un don que el Espíritu Santo ha hecho a la Iglesia en el postconcilio, como vía o itinerario para la iniciación o reiniciación cristiana, y como instrumento para impulsar una nueva y vigorosa evangelización».

Él subraya que «damos gracias a Dios por las grandes maravillas que Él viene obrando a favor de su Iglesia y de la humanidad a través de este Camino, por las grandes bendiciones y frutos que por medio y a través de este Camino está derramando a favor de su pueblo: frutos de conversión, de vida cristiana, de vocaciones al ministerio sacerdotal, a la vida consagrada y a la acción misionera de la Iglesia; frutos, asimismo, de caridad, de vida conforme a las bienaventuranzas, de entrega generosa, de familias renovadas y abiertas a la vida».