Esperanza y utopía en Ernst Bloch: un mundo posible y mejor

Esperanza y utopía en Ernst Bloch: un mundo posible y mejor

Mario Alberto García Reyes*
“Lo que importa es aprender a esperar”

Bloch, El principio esperanza.
“El que espera es fiel a la tierra”
Nietzsche.

Listening to the wind of change… The future in the air… Blowing with the wind of change»1 cantaba la banda Scorpions en los 90; en cierto modo, una respuesta ante la caída del Muro de Berlín; sí, resaca y respuesta ante la herencia hostil de dos guerras mundiales, de guerras civiles y de un rostro del ser humano acongojado y deprimido, herencia potenciada también de la ciencia, la tecnología y la política. Los inicios del siglo XX dejaron a la persona humana sin esperanza, y la tecnología hizo lo suyo: avances 1 “Escuchando al viento de cambio… El futuro está en el aire…soplando con el viento de cambio”. en ciencia y lejanía entre los hombres.

Sin embargo, en 1885 el quicio de la luz comenzaba a destellar: E. Bloch (1885-1977), que al igual que Adam Shaff en Polonia, Roger Garaudy en Francia, Rodolfo Mondolfo en Italia, Erich Fromm y Herbert Marcuse en los Estados Unidos, buscaban regresarle su imagen y semejanza bajo el llamado humanismo marxista; un intento de mirar con mayor ímpetu a un futuro fortalecido de una verdadera antropología; una realidad social ulterior más humana y cálida bajo los cimientos de una utopía como esperanza, disposición esencial del ser humano. Ésta es, pues, la urdimbre: esperanza anclada ontológica y antropológicamente como estructura que declina en un instrumento simbólico imprescindible, capaz de repensar la realidad social, llamada: utopía. Es búsqueda constante, inquietud, deseo exacerbado por llegar a la plenitud de la esperanza. Esa necesidad, apetito o hambre de esperanza —como lo llamaba Bloch— es Leitmotiv que ha enseñado al ser humano a pensar, a esforzarse por descubrir que está frente al umbral de la plenitud del ser. Sabe que está allí fijando su mirada al futuro, del cual se siente atraído; tiene lo ontológicamente posible pero lo socialmente esperado, no obstante ello no impide a vivir esa aventura de transformar al mundo, como decía Marx, empero vuelto hacia el mundo. Es utopía, es ontología general del aún no, del novum. Por lo que utopía es lámpara que resplandece: a la persona humana como sujeto de esperanza, a la política como ejercicio de la esperanza y a la sociedad como espacio de la esperanza, puntos focales en este ensayo a propósito de un mundo posible y mejor.

La persona humana:
sujeto de la esperanza

Para Bloch es importante replantear a la persona humana en su dimensión dinámica. Ciertamente el existencialismo había dejado la puerta abierta en torno a que el ser humano se va haciendo; es indiscutible la visión antropológica in crescendo de J. P. Sartre con su obra El existencialismo es un Humanismo. Por otra parte, el personalismo acentuaba su celo por la persona humana, aunque faltaba algo más: una estructura ontológica que le reafirmara su postura hacia un futuro trascendente desde la esperanza. Del mismo modo, el materialismo había dejado estragos amargos con su die Arbeit macht frei, encapsulando al hombre en una total enajenación y, por ende, una despersonalización enfatizada.

Ante todo esto, E. Bloch considera que la persona humana tiene una estructura ontológica que le apunta hacia la esperanza; se va haciendo porque: «Yo soy, pero no me poseo a mí mismo, por eso, únicamente devenimos, nos vamos haciendo».2 Por tanto, el trascender de la persona humana es el gran tema de su pensamiento,3 tomando en cuenta que es el ser humano el punto de partida. Esa frescura filosofal tiene en el trasfondo redirigirse a la existencia humana como algo inconcluso, inacabado, como ansioso a ir perfeccionando su ser deficiente. La persona humana, entonces, es un ser inquieto, despierto en hambre a lo futuro; siempre en camino y expectante, esperanzado y anhelante; es capacitas de anticipar el futuro en esperanza y en utopía.4 2 E. Bloch, Tübinger Einleitung in die Philosophie, 2 vols., Frankfurt a. M, 1963- 1964; cita, en I, 11. Tomado de: H. Küng, ¿Existe Dios?, Trotta, Madrid 2005, 533. 3 Cf. H. Küng, ¿Existe Dios?, 534. Es interesante apuntar que Bloch replantea su antropología desde la antigua sabiduría judeo-greco-cristiana con esa perspectiva humanista marxista. 4 Cf. J. A. Gimbernat, Ernst Bloch. Utopía y Esperanza, Ediciones Cátedra, Madrid 1983, 45.

La antropología blochiana tiene un aliciente ontológico: la esperanza, como algo esencial en la persona humana desde sus primeras experiencias; no es una agregado, es un principio existencial para vivir la trascendencia dentro de su misma naturaleza y orden; es posibilidad permanente de que se realice plenamente en comunión. Es esencia puesta en escena histórica y social.

El hombre como ser de la esperanza, como homo viator, que está en camino, que espera, que sufre, trabaja, sueña y piensa en una realidad mejor, más justa y más verdadera. El hombre se nos presenta como el ser que no puede conformarse con lo que hay, si es que realmente ha de ser un hombre libre y humano; […] asume en su esperanza al mundo y a los demás; asume la esperanza de la realidad toda, la nostalgia de toda la creación.5

Entonces, la esperanza como principio humano para vivir la trascendencia se hace vida en la utopía, esto es, la posibilidad permanente y futura de que el ser humano se realice plenamente en comunión, por lo que ésta se forja en una raíz eminentemente antropológica, lo que significa que hay utopía y esperanza, porque hay persona humana, y ésta con sed insaciable motivada por un mundo mejor y posible que brota de los valores humanos: bien común, justicia, dignidad, libertad y responsabilidad.

5 W. Kasper, «Utopía política y esperanza
cristiana», en: Selecciones de Teología v.
10 no. 38 (Abril-Junio) 1971, 565.

Por eso, la persona humana es sujeto de esperanza, porque precisamente nace en él, se desarrolla en él y en él tiene su raíz; no es algo secundario en su vida, es algo fontal que debe aprender: «lo que importa es aprender a esperar », expresaría el mismo Bloch en El principio esperanza. En cierta manera, es un mundo utópico de una ontología platónica que Bloch traza desde la historia y en la historia, partiendo del ser humano y para el ser humano; esperanza, en definitiva, social en una visión más dinámica que impulse construir nuevas realidades a través de la intervención humana. Si la persona humana es una obra inacabada, ello le inspira un todavía no que está en apertura, en proceso, en miras a la realidad inacabada; por lo tanto, utopía es esperanza transformadora de un mundo por fraguar, allí está, in facto, el eureka de una mejor sociedad y, en consecuencia, de un hombre mejor: «La esperanza es así principio de su sistema, principio de movilización de una humanidad que no tiene por qué resignarse a su suerte».

Bloch está convencido que el ser humano vive en tensión hacia el futuro, es el ser del más allá sin dejar de observar el más acá. Si en Marx el trabajo hace libre al ser humano, en el filósofo alemán “la esperanza hace libre al ser humano” dado que le permite entrar en un ambiente de paz y amor. De allí que sea capaz — desde su misma existencia— de hacer utopía, ya que vive para dar vida a una realidad; él está puesto en el mundo como utopía encarnada que anima a construir en la historia una humanidad perfecta. Él es sujeto de la esperanza que transforma, desde la utopía, su entorno y que escudriña su ser indigente para llenarlo de esperanza transformante y transformadora.

A. Gimbernat, Ernst Bloch…, 65.
(Die Hoffnung macht frei)

El místico de la esperanza, como algunos lo llamaban, explica que este principio de esperanza y utopía está encuadrado ontológicamente en una estructura llamada categoría de posibilidad. Ahora bien, lo posible no significa lo ficticio, lo irrealizable, sino lo que apunta como un telos hacia un futuro esperanzador; esta posibilidad, arguye el filósofo, tiene varios niveles de interpretación: a) posible formal (das formal Mögliche): lo concebible.

b) posible probable (das sachlich objektiv Mögliche): va emergiendo gradualmente a medida que se van conociendo ciertas condiciones.

c) posible objetivo, en cuanto tal (das sachhaft objektgemäss Mögliche), que tiene su fundamento en los propios objetos.7

7 Cf. J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza. Diálogo con Ernst Bloch, Sígueme, Salamanca 1980, 63. J. A. Gimbernat, Ernst Bloch…, 66-68. Es interesante cómo Bloch une al ser humano sin escindirlo de la realidad, estos niveles en el fondo escudriñan que la persona humana tiene que Ernst Bloch, parecido a Kant, muestra que el ser humano tiene como condición de posibilidad para la esperanza estos tres niveles, antes mencionados, que en el fondo es un itinerario hacia lo “aún-no-conocido” (das Nocht-Nicht-Bewusste); se incoa así una incipiente estructura de la esperanza en la conciencia, estructura consciente, con sabida en cuestión, expresando así un crepúsculo a delante que en la luz de la esperanza la conciencia dirige hacia un horizonte que se muestra más significativo.

Lo aún-no-conocido, si bien esperado, es una modalidad peculiar de conciencia (Bewusstseinklasse) que posee rasgos característicos: es conciencia referida no al pasado como la de los sueños nocturnos, sino «al porvenir»; en ella se ubica el lugar del nacimiento de la vivencia de lo nuevo (Bewusstsein des neuen).8

Esta tendencia primaria al porvenir es algo que brota de la conciencia humana, en esto se deja ver la novedad de Bloch: la conciencia utópica como horizonte ontológico.

desarrollar a priori esa esperanza que trae consigo inherentemente. Si se pone atención, el lenguaje alemán devela una carga filosófica interesante: a) lo posible formal en el original no significa lo irrealizable, más bien lo factible (por eso es: Mögliche, es decir, lo que se ha de hacer independientemente del tiempo); b) lo posible probable maneja una enfatización lo probable objetivamente ‘objetivo’ (das sachlich-objektiv Mögliche); c) lo posible objetivo que define que lo tiene el estado o sustancia apropiado para ser objetivo (das sachhaft-objektgemäss Mögliche). 8 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 20.

Es ser humano abierto en todo su ser a la esperanza. La ontología del no-ser-aún sitúa a Bloch ante el nivel más intrínseco de la conciencia humana, de él emerge la modalidad suprema de la esperanza, que nombra como: “Dunkel des gelebten Augenblicks” (la oscuridad del momento vivido); este momento primigenio externa, explica, ejemplifica el todavía no como un nuevo impulso hacia la acción; en consecuencia el hombre tiene de suyo una exigencia natural por contemplar a un mundo transformado por realidades más significativas en tanto que esperanza utópica.

Para Bloch, in nuce, el ser humano es el sujeto de la esperanza que vive desde su inherente existencia la pasión por la esperanza, que lo hace amplio, en vez de estrecharlo; de allí que el místico de la esperanza persiste en su preguntar allí donde los demás opinan que es preferible no hacerlo. El ser humano, en tanto que buscador y hacedor de la esperanza en un horizonte, que bajo la utopía se deja iluminar por el éxodo de un mundo que le toca transformar: «aparece hoy como el manifiesto del optimismo que penetra el acontecer humano cuando la meta hacia la que camina no es el absurdo o la nada, sino un futuro entrevisto como plenitud».9

La política: ejercicio de
la esperanza

La política, en su sentido más lato, evoca una actividad humana que J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 9. tiene como objetivo gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad. Para Aristóteles, el ser humano es por naturaleza un ser político, un zon politikón, lo que significa que sabe, desde su esencia, que debe buscar mejores caminos para la construcción humana. Para Bloch esto no es ajeno, puesto que sabe que el ser humano tiende hacia una mejor sociedad bajo la guía de la esperanza hecha utopía social, por lo que la política se desarrolla mediante la praxis, el ‘espacio’ de transformación de la utopía concreta.
Frente a ello «la utopía política, hoy de un modo especial, como refugio de la libertad y como salvaguarda de las esperanzas primordiales de la humanidad».10

Ahora bien, la política es el ejercicio de la esperanza como utopía social; no obstante, la utopía se debe asumir desde su sentido más original. Si bien la expresión fue acuñada por el estadista y mártir inglés Tomás Moro, Bloch la replantea, pero como algo que parte de la conciencia del ser humano dotada de “excedente” (Überschuss) que halla su expresión en las utopías sociales.11 Él sabe que vivir es hacer que la política sea el 10 W. Kasper, «Utopía política y esperanza cristiana», en: Selecciones de Teología v. 10 no. 38 (abril-junio) 1971, 564. 11 Un estudio disciplinar y concreto de la utopía, véase: J. A. Pérez Tapias, Filosofía y Crítica de la cultura, Trotta, Madrid 20002, 96-110. También un breve e interesante estudio: L. H. Silberman, H. Fries, «Utopía y esperanza», en: Fe Cristiana y Sociedad moderna, Ediciones SM, Madrid 1982, 72-88. ejercicio de la esperanza, porque se anticipa cada día un fragmento del futuro que podemos llegar a ser.12

Por tanto, la paz es la más urgente y mayor esperanza (esperanza utópica),13 de allí que la política se esfuerza, desde los anhelos más profundos de la persona humana, a hacer de la política una paz utópica. En este sentido, Bloch «intenta dirigir la atención sobre todo hacia los objetivos revolucionarios con vistas a un cambio radical de la sociedad, tal como lo exigen el hambre, la explotación social y el trabajo alienado».14 Él sabe que la utopía, al ser una búsqueda de un mundo mejor y posible, no tiene un puesto aún en el mundo y ello no es óbice para que se lleve a cabo, dado que es una exigencia fundada en la razón moral y política del hombre, exigencia que se plantea en virtud de su condición humana.15

Esta exigencia hacia el futuro encierra a la vez el juicio contra el mundo actual, es decir, es tratar de que el mundo presente no impida que lo esperado se vuelva realidad. De allí que la utopía anima al humanismo político que pretende construir en la historia una humanidad perfecta. Utopía, por ende, se articula con la política de 12 Cf. J. Moltmann, L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 9. 13 Cf. W. Kasper, «Utopía política y esperanza cristiana», en: Selecciones de Teología v. 10 no. 38 (abril-junio) 1971, 565. 14 J. Moltmann, L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 35. 15 L. H. Silberman-H. Fries, «Utopía y esperanza », en: Fe Cristiana y Sociedad moderna…, 89. modo inmediato, motiva e ilumina el quehacer político; es esperanza que indirectamente se convierte en motor de los proyectos políticos, mediatizada por utopías humanas, por eso la utopía es ejercicio de la esperanza porque no se escinde de la historia, más bien se elabora en el interior de la historia para hacerla espacio de esperanza; es aguijón, en consecuencia, que mueve y promueve el proceso de la historia. Si la política busca el bien común, la utopía —como línea de ello— no sólo busca el bien de todos, sino también el «summum bonum».16

El paradigma de utopía política en acción para Bloch es, sin duda, Thomas Münzer, un teólogo de la revolución (1940) que, sensibilizado por la miseria de los pobres campesinos, hace una verdadera utopía hecha vida: La vivacidad y la amplitud del debate provocado por Thomas Münzer, teólogo de la revolución, demuestra de manera evidente que el propósito de Ernst Bloch supera la descripción histórica y se sitúa al nivel de la filosofía de la historia. Para evitar que el proceso histórico no sea descrito objetivamente como la historia de la lucha de clases, sin relación con el sujeto histórico, y no desgaje a éste de toda praxis revolucionaria, reintegra en su reflexión la dialéctica del sujeto y del objeto… La historia, según Bloch, es un proceso dialéctico 16 Cf. E. Bloch, El principio esperanza, II, Trotta, Madrid 2006, 93. en el que una filosofía de la esperanza constituye el par subjetivo de las categorías objetivas de naturaleza y futuro. La dialéctica se convierte en la ciencia de las potencialidades realizables.17

  • Bajo esta luminaria, la utopía guarda tres funciones:
  • Es protesta contra la situación presente.
  • Es prospección de las posibilidades todavía no realizables en la sociedad.

Es exigente, basada en una estructura interna en la persona humana en tanto categoría de posibilidad para dar una justificación filosófica a la utopía.18 Quede claro que la política, desdela perspectiva blochiana, es dinámica,es dialéctica, es itinerario,19 por lo que exige un proceso esperanzador. Sin embargo, la utopía es lo mismo aunque no en los diferentes momentos históricos, es decir, lo único invariable es la intención hacia lo utópico: 17 Fr. Hartweg, «Thomas Münzer, théologien de la Révolution», en: Utopie-marxisme selon Ernst Bloch, 216; tomado de: J. A. Gimbernat, Ernst Bloch…, 65. 18 Cf. J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 61-62. Bloch sabe que la utopía, para tener fundamento filosófico,¿ debe construir una tendencia, una posibilidad inscrita en el hombre para que no sea pura ilusión; y una ontología de lo todavía-no para que sea una categoría de lo posible. 19 E. Bloch, El principio esperanza, II, 40.

La utopía social ha surgido, sin embargo, casi siempre en su diferencia respecto de este adormecimiento, en su diferencia respecto de esa suerte de costumbre que, bajo la infamia, incluso la más insoportable, representa la mitad de la falta de fantasía moral y la totalidad de la necedad política.20 El mago de Tubinga sabe que la política, al ser ejercicio de la esperanza utópica, también tiene su raíz en el hambre de esperanza, ya que empuja al ser humano a crear, inventar cosas, a buscar hacer una sociedad más justa y digna.21 Y en esa disposición a una sociedad mejor y posible se necesita estar bajo la trilogía de libertad, igualdad y fraternidad,22 criterios básicos en su filosofía de la esperanza de Bloch:

Libertad: como apertura a la realidad sin ninguna alienación.

Igualdad: como ilimitada polifonía de un mismo unísono.

Fraternidad: el prójimo como realización y comunicación de la libertad, propia y del otro.

En consecuencia, es un tripié de la política, sin éstos la utopía esperanzadora quedaría en la vacuidad. Estos principios son el telos de la misma esperanza porque se expresa mediante ellos. De la misma manera habrán ideologías, empero la utopía siempre será el vector donde se exprese con fidelidad al ser humano expectante: «la utopía es una crítica de la ideología dominante en la medida en que es una reconstrucción de la sociedad (contemporánea) mediante un desplazamiento y una proyección de sus estructuras en un discurso de ficción».23 Ibid., 40-41. También se pueden revisar las pp. 31-200, donde E. Bloch hace un bosquejo de las utopías sociales a través de la historia de la humanidad. 21 Cf. E. Bloch, El principio esperanza, II, 237. 22 Ibid., 131.

Por eso, en esta búsqueda del bien común, la política, enraizada en la esperanza y como ejercicio de ella, debe concretizar la utopía entendida en una dimensión temporal aunque como principio metapolítico, es decir, salir del universo cerrado, asfixiante, abriendo a nuevas y mejores perspectivas de vida humana y social; y esa es la riqueza de la utopía: siempre algo abierto y dinámica, trascendente e inmanente, intrínseco y extrínseco, posible y mejor. Si la política es órgano de bien común, debe entonces tener su fuente en la utopía: órgano metódico para lo nuevo.

En definitiva, la política debe y será ejercicio de la esperanza concretizada en utopía y, por consecuencia, utopía pacifista.24 Nunca será un paliativo sino un verdadero consuelo y pugna ante una realidad antagónica que: «clama por alivio y con más precisión sueña con él»; es un despertar, donde la esperanza ha hecho realmente una utopía encarnada, donde anima al humanismo político que pretende construir en la historia una humanidad perfecta.25

23 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 51 24 Cf. E. Bloch, El principio esperanza, II, 496. Para Bloch, cuando hace un análisis de la utopía como expresión histórica —en el bosquejo histórico— arguye que los profetas fueron la proyección más antigua de una utopía social, a propósito de la utopía pacifista y esperanzadora, se puede ver en la pág. 59.

. La sociedad: espacio de
la esperanz

Bloch está consciente que el ser humano es por naturaleza un ser social, o mejor, es «el conjunto de relaciones sociales ». Sabe que está en el mundo para transformarlo, para interpretarlo y para proyectar la esperanza, criterio filosófico social. Hay sociedad porque el ser humano la crea para ser espacio donde la esperanza se haga utopía.  De allí que considere que el mundo es un laboratorium possibilis salutis,26 donde el futuro irá cuajando una sociedad más justa y posible, esto refleja que «el futuro, cuando aparece cargado de contenidos sociales, recibe un nombre: utopía […] es la meta presentida más que conocida, no alcanzada pero sí perseguida».27

Para el Schelling materialista, la utopía concreta es hacer llegar y realizar las posibilidades inscritas en la sociedad; hay utopía porque hay una sociedad qué transformar; hay una utopía porque se busca un mundo nuevo, una sociedad nueva que bajo la esperanza ofrece resistencia al mundo dado, pero que se busca superar.28 La utopía: «transforma los postulados de la esperanza en exigencias al mundo… Los postulados de la esperanza se presentan entonces como fundamentos legitimadores de una praxis que quiere llevar a cabo el juicio a este mundo maligno».29

25 Cf. J. Batista Libano, «Utopía y esperanza », en: Selecciones de Teología, v. 30, Rev 119 (julio-septiembre) 1991. 26 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 15. 27 Ibid., 10.

Dentro del proyecto social, el filósofo concretiza un mundo mejor y posible dentro los límites del Reino, un concepto tomado de la jerga bíblica, aunque con una connotación filosófica: es el espacio donde la utopía social se desarrolla; por tal causa, Bloch sabe que la sociedad, como lugar de la esperanza, guarda precisamente este término.

El Reino, por lo tanto, es una revolución política utópica donde se puede repensar y modificar la realidad social; es una alternativa del poder existente. Puede ser una alternativa del poder o una forma alternativa de poder (Ricoeur). De manera que Bloch asume la realidad social como un proceso dinámico, dialéctico, que va construyendo nuevas realidades a través de la intervención humana. La sociedad, por ende, espacio pragmático de transformación de la utopía concreta.

28 Cf. R. Schaeffler, Filosofía de la Religión, Sígueme, Salamanca 2003, 39-41; 82-84. 29 Ibid., 203.

Ese sueño social surge a propósito de que el ser humano es esperanza planteada en la utopía; nace en su tarea de convertir a la sociedad en un verdadero Reino de justicia, paz, con mejores y mayores caminos de libertad, igualdad y fraternidad. La utopía social labora: como una parte de la capacidad de asombrarse y de encontrar tan poco evidente lo dado, que sólo su transformación parece entrar por los ojos. Como modificación hacia un tipo de sociedad que, como dice Marx, no sólo pone fin al aislamiento de la comunidad política, sino también al aislamiento del ser humano… Los sueños sociales se han desarrollado con una gran cantidad de fantasía […] Este último sueño social se encuentra ahora a la altura de la conciencia y se convierte así, penetrado de planificación, en un despertar social.30

Por lo que utopía social es el despertar ontológico y antropológico que pone la mano en movimiento; es llevar hasta el fin un mundo que necesita de verdaderos y congruentes cambios,31 reconoce que tiene un compromiso inherente dado que debe transformar el presente vislumbrando al futuro para actuar e innovar, primero combatiendo lo negativo para erradicarlo y oponiéndose activamente a lo que no debería existir. En este tenor, la utopía y la esperanza son dos ejes donde la libertad humana llega a su plenitud, que puede ir más lejos de lo existente.

30 E. Bloch, El principio esperanza, II, 41-42. 31 Ibid., 461.

Bloch considera que ese Reino es el espacio pleno de la esperanza donde se revela la hermosura del futuro, para ello la utopía aporta la semilla que habilita el vivir en esperanza:32 «las ilusiones y sus bienes que nunca han existido, han escapado de la caja de Pandora, pero permanece la esperanza realmente fundada, donde el hombre es hombre para el hombre y el mundo puede convertirse en patria para el hombre».33

De esta manera, la sociedad viene a desvelarse como un espacio más abierto donde las relacioneshumanas se forjan a través de la esperanza y la utopía, los dos brazos para un futuro más posible mejor. Así será la sociedad, núcleo y fundamento de la esperanza en una dimensión antropológica y moral donde la libertad se respeta porque el soporte humano lo exige desde su misma esencialidad, por lo que sociedad será la imagen del reino de la libertad.

La sociedad, utópica, blochiana es un humanismo donde homo hominis homo est; que abrirá las puertas para la más grandiosa mediación posible; es utopía como condensa ción objetiva de lo que está por venir. Se podría disentir respecto ello, pero si la sociedad está in crescendo, el futuro es lo que exige que sea más justa, digna y perfecta.

32 J. A. Gimbernat, Ernst Bloch… 21. 33 E. Bloch, El principio esperanza, 390; tomado de: J. A. Gimbernat, Ernst Bloch…, 97.

La función de la sociedad es crear vínculos de amistad entre los seres humanos, buscando

formar una infraestructura donde éstos, basados en el bien común, alcancen sus necesidades

corporales y espirituales; por eso, si para Tomás de Aquino era la amistad de benevolencia

la materia de la sociedad, en E. Bloch será la esperanza, dado que es ya una estructura ontológica y antropológica; en otras palabras, ya hay sociedad porque el ser humano está abierto, desde su ser, a la esperanza. Es una exigencia connatural que sabe que debe hacer más amplia la esperanza entre los seres humanos, o bien, que todos contribuyan a que se haga sueño esa tan ansiada y ontológica necesidad esperanzadora y utópica.

Entonces, es la sociedad donde se debe poner en praxis esa tan ansiada sed esperanzadora; es el lugar y el espacio donde la persona humana pone manos a la obra utópica, es la dimensión hecha carne del aún-no que está en el alba, es el impulso del hombre hacia la acción; es redirigir la mirada a lo que tanto anhela y que está por llegar. Para Bloch, la sociedad es el Reino donde las clases sociales son innecesarias porque la esperanza es un lenguaje univer sal donde los seres humanos crecen en plenitud y equidad. En este sentido, la sociedad es «el llevar hasta el fin… el específico paisaje desiderativo en las filosofías, es decir, la perfección».34 Por eso, para Bloch la utopía concreta es hacer llegar y realizar las posibilidades inscritas en la sociedad, en tanto que élan vital y élan social.3

En última situación: la sociedad blochiana es el éxodo del pueblo que tiende hacia un telos esperanzador; es un Reino donde los seres humanos son hermanos en la esperanza y desde la esperanza, forjados y unidos por la utopía concreta donde «Dios es la palabra para expresar el contenido de las esperanzas más profundas de la persona humana y de la historia».36 Es vida digna lihecha sociedad abierta a un futuro más pleno, convincente y perfecto; es utopía y esperanza; es persona humana, es libertad, es: E. Bloch.

34 E. Bloch, El principio esperanza, II, 461. 35 Cf. J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 74. 36 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 25. Es interesante anotar que el filósofo es uno de los pensadores coetáneos de transformación de la religión en filosofía, como lo explica R. Schaeffler en su obra Filosofía de la Religión, en las pp. 39-41; 82-84 y 203, donde Dios pasa por un filtro exento de sincretismo, ídolos o ideologías adversas al mismo criterio de esperanza. La óptica de Bloch es un camino al sumo bien desde una praxis de la utopía concreta, para ello arguye que “donde hay esperanza, hay religión”; es ella, por ende, manifestación de laesperanza, es trascender sin trascendencia, en donde se intenta depurar toda mitificación, ilusión, utopismo — no utopía, ojo— en un humanismo libre de toda alienación, véase: H. Küng, ¿Existe Dios?, 536-538. 37 Ibid., 151.

A manera de conclusión

A los 76 años, E. Bloch, habitando en Tubinga, expresaba un discurso de recepción que versaba: “¿Puede quedar defraudada la esperanza?, a lo que él contestaba: ‘en efecto, puede y quedará defraudada, para honra suya; de lo contrario, no sería ya esperanza’”.37

El camino esperanzador y utópico de Bloch es un incentivo y un retomar el valor ontológico y antropológico que resguarda el término ‘esperanza’. Sin duda, el místico de la esperanza le dio su lugar al ser humano, situándolo desde la esperanza y en la esperanza, no como algo externo a él, sino como un principio netamente ontológico que deja ver que la utopías de hoy se pueden convertir en las realidades del mañana, y que el ser humano —poseído de tal esperanza— se niega a salir simplemente de la sociedad y de la realidad existente; tampoco quiere refugiarse en un espiritualismo o misticismo, ni se contenta con una existencia para-social en las nubes; más bien, pone los pies sobre la tierra asumiendo su esperanza al mundo y a los demás, por eso como decía el mismo Bloch: «lo que importa es aprender a esperar», y eso es apostar por algo en que se trascienda a sí mismo, por una posibilidad que esté más allá de todas las posibilidades.

bre de toda alienación, véase: H. Küng, ¿Existe Dios?, 536-538. 37 Ibid., 151.

«Bloch persiste en su preguntar allí donde los demás opinan que es preferible no hacerlo»,38 se arriesga, pues, a apostar por el ser humano, sabiendo que lo está poniendo en el umbral de una sociedad mejor y posible; lo pone ante el pórtico de una libertad más plena, donde los seres humanos son hermanos de los demás, dado que por naturaleza está inscrito este devenir esperanzador. En última instancia: Bloch es el filósofo que busca refrendarle su esperanza a la persona humana; contempla al ser humano y sabe que la esperanza existe porque él está insaciable en su existencia, tiende al futuro sin despegar los pies en la tierra, es fiel al mundo pero con miras a algo más perfecto y justo. Es el aguijón que mueve el proceso de la historia. Es el manifiesto del optimismo que invita al ser humano a seguir esperando, convencido de que cada día anticipa un fragmento del futuro que está por llegar.

*Teólogo de la Universidad Iberoamericana.38 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 190.

 

 

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