Panel: “La pobreza y el cambio climático. Presentación de la Encíclica Laudato...

Panel: “La pobreza y el cambio climático. Presentación de la Encíclica Laudato Sí”

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Participación ciudadana para una ecología integral
Dr. Mauricio Limón, Especialista en temas de sustentabilidad.

En primer lugar esta encíclica,  hace un llamado a analizar la ruptura entre la casa que habitamos, la ecología y la casa que administramos, economía, las dos tienen la misma raíz epistemológica, porque las dos tienen que ver con la casa común, por eso no es una encíclica sobre medio ambiente, el Papa se ha cuidado mucho al decir que es el cuidado de la casa común y no podemos por un lado cuidar el medio ambiente y por otro lado tergiversar o descuidar, a los seres humanos, y la economía y la ecología de manera interrelacionadas es como nos van a dar esta armonía. Es uno de los temas transversales que plantea la encíclica.

Los planteamientos sobre el ambiente, están estrechamente vinculados con las reivindicaciones de los más pobres, habla de una ecología integral, hay una apuesta educativa orientada a liberarnos de la actual cultura del descarte, cuestiona el paradigma como lo hemos escuchado a lo largo de la mañana, del poder económico tecnológico y trata de reconsiderar el modo de entender el desarrollo, estos son los planteamientos a mi juicio que van permeando a lo largo de  toda la encíclica por eso no es una encíclica sobre medio ambiente sino una aportación al debate respetuoso del mundo y del tipo de vida que queremos.

Como participar para que todos estos temas funcionen, y claro hay dos temas fundamentales, la participación  ¿qué es la participación? Y ¿qué es la ecología integral?

La participación es afrontada desde dos temas, desde un punto de vista, de su raíz etimológica, que significa: tomar parte en algo, desde el punto de vista filosófico: significa poseer de modo limitado, imperfecto, algo que se haya en otro de modo total, ilimitado y perfecto.

La primera participar en algo, la encíclica dice participemos, tomemos parte en el cuidado de la casa común, por otro lado también, la encíclica nos habla de nuestra posición respecto de la creación, somos criaturas, pero no una criatura como todas las demás, somos una criatura que tenemos una dignidad, y una participación, en algo que es perfecto, que es de Dios y por tanto podemos ser co-creadores, el pecado rompió esta relación con Dios, con los demás y con la naturaleza, y por eso podemos con nuestra libertad, pasar a una vida de liberación, de crecimiento, de salvación y amor; o por otro lado de una decadencia o mutua destrucción. En ambos casos, en ambas formas de participar,  la cuestión ambiental, se sitúa en el marco del reconocimiento, del otro.

Ahora bien, cuales son los principios orientadores de la participación, todos los que estamos aquí participamos en algo, y participamos como ONGS, como cámaras empresariales, como académicos, como religiosos, como profesionistas independientes, etc; pero queremos participar, queremos tomar parte en el cuidado de la casa común. Y lo hemos hecho, les propongo algunas reflexiones que el Papa considera, respecto de la participación:

El primer criterio,  el tiempo es superior al espacio,  esto qué significa, que lo importante no es la conquista de espacios, lo importante es generar historias, generar pueblo, echar a andar una historia que cambie realidades y esa historia tiene un tiempo, y este tiempo es superior al espacio, porque el tiempo nos abre a la plenitud, porque el tiempo nos abre un horizonte, en cambio el espacio, es limitado, es acotado, es una curul, es una silla, es algo ahí, pero de que sirve conquistar un espacio, si desde ahí no hecho a andar historias, si desde ahí no creo pueblo, no creo ciudadanía; por eso este principio; del tiempo es superior al espacio; significa no obsesionarse por los resultados inmediatos, porque obsesionarse por los resultados inmediatos significa violencia, porque quiero ver en mi tiempo, los resultados que yo deseo; y esto lo hemos visto, en por qué tanta pugna, cuando todos queremos lo mismo, todos queremos cuidar la casa común,  pero hay tanta pugna entre ONGS con el gobierno, con los académicos por el otro lado, etcétera, que  a veces queremos adelantar, queremos ver en nuestro tiempo, los resultados, sin darnos cuenta que lo importante es el proceso.

Dice el Papa, la miopía de la construcción de poder, detiene la integración de la agenda ambiental, con mirada amplia en la agenda de los gobiernos, se olvida así que el tiempo es superior al espacio, que siempre somos más fecundos, cuando, nos preocupamos por generar procesos más que por dominar espacios de poder: Mi propuesta entonces desde esta línea, desde este primer principio, es participar, en la generación de historias y procesos que construyan pueblo, para eso se requiere paciencia, para eso se requiere visión de largo plazo, no tratar de imponer resultados, preocuparse a veces más por conquistar espacios de participación que la participación misma.

Siguiente principio: la unidad es superior al conflicto, frente a esto hay tres maneras de ver el conflicto, unos lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos simplemente, otros, entran en el conflicto y se quedan prisioneros de ellos, es más viven de ellos; la otra es aceptar, sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en un eslabón del nuevo proceso.; y sufrir el proceso a veces, son sufrimientos muy dolorosos, a veces va la honra, a veces va la palabra, pero el otro, no respeta y ese conflicto, nos mete al conflicto sin podernos salir del conflicto. No es apostar por un sincretismo, también, tampoco a ver quién es el más fuerte en la luchita de fuerzas.

Mientras dice el Papa, unos se desesperan solo por el rédito económico y otros se obsesionan, solo por conservar y acrecentar el poder, lo que tenemos son guerras o acuerdos espurios, donde lo que menos interesa a las dos partes, es conservar el ambiente y cuidar a los más débiles; aquí también vale que la unidad es superior al conflicto, participar en logros, en lograr acuerdos para transformar realidades, no llegar a sincretismos, que solo provocan conflictos posteriores o quedarse en el conflicto para vivir en él, estos dos principios tienen un reto enorme en materia de conservación, en materia de conservación de especies protegidas, en materia de conservación de áreas naturales protegidas, porque queremos, sin esa visión de largo plazo, queremos que se conserven hoy, sin tomar en cuenta los procesos.

Nadie quiere, ningún gobierno quiere, que la vaquita marina se extinga, en su gobierno,  y por eso han tomado a veces decisiones, que no importa el proceso, con los pescadores sino imponer la conquista del espacio, la conquista del poder, por eso a soltar dinero, el problema es que eso no es sustentable, el problema es que cuando se acabe del dinero? Si los procesos de los pescadores, no hubo un involucramiento de los propios pescadores, pues cuando se vaya el dinero, se va a acabar la especie, pero no importa, eso le tocará al siguiente gobierno.

O por ejemplo en materia legislativa, o de normas oficiales mexicanas, como se ve esas luchas de poder, en ese conflicto, y se llegan a veces a acuerdos sincréticos, leyes que no responden a nadie, normas oficiales, que no responden a nadie y son una lucha entre un gandalla contra otro gandalla, a ver quién fue el más gandalla y queda eso un bodrio, que no sirve para nada.

Tercero, la realidad es superior a la idea, y es que la realidad es, la idea se construye, y para acercarte a la realidad,  necesitas un diálogo con todos; no puede quedar alguien excluido porque entonces tu deseo sincero de conocer la realidad, es decir la verdad, pues pasa un segundo lado; y aquí podemos ver por un lado, una manera digamos como dice el Papa en la Evangelii Gaudium, maneras globalizantes de diluir la realidad, como son los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, iluminalismo declaracionista, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los ceticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría.

A lo que se convoca y lo que realmente convoca es la realidad iluminada por el razonamiento, por eso, el Papa dice: La fragmentación de los saberes impide encontrar caminos adecuados para resolver los problemas del ambiente y de los pobres. Una ciencia que pretenda ofrecer soluciones a los grandes asuntos, necesariamente debería sumar todo lo que ha generado el conocimiento, en las demás áreas del saber, incluyendo la filosofía y la ética. En la realidad concreta que nos interpela, aparecen diversos, síntomas que muestran el error, como la degradación del ambiente, la angustia, la perdida del sentido de la vida y de la convivencia; así se muestra una vez más que la realidad es superior a la idea. Se trata entonces de participar para poner en diálogo, el lenguaje científico, técnico con las culturas locales, el derecho, la filosofía, la religión, es necesario el diálogo entre la fe y la ciencia. No fragmentar los saberes y no fragmentar los problemas, se trata de no imponer, ni obstaculizar el saber.

Siguiente y último: Principio orientador de la participación, que les propongo que el todo es superior a la parte. Y aquí en un mundo globalizado podemos saber con más claridad este tema.

Por un lado está la globalización y por otro la localización la globalización por un lado, si nos quedamos ahí anclados, va a ver ciudadanos que vivan en un  universalismo abstracto, lo vemos lejos, el cambio climático, pues sabrá Dios quién lo podrá resolver, es algo allá muy complejo, y por otro lado: la localización nos sitúa, en un museo folklórico, de ermitaños localistas,  estamos todos sin tener una visión superior, se trata pensar globalmente pero actuar localmente. El todo es mas que la parte, y también es más que la mera suma de ellas,

El Papa dice al respecto:

Hoy el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente. Hay una interacción entre los ecosistemas y entre los diversos mundos de referencia social, y así se muestra una vez más que «el todo es superior a la parte». (Papa Francisco. Laudato Si’. 141)

Se trata de participar para ver el conjunto pero actuar anclados a la realidad, no atender el problema del medio ambiente de forma aislada o globalizante. El Papa Benedicto XVI, en la encíclica Caritas in Veritates, decía que el libro de la naturaleza es uno e indivisible, tanto en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales; los deberes que tenemos con el ambiente,  están relacionados con los temas para con la persona, considerada en si misma y en su relación con los otros, no se puede exigir el deber de respetar la naturaleza y conculcar los que le debemos a la persona, es una grave antignomia de la mentalidad y de la praxis actual que envilece a la persona, transtorna el ambiente  y daña a la sociedad.

Termino con palabras del Papa:

“Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.” (Papa Francisco. Laudato Si’. 139)

Pobreza y conversión ecológica.
Fray Luis Javier Rubio, Rector del Instituto de Formación Teológica Intercongregacional de México.

El tema que voy a tratar yo es: «Pobreza y conversión ecológica»

Cómo ya hemos dicho la encíclica fue presentada ante los medios de comunicación el día 18 de junio de 2015 es la «Laudato sí», y que lleva como subtítulo «sobre el cuidado de la casa común».

Y aquí lo importante es que constituye un documento de la doctrina social de la Iglesia y esto es importantísimo porque hablar que pertenece al cuerpo de la doctrina social de la Iglesia tiene que ver lo que habla sobre la justicia, sobre el cuidado de la dignidad humana, es decir cómo ya lo han dicho en otros momentos no solamente tiene que ver con una cuestión ecológica simplemente hasta ahí, sino que tiene que ver con todo el desarrollo de la vida del ser humano, y entonces va a hacer una especial punto, una especial atención hacía los más pobres que son según palabras del Papa, «Los que más sufren las consecuencias de los daños ambientales».

El problema ecológico los tenemos en la estructura que nos presenta el tema, esta encíclica pues se divide cómo ya se ha dicho en 6 capítulos, no los voy a recordar porque ya se han dicho, pero a mí los que me interesan más son el capítulo 4, 5 y 6; especialmente el capítulo 5, donde el Papa emprende un diálogo honesto a todos los niveles de la vida social, para que facilite el proceso de decisión transparente lo que se llama la conversión ecológica.

Lo que hay que decir es que la encíclica es una reflexión muy profunda porque lo que dice el papa subraya las raíces humanas del deterioro ambiental de nuestro planeta, es decir el Papa no se queda en una denuncia de la situación actual en materia de ecología, si no que descubre sus raíces más profundas, lo que nos está diciendo el Papa es que existe en lo profundo un extravío antropológico, el hombre se encuentra desorientado, es un ser humano que se siente y actúa cómo dueño de la creación, no acepta su papel de criatura y entonces solo se preocupa por sí mismo.

Esto es terrible, entonces esto se constituye en un problema ético, ¿Por qué?, porque el problema está en los valores que hoy defiende nuestra civilización, ellos son los que inspiran las acciones en contra del medio ambiente y de un desarrollo sostenible, por eso las medidas jurídicas, económicas y técnicas no serán suficientes para resolver los problemas que plantea el desarrollo sostenible, porque cómo decimos el problema es de carácter ético y moral, y esto implica un profundo cambio en la civilización moderna, de sus típicas características de consumo y de producción especialmente cómo lo dice el documento en los países industrializados, es decir esto tiene que ver con una forma de ver al mundo, tiene que ver con una cosmovisión, es un problema que va mucho más, incluso de la ética porque tiene que ver con el ethos y el ethos es mucho más es la forma cómo nosotros nos conceptualizamos nosotros mismos en medio de este contexto en el que estamos viviendo, entonces esto tiene que ver con el paradigma de desarrollo y es que no es sólo inconsistencia humana, si no el paradigma económico y tecnológico de nuestros desarrollos, es el que da prioridad al máximo beneficio utilizando para ello todo lo creado cómo simples objetos sin valor por si mismos lo que está destruyendo a nuestro mundo, es decir estamos utilizando a la persona humana cómo medio y no cómo fin, cómo instrumento, lo estamos viendo cómo cosa, no cómo persona; el interés de la comunidad humana no puede estar supeditado por los intereses de una economía entendida como un absoluto y aquí perdón por lo que voy a decir pero «él que no conoce a Dios ante cualquier palo se inca», y esto está provocando tristemente lo que llama el Papa una economía de descarte, descartamos a uno, descartamos a otro, si no nos sirve.  Todo esto es terrible los frutos de esta visión, es lo que dice el Papa la creación de una injusticia global, que repercute de una forma dramática en las víctimas más vulnerables en nuestro planeta por eso Francisco señala que la pobreza y la condición de los pobres y excluidos esta inexorablemente conectada a la crisis ecológica y que deben ser incluidas estas personas en el diálogo sobre el modo en el que estamos construyendo el futuro de nuestro planeta, el mismo Papa habla sobre la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, con la convicción de que todo en el mundo está conectado.

Desde esta visión, desde esta lógica, los problemas que afectan a los excluidos son considerados, como daños colaterales, y evaluados, en último lugar, porque las personas que pueden hacer algo, tienen poco contacto con ellos y aquí me quiero detener un momento, para poner estas palabras, que dice el Papa Francisco, muchos profesionales, formadores de opinión, medios de comunicación y centros de poder eran ubicados lejos de ellos, es decir, de los excluidos, de los pobres, en áreas urbanas aisladas, en tener contacto directo con sus problemas, viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no está al alcance de la mayoría de la población mundial, por eso no los entienden.

Incluso dice el Papa Francisco, les da miedo el reconocer nuestra responsabilidad: “Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas. Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo”.

Finalmente otro aspecto también digno de considerar en esta dimensión es la claridad para ver como el problema de la pobreza en relación con la ecología, no sólo es problema para los sectores marginados. La carga ecológica de los pobres tiene un efecto directo sobre la comunidad entera, por ejemplo la crisis de la migración en Europa y América es parcialmente el resultado de “migrantes tratando de huir de la pobreza creciente causada por la degradación ambiental.”

Por eso  Francisco que afirma que el planteo ecológico no es sino un problema social: “Hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la Tierra como el clamor de los pobres»

Es en este contexto que el Papa lanzó en la encíclica un llamado a una conversión ecológica  explicando que ésta requiere poner a la persona humana en el centro de la economía y de la defensa del ambiente.

Dice el Papa: «Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza»

Por eso urge a un cambio de mentalidad, a una nueva cosmovisión y es que no sólo está en juego sólo o una ecología «física», atenta a tutelar el hábitat de los diferentes seres vivientes, sino también una ecología «humana» que haga más digna la existencia de los seres humanos en el ambiente humano.

Para alcanzar esta ecología humana se requiere, lo que ya se ha dicho: educación en responsabilidad ecológica. Esta educación no puede arraigarse en meros sentimientos o en deseos vacíos, sino en propiciar un verdadero cambio de mentalidad.

Por lo tanto lo que hoy nos compete es hacer frente, al gran desafío ético que afrontan las naciones y la comunidad internacional consiste en armonizar desarrollo con solidaridad  para superar tanto el subdesarrollo deshumanizador como el «sobre-desarrollo» que considera a la persona como mera unidad económica en el sistema de consumo.

El pap dice: “Los pobres deben ser escuchados en sus problemas y deben ser colocados en el centro de los programas de desarrollo sostenible nacionales e internacionales”.

En pocas palabras hay una pregunta muy fuerte, atrás de esta encíclica y es la siguiente  ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? Y es fuerte porque nos interpela por el futuro de la humanidad  ya que las peores consecuencias de nuestros actos como humanidad las sufrirán las próximas generaciones, generaciones a las que le estamos robando sus esperanzas.

En este contexto es que la encíclica “sobre el cuidado de la casa común” se convierte en una invitación, para analizar cómo habitamos cada uno en esa casa y cuáles deberían ser la acciones para revertir la actual situación de deterioro ambiental, pero no sólo a quedarnos allí sino aplicar una serie de estrategias que permitan hacer una verdadera conversión ecológica social global, sabiendo que sólo a partir de ella podemos sembrar la esperanza de un futuro mejor.

Mensaje al Senado
Federico Llamas Vidales
Universidad del Medio Ambiente
04 Noviembre 2015

Respetables Senadores y miembros de foro,

Senadora Silvia Garza Galván, Presidenta de la Comisión Especial de Cambio Climático.

Lic. Román Uribe, Presidente de IMDOSOC

Es para mí un honor hablar ante ustedes. Gracias por la invitación.

Mi nombre es Federico Llamas Vidales. Soy socio fundador y presidente del consejo de la Universidad del Medio Ambiente, la única universidad en México dedicada en su totalidad a entender y buscar soluciones a nuestros retos socio-ambientales.

Tengo un especial entusiasmo de hablar el día de hoy sobre Políticas Públicas a la luz de la encíclica Laudato Si, del Papa Francisco. A pesar de que soy una persona agnóstica, es un privilegio dar voz a un líder religioso que nos habla con la verdad. La encíclica es valiente y clara. Nos señala múltiples problemas que estamos enfrentando en todos los piases del mundo y explica sus causas de fondo.

Su mensaje es especialmente importante para los legisladores de nuestro planeta. Son quienes tienen la posibilidad inmediata de cambiar nuestro camino. Es una gran responsabilidad que el Papa pone en manos de legisladores como ustedes. En la encíclica nos dice:

“Toda la sociedad –y en ella, de manera especial el Estado– tiene la obligación de defender y promover el bien común”… La atenuación de los efectos del actual desequilibrio depende de lo que hagamos ahora mismo… ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”

Todos somos responsables, pero el estado es quien tiene la mayor posibilidad de hacer algo. Y el momento es ahora. Los problemas ambientales y sociales no pueden dejarse a nuestros hijos. Para entonces, los problemas serian demasiado grandes. Y el reto no es menor. Es especialmente atinado cuando el Papa nos dice  “estamos ante la urgencia de avanzar hacia una valiente revolución cultural”

¿Podrán ser ustedes, los miembros de esta cámara del senado, de nuestro país, quienes tomen el liderazgo en esta valiente revolución cultural? ¿Podrán ustedes hacer una diferencia en el mundo que dejaremos a nuestros hijos?

De todos los mensajes valiosos de la encíclica quisiera resaltar uno que me parece fundamental:

  1. La crisis social y ambiental es una sola y una de sus principales causas es la búsqueda de un crecimiento económico ilimitado, siendo que los recursos naturales son limitados.

El Papa menciona:

No hay dos crisis sepa­radas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental.

Las crisis de pobreza, inequidad, violencia, y destrucción ambiental son una sola. De hecho, la crisis ambiental está siendo causada por nuestro sistema social, y los afectados de esa crisis seremos los humanos, especialmente los pobres.

 El Papa reitera…

“No nos servirá describir los síntomas, si no reconocemos la raíz humana de la crisis ecológica”

Hay poca discusión ahora en los ámbitos científicos, culturales y políticos que la presencia y las actividades de los seres humanos están teniendo efectos en la salud del planeta entero. La afectación en el clima es una de estas consecuencias, pero no es la única. Hemos perdido el 30% de la biodiversidad del mundo y los sistemas básicos de nutrientes a nivel planetario están desbalanceados. Como podemos ver en esta gráfica, la pérdida de biodiversidad y el desbalance en el ciclo del nitrógeno están en rangos tan alarmantes como la situación actual del clima.

Si reconocemos una íntima relación entre las diferentes crisis mundiales, nos podemos preguntar: ¿Qué está causando estos problemas? El papa lo expresa con toda claridad y sencillez. Nos dice:

Simplemente se trata de redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso.

Aquí el secreto. Hemos adoptado a nivel global una sola definición de progreso. Calidad de vida, bienestar, bien común, lo hemos equiparado con crecimiento económico. Nuestros sistemas educativos, políticos, y culturales ahora están enfocados en un objetivo principal: crecimiento económico.

Pero el enfoque único en crecimiento económico tiene dos graves problemas:

  1. El primero es que supone recursos naturales ilimitados, lo cual simplemente no es real.
  2. El segundo es que el ser más ricos económicamente, no necesariamente nos hace más felices.

El primero de los problemas es tajante y objetivo. Simplemente no alcanzan los recursos naturales para un crecimiento económico ilimitado a nivel global. Una forma clara de verlo es entender  el concepto de la huella ecológica. Pensemos en el estadunidense promedio. El modelo que el mundo entero está tratando de seguir y alcanzar. De acuerdo a la medición de la huella ecológica, si todos los habitantes del planeta viviéramos con el nivel de consumo del estadounidense promedio, requeriríamos los recursos naturales de cinco planetas! Y evidentemente no los tenemos. Solo tenemos uno. Nuestros sistemas económicos están diseñados para maximizar el crecimiento económico e intentar que todos vivamos como ellos. Los estadounidenses son 320,000 millones de personas. ¿Qué pasaría si los 2500 millones de personas que viven en China y en la Inda efectivamente logran llegar a vivir como un Estadounidense? ¿O si los 11000 millones de personas que seremos en unos años intentan vivir como el estadounidense promedio? No hay forma que nuestros recursos naturales alcancen.

El Papa entiende esta realidad y lo expone de manera clara:

“…(nuestro sistema) supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a «estrujarlo» hasta el límite y más allá del límite”

No ahondaré más en esta limitante de los recursos naturales ya que es claro y globalmente reconocido. En este momento es el principal y casi inamovible obstáculo a un sistema que depende de un crecimiento ilimitado.

Pero hay un segundo cuestionamiento. Quizás más subjetivo, pero no de menor importancia. Este es, qué después de cierto nivel económico, tener más dinero no necesariamente nos hace más felices. Inclusive puede ser contraproducente. Es cierto que para una familia en franca pobreza, la forma más directa para mejorar su calidad de vida, es mejorar su bienestar material. Pero más allá de lo que normalmente entendemos como clase media, el aumentar la riqueza económica tiene pocos efectos en mejorar la felicidad. Una evidencia de esto es que el estadounidense promedio ha duplicado sus ingresos durante los últimos 40 años mientras sus reportes de felicidad se han mantenido estancados.

El más claro reflejo de nuestra obsesión con el crecimiento económico es la importancia que damos al Producto Interno Bruto. Es interesante saber que Simon Kuznets, quien inventó la métrica del PIB, cuando lo presentó al congreso de estados unidos en 1934, dijo:

Hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costos y sus beneficios y entre el largo y corto plazo. […] Los objetivos de «más» crecimiento deberían especificar de qué y para qué.” …Y aclaró… “Es muy limitado deducir el bienestar de una nación a partir de su Producto Interno Bruto”

Él sabía que no debíamos confundir el crecimiento del PIB con bienestar. Pero no hicimos caso, a partir de ahí, la mayoría de los países se han enfocado en el objetivo limitado del crecimiento económico.

Inclusive lo dijo más claro Robert Kennedy, dos meses y medio antes de ser asesinado, en 1968:

“El Producto Interno Bruto no mide ni nuestra inteligencia, ni nuestra virtud, ni nuestro coraje, ni nuestro aprendizaje, ni nuestra misericordia. No mide la salud de nuestros hijos, ni la calidad de nuestra educación. No se preocupa por evaluar la calidad de nuestros debates políticos, ni la integridad de nuestros representantes. No tiene en cuenta nuestro valor, sabiduría o cultura. El PIB mide todo al detalle, excepto lo que da verdadero sentido a nuestra vida”.

El papa comenta al respecto:

…la exclusión social, la inequidad en la disponibilidad y el consumo de energía y de otros servicios, la fragmentación social, el crecimiento de la violencia y el surgimiento de nuevas formas de agresividad social, el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los más jóvenes, la pérdida de identidad. Son signos, entre otros, que muestran que el crecimiento de los últimos dos siglos no ha significado en todos sus aspectos un verdadero progreso integral y una mejora de la calidad de vida”

Ahora bien, ¿qué alternativas hay a esta obsesión con el crecimiento económico ilimitado? ¿Qué se puede hacer desde la perspectiva de política pública para adaptar nuestro sistema económico a una realidad en donde la población humana se ha multiplicado, la naturaleza se ha devastado, las inequidades crecen y la calidad de vida se estanca?

Como bien nos dice el Papa, debemos redefinir lo que es desarrollo. Y es lo que está sucediendo en diferentes partes del mundo:

El Buen Vivir del Ecuador, la medida de Felicidad Nacional Bruta en Bután, la Economía del Bien Común en Austria, los pueblos en transición de Inglaterra, las economías locales del oeste de Estados Unidos, Costa Rica como el país más sostenible del mundo, el surgimiento de las empresas de impacto, el Happy Planet Index del New Economics Foundation, Human Development Index de la ONU, las reivindicación de las comunidades indígenas  en Latino América, son todos ejemplos de  exploraciones para encontrar alternativas urgentes al sistema depredador actual.

De todos estos ejemplos  y alternativas que menciono, quisiera resaltar tres políticas públicas que pueden atender la raíz del problema.

  1. Medidas Alternativas al PIB. Urge instaurar oficialmente métricas más amplias y sensibles que el PIB, integrando en el mismo la contabilidad de la huella ecológica. Por ejemplo, el Happy Planet Index mide calidad de vida en relación a la huella ecológica del país. Así, se convierte en una definición de progreso más completa y sostenible: el bienestar humano en relación a al consumo de los recursos planetarios.
  2. Fomentar Economías Locales Promover políticas públicas que busquen que las grandes ciudades puedan proveer cuando menos el 60% de sus necesidades básicas (agua, alimentos y energía) de fuentes locales, reduciría de manera drástica su huella ecológica, fortalecería su resiliencia ante retos ambientales y mejoraría la economía de sus habitantes.
  3. Legislar las Empresas de Impacto. A nivel mundial está surgiendo un nuevo tipo de empresario y de empresa que buscan utilizar la fuerza de los negocios en las soluciones socio-ambientales. A este tipo de empresas se les está llamando Empresas de Impacto y representan una nueva frontera del capitalismo. Empresas que su razón de ser es más allá de lo económico. Muchos países ya han creado leyes que impulsan este tipo de organizaciones. En México urge un nuevo tipo de persona moral que reconozca, proteja y regule esta trascendental innovación al capitalismo.
  4. Promover la equidad de ingresos. El sistema capitalista no ha sido efectivo en distribuir de forma equitativa la riqueza. Según una reciente estadística de la revista Forbes, el Director general promedio en Estados Unidos gana 373 veces más que el empelado de ingreso promedio. ¡373 veces! Es decir que si el ingreso promedio fuera de 10,000 pesos mensuales los directores están ganando tres millones setecientos treinta mil pesos… al mes!!! Claramente una señal de inequidad y condiciones ideales para la inestabilidad social. ¿No sería más razonable una relación menor a este exorbitante número? En Europa se está discutiendo una ley que regule el número de veces de quien gana más en una empresa en relación a quien menos gana. Por ejemplo, en la Universidad del Medio Ambiente, donde yo laboró, por política, quien más gana no puede recibir más de 15 veces del que menos gana.  El papa habla con claridad en este respecto al decirnos:

Para que haya una libertad económica de la que todos efectivamente se beneficien, a veces pue­de ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero… El bien común requiere la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva, cuya violación siempre genera violencia

Estas, son cuatro legislaciones que atienden de raíz el problema que enfrentamos. A la raíz de un sistema que vive bajo la falacia de un crecimiento ilimitado y que no logra distribuir la riqueza de forma sensata.

Pensar en una legislación de esta naturaleza es ambicioso. Es levantar la vista y legislar con un pensamiento de más largo plazo, con una visión más amplia.  Podríamos pensar que es utópico, que es idealista. ¿Pero no es más idealista pensar que podemos seguir agotando sistemáticamente los recursos naturales de los cuales dependemos? Si el crecimiento económico está poniendo en riesgo el lugar en dónde vivimos, y no mejora nuestra calidad de vida, ¿por qué lo hacemos? Crecer por crecer es la misma vocación de un cáncer.

El Papa habla con la verdad cuando dice:

No habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano…Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos…

Quisiera terminar la plática, invitando a todos ustedes, como representantes de la población Mexicana, que se sumen y tomen inspiración de la visión sistémica, amplia y de largo plazo que nos ofrece el Papa Francisco, y que igual que él, asuman la responsabilidad y la valentía para plantear reestructuras de fondo a un sistema que a nivel global nos está llevando a la destrucción de la única casa que tenemos.

Gracias.

Educación para la sustentabilidad.
 Mtro. Mateo Castillo, Miembro del Consejo Internacional de la Carta de la Tierra.

Buenas tardes, a todas y a todos. Agradecer a la Comisión de Cambio Climático del Senado por la invitación y agradecer las organizaciones IMDOSOC y a la Fundación por esta organización, precisamente para llevar a cabo la reflexión. La Iniciativa Internacional de la Carta a la Tierra agradece ser parte de este movimiento de reflexión para la evolución de las conciencias, para la transformación de la manera de cómo pensamos y de cómo hacemos las cosas.

Me encantaría, sin duda alguna, esta crisis de la civilización, esta crisis ecológica de la que hemos estado hablando, plantearla con una serie de preguntas que es importante tener presentes antes de empezar, aterrizar elementos sobre la educación para el desarrollo sustentable.

La primera pregunta es: ¿qué podemos hacer para propiciar sociedades más justas, libres e igualitarias?, ¿cómo mitigar entonces la pobreza de forma permanente? La siguiente: ¿qué podemos hacer para que nuestras poblaciones entonces brinden calidad de vida basada en la sostenibilidad? La siguiente: ¿qué podemos hacer para propiciar sociedades sin discriminación y, desde luego, pacíficas? ¿Qué podemos hacer para liberar la creatividad y el potencial de la mayor proporción de las y los jóvenes que jamás haya tenido la humanidad? Y entonces surgen preocupaciones, cómo hacer para que los sectores ricos y más acomodados del planeta y de cada país cambien sus hábitos de consumo y desarrollen un estilo de vida mucho más frugal; cómo hacer para que el mercado y los políticos cambien su visión de corto plazo; cómo introducir en la cultura una visión más de respeto y de cuidado hacia la naturaleza; cómo traducir estos esfuerzos del pensamiento ético para la sustentabilidad en una currícula educativa, y desde luego formativa.

Y es ahí donde precisamente, yo concentro todas estas preocupaciones y estos cuestionamientos que tenemos la humanidad, precisamente para darnos respuesta a la crisis de la civilización, pues cómo logramos entonces una sociedad y que esta sociedad sea justa, sea sostenible y sea pacífica. Es precisamente ahí que debemos encontrar respuestas creativas, y en estas respuestas creativas el mayor desafío que enfrentamos los educadores, precisamente, incluye el abismo aparentemente creciente entre la vida idílica que deseáramos ser capaces de garantizar a los niños y a las niñas que viven en comunidades empobrecidas y violentas en el mundo entero.

Entonces, la humanidad hasta la fecha del día de hoy ha generado muchos documentos y declaraciones universales —tal es, entonces, la encíclica Laudato Si’ y tal es también la Carta de la Tierra—, el uso de estos instrumentos también como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas, la Declaración de Igualdad… todos estos documentos que han surgido como respuesta a la crisis de la civilización que estamos viviendo.

Hoy, la encíclica Laudato Si’ es una respuesta a la crisis ambiental, a la ecología desarticulada que estamos viviendo y que por hoy, entonces, nosotros —las personas y la sociedad como un todo— debemos de cambiar nuestras conductas, hábitos y comportamientos, precisamente, frente a la crisis de la civilización que vivimos. Entonces, esto implica buscar, desde luego, un nuevo comienzo, esto implica un proceso que requiere un cambio de mentalidad, un cambio de corazón, una transformación psico-espiritual, una evolución de la conciencia y de despertar y empezar a sentir al planeta Tierra a través de tu cuerpo, ¿y por qué a través de tu cuerpo? Porque tu cuerpo es la expresión más cercana que tiene la naturaleza tu ser, este cuerpo que portas depende del aire que respiras, depende del agua que bebes, depende de los minerales de la tierra, dependes de la energía del Sol, dependes del amor que profesamos todos los seres humanos.

Entonces, debemos comprometernos precisamente a adoptar un marco ético, práctico para alcanzar este bienestar, pero también este bien ser a través de los procesos que sustentan la vida. Y entonces aquí tendríamos que analizar, precisamente, el significado del termino de la ‘sustentabilidad’, porque el término ‘sustentable’ es más que un calificativo del desarrollo, el término ‘sustentable’ tiene que ir más allá de la preservación de los ecosistemas, tiene que ir más allá de la viabilidad y un desarrollo sin agresión al medio ambiente, tiene que ir más allá de eliminar la brecha entre ricos y pobres. El término ‘sustentable’ al que nos referimos, y lo dice claramente la encíclica, es el equilibrio del ser humano consigo mismo; es el equilibrio del ser humano con la fuente de lo que respiro, con la fuente de lo que bebo, con la fuente de lo que como y con la fuente de lo que amo.

Y entonces aquí pregunto —y bien lo dijo la Dra. Amparo, se trata de un asunto ético—: ¿qué relación ética tengo yo con estas fuentes?, ¿qué relación ética tengo yo con los seres humanos?, ¿qué relación ética tengo con el otro? Y entonces, aquí es donde nos preguntamos: ¿nos estamos educando para ello? Porque nos estamos educando para un mundo competitivo: para ser ingenieros, para ser mecánicos, para ser esto y lo otro… pero no nos estamos educando para la vida. Y es ahí donde la encíclica, en su capítulo VI precisamente, trata sobre la educación y la espiritualidad.

Entonces, haciendo esta reflexión sobre la definición del concepto de ‘sustentabilidad’, habría que entenderlo para poderlo instrumentar a través de los procesos de la educación. Hoy por hoy, el desarrollo sostenible no solamente se fundamenta en la dimensión social, económica y ambiental; también habrá que pensar y observar la dimensión cultural, la dimensión política y ahora, gracias a la encíclica, la dimensión espiritual.

Entonces, la sustentabilidad puede ser definida como un proceso. Es un proceso de solución de problemas —sociales, económicos, ambientales, políticos y, ahora, espirituales— en permanente construcción y adaptación que exige la atención para leer la dimensión ecológica, sí es claro, pero también la dimensión político-social y con ello, entonces también, la espiritualidad. Por primera vez en una definición del desarrollo sostenible, incorporamos una dimensión y tenemos el gran sustento que nos cobija a través de la encíclica que ya ahora conocemos. ¿Para qué? Pues para generar condiciones propicias que permitan a los seres vivos —todo lo que habita y existe en este planeta— y satisfacer sus necesidades integrales y a las sociedades humanas, además de impulsar esta justicia social y equidad económica, nos queda claro. Esto implica, entre otros factores, una edificación de una ética ambiental, que lo precisa la encíclica, una nueva racionalidad económica, conocimientos interdisciplinarios, diálogo de saberes en el marco de la diversidad cultural y la democracia y, entonces sí, el compromiso de heredar a las futuras generaciones condiciones favorables para satisfacer nuestras necesidades.

Quisiera yo retomar, y para ello estoy aquí, la Carta de la Tierra. La Carta de la Tierra plantea cuatro ejes fundamentales: el respeto y cuidado de la comunidad de la vida, mientras que la encíclica también promueve el respeto y cuidado de la casa común; la Carta de la Tierra promueve la justicia social y la justicia económica y la encíclica es clara en este proceso; la Carta de la Tierra promueve, precisamente, lo que es la integridad ecológica, mientras que también la encíclica promueve la ecología integral; la Carta de la Tierra promueve la democracia, la no violencia y la paz, y la encíclica invita a internalizar todos estos valores para ser incluyentes con el otro.

Esto nos invita, sin duda alguna, que lejos de ser una familia humana, tenemos que ser una comunidad terrestre a favor de todo lo que existe y todo lo que vive. Entonces, lo que buscamos es una educación, un proceso de formación que nos genere un liderazgo colectivo; entonces, es urgente en este país un programa de educación y formación que aborde el mundo interior de las personas, de su experiencia de vida, que es de donde se siente, donde se percibe, donde se reacciona y se actúa con los demás. Por lo tanto, es desde donde se aborda la sustentabilidad. La sustentabilidad es un valor, y después podríamos ampliar sobre ello.

La encíclica en su capítulo sexto, es muy claro, sobre educación y espiritualidad, y precisamente n este capítulo de educación y espiritualidad ecológica cita en el párrafo 207, donde reconoce a la Carta de la Tierra como el marco ético, precisamente, y que inspira a la acción para alcanzar la sustentabilidad, por acelerar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de nuestras vidas. Junto con ello, como un par consistente, la Carta de la Tierra en el eje cuatro, que habla de la democracia, la no violencia y paz, pues entonces el principio 14 de este documento enfatiza la importancia de integrar la educación formal y el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.

Entonces, la Carta de la Tierra se constituye como un instrumento educativo; si nosotros vemos lo que ha pasado en historia de todas las cumbres —desde Río ’92 hasta Río+20—, la educación ha sido siempre un elemento central para lograr el desarrollo sostenible del mundo. Y ahí, en la declaración de Río+20, se reafirma el compromiso con el derecho a la educación; tenemos que dar el acceso pleno a una educación de calidad a todos los niveles y esto es una condición esencial para lograr el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la igualdad entre los géneros, el adelanto de la mujer, el desarrollo humano y la plena participación de las mujeres y los hombres, en particular los jóvenes.

La misma declaratoria de Río+20, en el apartado 234, plantea: “resolvemos promover la educación para el desarrollo sostenible e integrar el desarrollo sostenible de manera más activa en la educación más allá del decenio de las Naciones Unidas”. Recordarles que como respuesta a esta preocupación de las Naciones Unidas, las Naciones Unidas encomienda a la Unesco lanzar un proyecto para promover el desarrollo sostenible a través de los procesos de educación y formación; entonces, se lanza la década de la educación para el desarrollo sustentable, que inició en el 2004 y terminó en el 2014. En esta década se hicieron esfuerzos importantes en el mundo que fueron los que valieron para que, precisamente, el año pasado (2014) la Unesco, con el gobierno japonés y con la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra, lanzáramos el Programa de Acción Mundial de Educación para el Desarrollo Sostenible —tarea que todos los gobiernos que somos miembros de la Unesco tenemos que desarrollar—, y México es parte de ello y junto con ello, no está por demás hacerlo notar, los mismos objetivos del desarrollo sustentable, recientemente dados a conocer por las Naciones Unidas, cita precisamente en el objetivo cuatro de educación de calidad “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”, y muy particularmente en el capítulo 4.7 plantea que para el 2030 “asegurarse de que todos los alumnos adquieran los conocimientos y habilidades necesarias para promover el desarrollo sostenible incluidos, entre otros, a través de la educación para el desarrollo sostenible y estilos de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad de género, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía global y la apreciación de la diversidad cultural y de la contribución de la cultura para el desarrollo sostenible”.

Solamente, hacerles notar que la Unesco, desde el 2003, ha reconocido a la Carta de la Tierra como el instrumento más importante para la educación para el desarrollo sostenible. Lo que nosotros proponemos, la Red Mexicana de Puntos Focales de la Carta de la Tierra en México, es promover ante el Senado un punto de acuerdo a favor de la educación para el desarrollo sostenible. El Estado mexicano no se ha pronunciado por el compromiso global de educación para el desarrollo sustentable y creo que es importante generar un compromiso.

Hay un movimiento importante a través del complexus, que son las universidades que manejan programas institucionales de medio ambiente, que se han sumado a esta iniciativa de la educación para el desarrollo sustentable a través a través del Programa de Acción Global; por tal motivo, motivamos a que el Senado genere un punto de acuerdo, precisamente, donde habrá que sumarse a la iniciativa de la Unesco, asumiendo el compromiso con el Programa de Acción Mundial de Educación para el Desarrollo Sostenible; también, alentar a la Secretaría de Educación Pública, la Semarnat, la Secretaría de Educación y Sedesol al diseño y puesta en marcha de un programa nacional de educación para el desarrollo sustentable, mantener la inspiración en la encíclica Laudato Si’ para motivar la transformación y reconocer la Carta de la Tierra como un instrumento ético de ética práctica para la educación y para tomar mejores decisiones que favorezcan la sustentabilidad y, sin duda alguna, algo que todas las organizaciones de la sociedad civil siempre adolecemos: fortalecer a las organizaciones de la sociedad civil con financiamiento para apoyar sus acciones, donde privilegien precisamente la educación para el desarrollo sustentable.

Nosotros, desde la Iniciativa de la Carta de la Tierra, pues felicitamos todo este esfuerzo que ocurre en el mundo. La encíclica conoce la Carta de la Tierra, la cita en el párrafo 207, y entonces esta Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra celebra la invaluable intervención del Papa Francisco en la lucha de la humanidad contra la crisis civilizatoria, acompañada por el cambio climático. Es la primera encíclica sobre medio ambiente y pone al mundo en un paso más cerca de ese punto de inflexión en el que abandonaremos esos combustibles fósiles de los que ya se hablaba y entonces lograr lo que nosotros hemos considerado.

Hoy por hoy, estos documentos universales (la encíclica y la Carta de la Tierra) se constituyen un par consistente para la educación. Son documentos que nos tienen que inspirar a integrar estos programas de educación para el desarrollo sostenible, porque los dos documentos son los únicos de relevancia mundial que presentan tantas afinidades comunes.

Se inscribe dentro del nuevo paradigma relacional y holístico, el único, así nos parece, capaz de darnos todavía la esperanza. Estos dos documentos. Entonces, la encíclica ya hablaba de que conoce a la Carta de la Tierra, y quiero despedirme de ustedes también como lo hizo el Papa usando el párrafo de la Carta de la Tierra: “me atrevo a proponer nuevamente su precioso desafío, como nunca antes en la historia de la humanidad el destino común nos hace un llamado”.

Muchísimas gracias.

 

El desarrollo regional
Mtra. Jeanette Arriola Sánchez, Presidenta del patronato Pro Zona Mazahua.

Primero que nada, quiero dar gracias a Dios por este espacio, de poder leer ante ustedes un mensaje que ha sido inspirado en mis hermanos los indígenas. Aquí están Manuela, Jazmín y José. Gracias por acompañarnos.

Nos hemos olvidado del origen, nos hemos olvidado de lo básico, nos hemos dedicado al tener y no al ser; olvidarnos del ser y ocuparnos del tener ha sido toda una economía orientada al consumo, al capitalismo feroz, al industrialismo, al crecimiento de la tecnología, y esa tecnología no se ha usado para fines de protección a la Tierra ni al medio ambiente.

El caso más trágico fue usar la energía nuclear en 1945 para la destrucción masiva de Hiroshima y Nagasaki en Japón, y así vinieron años de una carrera armamentista llenas de pruebas nucleares a lo largo y ancho del planeta en lugares supuestamente desérticos donde no había vida, donde continuamente se experimenta sin medir los alcances y el daño a la Madre Tierra.

 Durante el Congreso Internacional de Ecología en Cuba en 2005, el profesor Suzuki expuso la única solución: era regresar a lo básico, a los orígenes, a una forma de vida más simple, más llena de ser que de tener; explicó cómo los osos y los leones no están llegando a beber por el deshielo en los glaciares y la desertificación en sus lugares de origen.

Después de una década perdida en los años 80 con las lamentables consecuencias hacia el planeta, la Cumbre de Río de Janeiro concibió el desarrollo sustentable. El protocolo 21 de Brundtland plantea a las naciones del mundo una serie de pasos para el cuidado intensivo de nuestro planeta y nuestro entorno; lamentablemente hoy en día, grandes potencias industrializadas —causantes y protagonistas del daño climático, como China y Estados Unidos— se han negado a firmar el protocolo de Kioto, prefiriendo pagar indemnizaciones por todo el daño que su política económica genera.

 Desgraciadamente, los que sufren las consecuencias inmediatas de este profundo deterioro a nuestra casa común son países como América Latina, África y otro en vía de desarrollo. La Fundación Pro México Indígena —que represento— ha orientado su misión al resurgimiento de los pueblos originarios de México en su grandeza, porque han sido los pueblos originarios quienes en su contacto e integración con la naturaleza y su desarrollo espiritual, han tenido mayor conciencia que los no-indígenas hacia el cuidado y el respeto a la Madre Tierra.

Desde su cosmovisión ancestral, orientada a los cuatro puntos cardinales —que simbolizan el agua, tierra, fuego y aire—, no había nada de los pueblos originarios que no estuviera orientado al Sol, a los astros y planetas, a las estaciones, a la lluvia, a la tierra, etc.

Como bien dice la encíclica del Santo Padre Francisco, es imposible cuidar el medio ambiente si no existe una conciencia ética y moral en el ser humano. Los pueblos originarios saben respetar la Palabra, saben respetar la vida, saben trabajar en comunidad, en familia y si los miramos vamos a ser capaces de aprender de ellos y convertirnos en mejores seres humanos.

Hoy, la Iglesia católica tiene pendiente pedir perdón por el proceso de Conquista de América Latina; no se puede predicar y enseñar lo que no se tiene y los conquistadores e imperios que representaban estaban muy lejos del bien común. Mucho era lo que había que aprender de los pobladores originarios de América; no era necesario romper y destruir, sino combinar y construir. Desde el proceso de Conquista, se han venido satanizando las ceremonias sagradas, las tradiciones. Se ha hablado de brujería, charlatanería, cuando se trata de todo lo contrario.

Tenemos hoy ante nosotros la posibilidad de abrir nuevamente el diálogo para conocer cuáles eran y cuáles son las ceremonias y prácticas originarias, la oportunidad de verlo desde otra óptica y eliminar el equivocado estigma de “lo que los indígenas hacen, está prohibido por la Iglesia”. Aún estamos a tiempo. La encíclica que nos envía el Papa Francisco es un motivo de esperanza para nosotros como humanidad, porque si apostamos por voltear a ver nuestros pueblos originarios, a su cultura, a sus tradiciones, a su riqueza, aunado a los avances tecnológicos de nuestro tiempo, seremos capaces de construir un mundo más justo, más equitativo, donde cada quien ocupe y haga la parte que le corresponde en esta tarea común.

 El siglo XX ha estado representado por una visión economicista hacia el desarrollo; esto quiere decir que el pensamiento central se fundamentó en la idea que si había crecimiento económico, el desarrollo se daría como consecuencia de esto, y esto no ha sido así. Se ha abierto una enorme brecha entre un porcentaje mínimo de la población mundial que ha sido beneficiado por este crecimiento y un enorme abismo hacia millones de seres humanos de nuestro planeta que hoy viven en una profunda extrema pobreza, contaminación y deterioro ecológico sin igual.

En 1998, Amartya Sen plantea una visión de desarrollo centrado en la persona humana, donde cada persona puede generar las capacidades necesarias para elegir la vida que quiera vivir. Esto tiene como resultado el desarrollo implícito y es muy distinto al de la visión economicista. Ésta es la apuesta en la que tenemos que enfocarnos en política pública si queremos generar desarrollo integral sustentable.

En la Fundación Pro Mazahua y Pro México Indígena, a lo largo de más de 18 años, hemos generado una metodología para la construcción de un modelo multidimensional de combate a la pobreza para lograr el desarrollo integral sustentable en un marco de pleno respeto y libertad a los derechos de los pueblos originarios de México.

Esta metodología se basa en cuatro dimensiones fundamentales: la dimensión físico-ambiental, que tiene que ver con todo lo referente al cuidado del medio ambiente [muestro unas láminas de nuestro trabajo en las comunidades en los distintos estados]; segundo, la dimensión social-humana, donde el eje es la educación, la salud y la generación de capacidades en el marco de la participación comunitaria hacia la planeación y consecución de objetivos en el marco de una organización comunitaria que genera cohesión social; la dimensión económica-productiva, todas las actividades que respetando la cultura, el medio ambiente y los principios sociales sean capaces degenerar riqueza; la cívico-cultural, busca fortalecer y recuperar la cultura, la lengua, las tradiciones, al historia, la cosmovisión ancestral, el respeto a los derechos humanos y a la construcción de ciudadanía, pero sobre todo el desarrollo espiritual tan particular de los pueblos originarios de México y el mundo, de los cuales tenemos que beber en sus fuentes para encontrar otra vía de desarrollo de la cual podamos sentirnos orgullosos como humanidad y legar a las generaciones venideras.

El Papa Juan XXIII habla de una reforma misionera —todavía pendiente— y que compete a todos los que habitamos esta casa común, nuestro planeta Tierra. Los pueblos originarios son capaces de lo que refiere el Patriarca Bartolomé para lograr el cambio que necesitamos: el sacrificio ante el consumo, la generosidad ente la avidez, compartir ante el desperdicio.

 Al elegir su nombre el Papa Francisco, muestra al mundo a san Francisco de Asís como ejemplo de vida, un místico y peregrino que vivió en simplicidad y en u a maravillosa con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte —y en los pueblos originarios del mundo también— hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los que menos tienen, el compromiso con la vida comunitaria en la sociedad y el desarrollo espiritual que lleva  ala paz interior.

 Para esta ecología integral hay que abrirse a categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o la biología y nos conectan con la esencia del humano. En mi experiencia caminando con los pueblos originarios, no puede lograrse esto sin la presencia de Dios, y en México los pueblos nos dan testimonio de fe y esperanza cada día. Ser uno más con Dios y con todo lo que nos rodea, ya que todo es indivisible.

Para el Papa Francisco, el desafío urgente de proteger nuestra casa común, incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible integral; por lo tanto, si queremos lograrlo debemos cambiar la realidad de exclusión, discriminación y marginación y condiciones deplorables que laceran a los pueblos originarios de México y el mundo.

 El aniquilamiento del medio ambiente va aunado a la desintegración de los pueblos indígenas; ellos son el alma y esencia de nuestra tierra, de nuestro planeta, y no puede construirse nada sólido si no incluimos su sabiduría, su riqueza y su cultura en la construcción de esta gran familia que busca recuperarse a sí misma y a su entorno natural.

 Para el Papa Francisco, la humanidad tiene la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común y si lo hacemos teniendo a nuestros pueblos originarios como un faro de luz que nos guíe y nos oriente en todo momento, todo será más fácil. “Necesitamos una solidaridad universal nueva”, menciona Francisco.

Les invito a que convivan unas horas en una comunidad indígena y entenderán en plenitud lo que la palabra ‘solidaridad’ significa. Desde 2009, hemos venido realizando encuentros México Indígena con los pueblos originarios mismos, que han alimentado las políticas públicas de diversos gobiernos. En ellos, los pueblos han reiterado insistentemente en técnicas ancestrales de captación de agua de lluvia, terraceo, reforestación y cuidado de los santuarios de la naturaleza, de apoyarnos en eco-tecnología, formas de vida sustentable para lograr el desarrollo integral de sus comunidades.

 Les invito a que convivan unas horas en una comunidad indígena y entenderán en plenitud lo que la palabra ‘solidaridad’ significa. Desde 2009, hemos venido realizando encuentros México Indígena con los pueblos originarios mismos, que han alimentado las políticas públicas de diversos gobiernos. En ellos, los pueblos han reiterado insistentemente en técnicas ancestrales de captación de agua de lluvia, terraceo, reforestación y cuidado de los santuarios de la naturaleza, de apoyarnos en eco-tecnología, formas de vida sustentable para lograr el desarrollo integral de sus comunidades.

En el Primer Encuentro México Indígena, ellos hablaron de un nuevo amanecer, de ese nuevo amanecer que se dará cuando los seres humanos comprendamos el valor de integrarnos a nuestro mundo como un todo. En el segundo encuentro hablan de acuerdos de hermandad, donde buscan el camino de enlazarnos todos a la tarea de que cada quien ocupe el lugar que le corresponde en la historia eliminando las condiciones de marginación, exclusión, discriminación y pobreza que laceran a las comunidades indígenas del mundo. En el tercer encuentro, han plasmado las rutas hacia su desarrollo, rutas donde han encontrado cómo aprovechar y cuidar a la Madre Naturaleza y poder generar bienestar utilizando sabiamente los recursos humanos y naturales. En el cuarto encuentro, muestran cómo sí ha sido posible el florecimiento de sus acciones, cómo sí es posible construir un mundo mejor, y la prueba está al visitar cualquiera de sus comunidades —que los invito y los exhorto a hacerlo—, en donde ya más de 7 mil familias han dejado atrás la extrema pobreza y hoy gozan de un bienestar y calidad de vida hermanado a sus comunidades, a su entorno ecológico y a sus familias. El quinto encuentro, habla de la unión de dos mundos hacia un camino común, el cual coincide con esta encíclica, por lo que trabajando-enlazando el mundo moderno a los pueblos originarios, podremos trazar como hermanos un camino común para nuestra casa común: la Tierra.

Para los pueblos originarios todo está conectado. No participan en la política del descarte, mas sí son los primeros descartados; ellos caminan con la lentitud de la evolución biológica y en busca del bien común, comprenden los ecosistemas como el ejemplo de un perfecto funcionamiento, pero lamentablemente nuestros pueblos están siendo afectados porque al dañarse los ecosistemas, pierden sus actividades productivas y tienen que migrar a un futuro incierto y, lo más grave, a una pérdida de identidad profunda.

Cuando un indígena pierde su lengua, pierde su cultura, lo pierde todo… y se convierte en un ser humano que le han cortado sus raíces y su futuro, para sumarse en una ciudad de concreto y más concreto, vidrio y metal, donde se aleja de la Creación y de la sabiduría del equilibrio ecológico, de su entorno original. Esto lo lleva a un deterioro de calidad humana —que antes tenía— y a una degradación social que los sume en la inequidad, exclusión y una pobreza humana, donde el crecimiento de la violencia genera nuevas formas de agresión y mayor inequidad.

Se habla de que los pueblos originarios se encuentran inmersos en extrema pobreza porque son analfabetos de la tecnología digital; y yo me pregunto: ¿qué hemos hecho como seres humanos para que un traje, una lengua indígena —considerados en el Museo Nacional de Antropología como símbolos de riqueza y estatus social— hoy sean el elemento fundamental para la política del descarte? Este mundo digital que nos ha impedido vivir sabiamente, pensar a profundidad, buscar la verdadera sabiduría producto de la reflexión y el diálogo, que cada vez nos lleva al aislamiento, a la melancolía, a las emociones artificiales y a las relaciones humanas que se eliminan y descartan por internet. ¿Y a eso queremos llevar a los indígenas?

Cada día se pierde una lengua, una filosofía de pensamiento, una historia, una tradición, un significado; tal como se pierden mamíferos, selvas, peces, ríos y ecosistemas completos. Perder a nuestros pueblos es perder a nuestro planeta, es perder lo que somos: nuestra alma, nuestra esencia, lo que nos representa, lo que nos hace sabios, el camino que puede conducirnos a la luz de un mundo mejor.

Creo que si queremos rescatar la ecología, tenemos que empezar por aprender de nuestros pueblos, reflexionar sobre la insensibilidad y la pérdida de responsabilidad sobre nuestros semejantes. Nos hemos vuelto insensibles ante la muerte de miles de especies, al igual que ante la muerte de nuestras tradiciones, de nuestra cultura y de nuestra identidad. Los pueblos de México, América y el mundo tienen mucho qué enseñarnos. Está en nosotros saber escucharlos.

Como decía Octavio Paz: “encontrar en la otredad aquello que nos complementa y que nos enriquece como seres humanos”. Gracias.