La fundación del Instituto

La fundación del Instituto

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De ahí la responsabilidad de formarlos en reuniones informales que se celebraban en el restaurante Sanborns de Polanco, así como en las oficinas de Salvador Domínguez Reynoso,24 poco a poco se fue perfilando lo que más tarde sería el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana. El 14 de diciembre de 1982 se llevó a cabo la primera reunión formal25 en la que se acordó la formación de un instituto, cuya identidad debería incluir a la doctrina social cristiana, aunque se debatía si era necesario aclarar si se refería a la doctrina pontificia o del Magisterio de la Iglesia y por tanto no se tenía la certeza de cuál debía ser el término más apropiado. En esta reunión se fijaron igualmente los objetivos y se pensó ya en su organización mediante un patronato, un consejo, una división académica y una división administrativa.26

El párrafo de la primera asamblea expresa claramente las preocupaciones que tenían en mente los participantes: “… el debilitamiento de la conciencia de lo que debiera ser el orden social, el apego irrestricto a los bienes materiales, la grave crisis, deterioro y aún pérdida de valores morales, la brecha cada vez mayor entre pobres y ricos, el brote de ideologías materialistas, las injusticias, la corrupción y el desquebrajamiento (sic) de muchas de nuestras estructuras económicas, sociales, políticas culturales y religiosas”.27

Un punto complicado fue presentar el proyecto a los integrantes de la clerecía a quienes les “parecía insólita nuestra propuesta, quizá un tanto utópica”, puesto que ideológicamente no la ubicaban. Sin embargo, para estos laicos quedaba claro desde entonces, que el Instituto debía tener “principios categóricos en cuanto a la ortodoxia. Ni teologías de la liberación ni regímenes de seguridad nacional ni radicalizaciones sean de izquierda o de derecha; ni capitalismo salvaje, ni marxismo radical”.

El poco o nulo conocimiento que del nuevo organismo se tenía hacia el exterior se hizo patente en el comentario que Vittorino Girardi hizo de su primer encuentro con el IMDOSOC cuando señalaba:

Un día, estando con el rector de la Universidad Pontificia, el padre Medina, después de un año de vida de la misma Pontificia… sobre su mesa apareció un Ideario del IMDOSOC y justamente con el Ideario una invitación a que alguien de la Pontificia se hiciera presente. Propiamente la invitación era para él. Me dijo, “Vittorino, yo no conozco este movimiento”, lo veíamos todavía como un movimiento. “Veo que detrás están los empresarios; la Universidad Pontificia acaba de nacer, por lo que no quisiera que mi presencia diera un mensaje manipulable, por lo cual, ¿no quieres ir tú?”. Le dije, “sí, acepto”.28

A pesar de la claridad que se tenía de una estrecha relación con la Iglesia, y sobre todo con su doctrina, también se puntualizaba que el Instituto debía ser autónomo, aunque mantuviera comunicación y comunión con el Episcopado.29 Por ello buscó desde sus inicios la comunicación con el Cardenal Ernesto Corripio Ahumada y con Mons. Carlos Talavera, obispo auxiliar de México, quienes fueron un fuerte apoyo para la institución,30 e incluso propusieron que se involucrara a los obispos auxiliares de la Arquidiócesis de México, Mons. Enrique Martínez y Mons. Alamilla.

El Cardenal Corripio puso dos condiciones para su aceptación: el primero la autonomía “para que pudiéramos servir a todos los movimientos, obispos y congregaciones, sin que nos etiquetaran con un sector determinado; y el segundo que para mantenernos no le fuéramos a pedir dinero a la Iglesia, siempre en déficit” (sic).31

Con una visión indudable de los problemas y del compromiso de los laicos como parte de la Iglesia, este grupo tomó en cuenta algo que otras organizaciones habían dejado de lado: el seguimiento de la doctrina social cristiana, esa propuesta que tenía la Iglesia para que los laicos contribuyeran, entendiéndola, a aminorar los problemas de la condición humana. La propuesta de la nueva organización era innovadora, en tanto que desde una perspectiva moderna incluía en sus objetivos la investigación, el estudio, la enseñanza y la difusión de la doctrina social cristiana, para dar solidez a su trabajo.

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