Mil vidas daría por salvar una de las muchas que se pierden

Mil vidas daría por salvar una de las muchas que se pierden

Por las calles del centro de la Ciudad de México, a plena luz de día, el ambiente permite ver la convivencia entre comerciantes que ofrecen variedad de productos, junto a mujeres en situación de prostitución o personas que vagan con la mirada perdida por causa de la droga. Dentro de este paisaje citadino se encuentra el Centro Social Eudes, A. C. que coordina la Hermana Dioselina Alvarado Durán, religiosa de la Caridad quien cuenta con 50 años de vida consagrada y 30 años de trabajar en La Merced brindando amor y comprensión a los más pobres, la hermana coordina también el albergue temporal para mujeres heridas y amenazadas en su dignidad.

Ella nos dice que: “este trabajo de pastoral urbana es una misión amplia y bonita en la que gracias a Dios he tenido la oportunidad de servir a mujeres en ambientes de prostitución, droga o alcohol, chicas que salen de la cárcel, madres que salen de los hospitales y no tienen quien les ayude con sus bebés, para ellas es este apoyo”.

Como decía san Juan Eudes cuando comprendió que su misión era trabajar en favor de mujeres que vivían en condiciones inhumanas, hace más de 350 años: “Mil vidas daría por salvar una de las muchas que se pierden”, actualmente como congregación las Hermanas de la Caridad y de San Juan Eudes, se dedican a la promoción integral de la mujer.

A partir del Concilio Vaticano II se actualizó su labor apostólica, así pudieron salir a la calle, a las cárceles, a las parroquias, trabajar en las comunidades con familias porque antes sólo lo hacían con las mujeres que llevaban a sus casas.

Es larga la trayectoria en el campo de la práctica de la caridad en el que la Hermana Dioselina ha caminado junto a sus hijos predilectos, quienes siendo vagabundos, drogadictos, mujeres en prostitución, son despreciados por la sociedad.

“Trabajé algunos años en la Pastoral Social de Cáritas en el equipo de Monseñor Carlos Talavera, él fue nuestro consejero y director, también compartí la misión con el Padre Chinchachoma —misionero escolapio español, cuyo nombre verdadero era Alejandro García Durán—, con él coincidí en la esperanza que tiene la vida de toda persona que vive en condiciones de abandono y rechazo social, y fue el Padre Chinchachoma quien nos motivó para la creación de este centro en La Merced para la atención a mujeres y niñas”.

Algunas de las historias de conversión de vida, de las que la Hermana Dioselina ha sido testigo fue un doctor que vino de Puebla buscando mejor oportunidad laboral, al no ser contratado se deprimió y se volvió alcohólico, vivió entonces como vagabundo por las calles. “Lo conocimos sin saber que era doctor y cuando nos enteramos de su historia, buscamos motivarlo, comenzó a ir a un grupo de alcohólicos anónimos para recuperarse y ahí impartió cursos de primeros auxilios. Ahora ya trabaja en un consultorio y ha cambiado su vida totalmente” comentó la directora del CSE.

Difícilmente una persona puede aguantar el ritmo deshumanizante de vivir en la calle, es un aprendizaje grande ver su valentía y su forma de convivir tan fraterna; siendo testigo de esta realidad, me cuestiona el papel de quienes velan por los derechos humanos.

¿Por qué nos hemos deshumanizado, si verdaderamente hay derechos humanos? ¿Por qué no somos capaces de tenderle la mano al hermano que está tirado en la calle? Ellos son enfermos sociales, no son viciosos, muestran una necesidad de amor, de hambre, para que tú les tiendas la mano. ¡Entra al mundo de esas personas a quienes se les han negado sus derechos!, declaró la Hermana Dioselina.

“Dentro de la propia familia se descubre lo que uno tiene y la necesidad del otro, se llega así a sentir el hambre de la gente, soy una persona de familia pobre gracias a Dios, pero mi padre nos enseñó que habían otros más pobres que nosotros con los cuales teníamos que compartir, no pasé hambre ni necesidad pero sí me iba a lugares donde la gente no tenía nada. Para ser misionero falta sentir el hambre de la gente, sentarse con ellos, experimentar lo que el pobre está sufriendo” expresó la directora del Centro Social Eudes.

Continuó explicando: “Reunidos con nuestros hermanos que viven en la calle, preguntamos ¿qué es lo que saben hacer?, y así nos hemos enterado de que algunos de los jóvenes a quienes nos dirijimos son profesionistas o tienen un oficio, uno de ellos era profesor de educación física, tan pronto lo supo el grupo de compañeros de la calle, pidieron les enseñara algo y él tuvo la disposición de retomar su profesión para bien de sus compañeros que con la motivación de ejercitarse físicamente van dejando a un lado la droga o el alcohol”.

Hace falta capacitar a la gente e interesarse por la persona, para que tengan un trabajo y así aprendan a ganarse la vida, evitando que roben para alimentarse.

Los beneficiados por el Centro Social Eudes, se encuentran en este tiempo ante la incertidumbre de dónde podrán continuar recibiendo esta ayuda e impulso de su desarrollo, debido al vencimiento del contrato de comodato por el cual podían usar el pequeño inmueble que funciona como albergue para mujeres que han vivido situaciones de violencia familiar y para sus pequeños.

Puedes ayudar a estas personas si compras bellos manteles deshilados, bordados y tejidos que venden para su manutención o bien puedes contribuir con lo que puedas, visita a los grupos de hermanos que viven en la calle, con donaciones en especie o aporta tus capacidades profesionales, su deseo de salir de esa dura realidad en la que viven es muy grande, ofrezcámosles nuevas alternativas para tener una vida mejor.

CENTRO SOCIAL EUDES, A. C.
Hna. Dioselina Alvarado Durán
Roldán n. 51, Col. Centro,
Deleg. Cuauhtémoc.
CP 06090, México, DF.
Tel. 5542-6073
Celular: 04455 1827 5437

Ana Alicia Ávila Ortega

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