Espera gozosa y reflexiva #PapaenMex

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  A manera de prólogo de la esperada visita pastoral de Su Santidad el Papa Francisco, nos ha llegado a los mexicanos como regalo un mensaje videograbado en que él respondió a algunas preguntas que le presentaron personas de distintas ciudades de nuestro país acerca de los propósitos de su viaje. Voy a darlo a conocer y a hacer algunos comentarios.

  El Papa con su ya acostumbrada actitud humilde dijo que más que a «dar» venía a buscar y a encontrar algo: «[…] No voy como un Rey Mago cargado de cosas para llevar, mensajes, ideas, soluciones a problemas…Voy a México como un peregrino…voy a buscar que me den algo…voy a buscar la riqueza de su fe, contagiarme de esa riqueza de fe…» Señaló que esa fe es el principal valor de los mexicanos: «[…] Ustedes tienen una manera de ser que es fruto de un camino muy largo, de una historia que se ha forjado lentamente, con dolores, con éxitos, con fracasos, con búsquedas». Y aunque es cierto que en la actualidad se viven tiempos difíciles en el mundo y a México le toca su parte:»[…] Ustedes están viviendo su pedacito de ‘guerra’, su pedacito de sufrimiento, de violencia, de tráfico organizado». Todo eso es real, es cierto, «[…] no quiero tapar nada, al contrario, exhortarlos a la lucha de todos los días contra la corrupción, contra el [narco]tráfico, contra la desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de personas…»

  Nos invita, pues, a una lucha y a una lucha nada sencilla, ni fácil, ni para la que tendríamos soluciones mágicas. ¿Cómo enfrentarla? Dijo algo a la vez sencillo y consolador: con ustedes está la «mujer fuerte», la Virgen María, la «madre del verdadero Dios por quien se vive» que ensancha su corazón: «[…] Tienen mucha riqueza en el corazón, no son un pueblo huérfano, porque se glorían de tener Madre y cuando un hombre o una mujer o un pueblo no se olvida de su Madre se recibe una riqueza que no se puede describir, explicar; se recibe y se trasmite. Voy a buscar un poco de todo esto en ustedes».

  Y profundizó exponiendo su propia devoción a María, a la que encontrará en la imagen guadalupana. Le preguntaron: «¿Qué representa para el Papa la Virgen de Guadalupe?» Respondió: «Seguridad, ternura. Cuántas veces estoy con miedo de algún problema o ha sucedido algo feo y no sé cómo reaccionar: le rezo. Me gusta repetirme a mí mismo: ‘No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?’. Siento que es Madre, que cuida, que protege, que lleva adelante un pueblo, que da calor de hogar, que acaricia con ternura y que te quita el miedo…Es una imagen ‘decidora’, está metida en su pueblo». Y a modo de favor pidió: «que no me expliquen nada, que me dejen un ratito solo delante de la imagen».

  Esa actitud devocional no es una evasión de la lucha ni deja fuera de nuestras manos y nuestra mente las grandes tareas del tiempo mexicano. Continuó el Santo Padre: «[…] Voy ahí para recibir lo mejor de ustedes y para rezar por ustedes, para que los problemas que ustedes saben que están sucediendo se solucionen, porque el México de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el México de los cárteles, no es el México que quiere la Madre».

  En el interior de esas palabras se encuentra el deseo y la exhortación a la paz que, de acuerdo a la definición de San Agustín «es fruto de la justicia»: «[…] La paz es algo que hay que trabajar todos los días, es más–yo diría algo que parece contradicción–¡la paz hay que pelearla todos los días!: sembrar mansedumbre, entendimiento, sembrar paz. San Francisco rezaba: ‘Señor, hazme instrumento de tu paz’. Quisiera ser en México un instrumento de paz, pero con todos ustedes…» «Y, ¿cómo se amasa la paz? La paz es un trabajo artesanal, se amasa con las manos, desde cómo educo a un chico hasta cómo acaricio a un anciano, todas son semillas de paz…La paz nace de la ternura, de la comprensión, nace o se hace en el diálogo, no en la ruptura, y esta es la palabra clave, diálogo: diálogo entre los dirigentes, diálogo con el pueblo y  diálogo entre todo el pueblo…No tenerle miedo a escuchar al otro, a ver qué razones tiene. Y, por favor, no entrar en ninguna trenza (componenda) que por ganar dinero me esclavice toda la vida en una guerra interior y me quite la libertad, porque la paz da libertad».

  De ese modo el Papa Francisco avanzó en su conversación a hablarnos de la fe que se transforma en acción, en compromiso. Espera que la fe se exprese como «callejera», es decir, en el ámbito donde se teje la vida social, la cultura, la política en el mejor sentido, no la «politiquería»: «[…] La fe tiene que ser callejera, como Jesús. Si yo pregunto, ‘¿en qué lugar pasó Jesús más tiempo de su vida? ¡En la calle!: predicando el evangelio, dando testimonio…Nuestra fe nos tiene que empujar a salir y a no quedarnos encerrados con ‘nuestro’ Jesús [con ‘nuestra’ Virgen], porque Jesús sale con nosotros y si nosotros no salimos, no sale…La fe se hace fuerte cuando es pública, sobre todo en los momentos de crisis…Que hay una crisis de fe en el mundo es verdad. Pero también es verdad que hay una gran bendición y un deseo de que la fe salga hacia afuera, que no sea enfrascada, como en una lata de conserva. Nuestra fe no es una fe de museo y la Iglesia no es un museo…Si la fe no sale a la calle no sirve, y que la fe salga a la calle no significa hacer una procesión…Significa que en mi lugar de trabajo, en mi familia, en lo que hago en la universidad, en el colegio, me muestro como cristiano…La fe tiene que ser mi inspiración para comprometerme con mi pueblo, y eso tiene sus riesgos, tiene sus peligros…que no le tenga miedo a los conflictos, sino que busque solucionar los conflictos familiares, escolares, sociales, económicos…»

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  Esos conceptos expresó Su Santidad como línea orientadora de su visita pastoral a México del 12 al 17 de este mes. Hemos de recibirlos con alegría, con gozo, desde luego. Pero hacerlos también materia de profunda reflexión.

  A todos nos preocupa la violencia, la corrupción sobre todo en los ámbitos de la impartición de justicia, de la distribución de los bienes comunes, del derecho a conocer la verdad, a que las leyes protejan a los más débiles, a que los gobernantes den cuentas a los ciudadanos. Los tentáculos del narcotráfico no han disminuido su fuerza…Todos sabemos que éstas no son situaciones distantes sino que están muy cerca de nosotros y de una manera clara en nuestro estado de Nayarit a pesar de las cortinas de humo que se propagan. Es fácil aplaudir al Papa en su paso. Verlo, oírlo y archivar su imagen y su voz. Es fácil esperar de él una denuncia o una solución que a nosotros corresponde principalmente. Sus líneas de apoyo son claras.  Sin embargo, es difícil comprometerse a vivir las consecuencias de la fe en Cristo, que es la que profesamos. Pero el compromiso es el que hará que esta venida a compartir nuestra fe tenga frutos.

Manuel Olimón Nolasco.

Domingo 7 de febrero de 2016.