¿Qué es la doctrina social de la Iglesia?

¿Qué es la doctrina social de la Iglesia?

El magisterio eclesiástico usa la expresión ‘doctrina social de la Iglesia’ sin dar una definición puntual de la misma, ya que son características de esta doctrina la permanencia y la renovación. Esta doctrina se mantiene perenne en la inspiración de fondo (Sagrada Escritura) y cambiante en la expresión, comprensión y respuestas a las nuevas situaciones y circunstancias; al mismo tiempo, la doctrina social de la Iglesia aprende del dinamismo de la historia y del avance del conocimiento humano todo aquello que le permite profundizar, relacionar y ampliar el mensaje de la Revelación.

A continuación presentamos algunas de las definiciones que dan algunos estudiosos de la doctrina social de la Iglesia y que nos permitirán conformar nuestra definición personal:

 

“Es un proceso abierto de reflexión hecho desde la sensibilidad cristiana cuando ésta se implica, mediante la acción y el compromiso, en una realidad social siempre cambiante”.
(Ildefonso Camacho Laraña, S.J.)

“Es la ética social que expresa las exigencias del Evangelio en los distintos momentos históricos y se encuentra con las ciencias y los quehaceres humanos en fecundo diálogo”.
(Manuel Gómez Granados)

“Es un instrumento de interpretación cristiana de la realidad. En ella encontramos el verdadero sentido de la persona humana, de los bienes creados, de las relaciones sociales, de la política, del progreso, del trabajo y de la técnica”.
(Sergio Bernal Restrepo, S.J.)

“Es la expresión autorizada de una conciencia que se forma y se desarrolla colectivamente en el seno de la Iglesia frente a las realidades sociales”.
(P. Pierre Bigó)

“Es la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial”.
(Juan Pablo II)

De las definiciones anteriores podemos inferir que el objetivo principal de la doctrina social de la Iglesia es interpretar las realidades temporales, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación terrena y a la vez trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana. Por lo tanto, no pertenece al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral.