La creación del concepto: la ilusión que toma forma

La creación del concepto: la ilusión que toma forma

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Durante 1982, varios empresarios y profesionistas católicos12 asumieron su misión como laicos comprometidos para detener “el deterioro y la crisis moral” que atravesaba la humanidad, concretamente México. Sin duda, en los generadores de la creación del IMDOSOC, las ideas sobre el compromiso social, su vinculación con la doctrina social de la Iglesia católica, el interés por mejorar las condiciones del país, eran motivaciones para lanzarse en un proyecto mayor. La biografía de Lorenzo Servitje13 da cuenta de ello. Una vida entregada al trabajo, a la familia, pero también al servicio de los demás, queda plasmada en algunas de sus reflexiones; en mayo de 1955 escribía: tengo la obligación y siento la necesidad de dar mi esfuerzo y compartir mis recursos. No es posible seguir así, el campo de acción es muy vasto. Hemos decidido cooperar en la educación de los niños, ayudar a formar generaciones de hombres mejores. Ese será nuestro campo de acción. Tengo que lanzarme a ello con el ardor de una causa, con los mismos recursos y el mismo entusiasmo mostrado en nuestras empresas.14

En 1962 se integró a la Unión Social de Empresarios Mexicanos (USEM), cuyo propósito era el de “conocer y aplicar el pensamiento social cristiano”.15 La idea, comenta Servitje, “no era crear obras de carácter social, sino estudiar la doctrina para implementarla en nuestra vida y en nuestras empresas. El énfasis no estaba en el dogma ni en el culto católico, sino en la moral social de la Iglesia, una disciplina que, quizá, ha sido el secreto mejor guardado de la Iglesia. Desgraciadamente muy pocos la conocen, y es tan rica que puede ser estudiada y aplicada por cualquiera, independientemente de su religión”.16 Su preocupación social se hizo mayor a la luz del Concilio Vaticano II, cuya insistencia en la opción preferencial por los pobres hizo mella en su vida personal. “Teníamos que pugnar por un cambio de mentalidad, una transformación social positiva y duradera que, sustentada en un mayor sentido de responsabilidad, evitara los excesos y la frivolidad”.17 De la doctrina social ensalzaba conceptos como respeto a la dignidad de la persona, el bien común, la solidaridad y sobre todo la subsidiaridad “un concepto genial que consiste en dar cada día más oportunidades de información y decisión a los niveles inferiores para promover su madurez y crecimiento, su responsabilidad y desarrollo”.18

Después del movimiento del 68 se reunió con algunos amigos empresarios para fundar el Instituto Mexicano de Estudios Políticos (IMEP), como con Salvador Domínguez, compañero de la Confederación de Cámaras de Comercio; Bernardo Pacheco, miembro de la UDEC;19 Raúl Medina Mora, Presidente del Movimiento Familiar Cristiano. La finalidad de este instituto “era estudiar la realidad política mexicana y tener un foro de discusión académica que nos permitiera entender los sucesos cotidianos”. También participaron en sus inicios Francisco González Pineda, Jaime González Graf, Juan Molinar Horcasitas y Arturo Sánchez Gutiérrez.20

Este grupo de hombres pensaron en la creación de un centro donde se investigara, enseñara y difundiera la doctrina social cristiana, “en contribuir a generar seres humanos con mayor integridad moral y capacidad para mirar a los otros,21 ambición que había sido sembrada por Efraín González Morfín y el padre Pedro Velázquez, en algunos de ellos.

El Padre Velázquez22 fue motor importante de ese grupo y un orientador vanguardista que veía la necesidad de la participación del laicado con compromiso y conciencia social para la resolución de los problemas que afectaban al país. Asimismo, Salvador Domínguez destaca la presencia de Efraín González Morfín, como un intelectual que aportó grandes ideas; Andrés Latapí quien ya había tenido iniciativas semejantes; al padre Luciano Rivas Picorelli, quien participó muy cercanamente; desde el punto de vista teológico-académico; Salvador Villaseñor, Rogerio Casas Alatriste, Manuel S. Gómez Granados, Mariano Azuela, Ignacio Mariscal, Bernardo Pacheco, así como Alberto Parás y su esposa Leticia, entre varios otros. Este grupo estaba conformado en su mayoría por empresarios mexicanos, católicos y con un sentido social profundo. Coincidían en que los problemas económicos, sociales y políticos “se debían principalmente a la ausencia de una formación que pudiera generar una convivencia más humana, ordenada, libre y justa”.

La idea inicial del grupo partía de que quienes intervenían o influían en la toma de decisiones tanto en el mundo político, como en el económico y social, “carecían de una formación sólida para ejercer responsablemente sus funciones, y supusimos que la doctrina podía contribuir para generar un México de mayor paz y justicia, para ser una plataforma de entendimiento y concordia”.23

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