Niños y jóvenes líquidos

Niños y jóvenes líquidos

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Las nuevas generaciones de “nativos digitales” viven el auge de las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación), sobre todo las redes sociales que, sin duda, son signos de los tiempos que sin negar sus beneficios, propician una despersonalización acelerada; la virtualidad nos atrapa y nos enajena de una realidad que muchas veces se complica cada vez más por no enfrentarla.

Jóvenes satisfechos pero vacíos, con quienes compartimos el desafío de no caer en el consumismo que no considera la dignidad humana, convirtiéndonos en objetos de uso o de consumo. Muchas empresas que antes fabricaban productos o daban algún servicio, ahora crean necesidades.

Una de las características de la cultura líquida es, como decía Ortega y Gaset respecto de las masas, su completa renuncia al esfuerzo y la glorificación de la mediocridad.

Otros niños y jóvenes son violentados por la pobreza, la falta de oportunidades, la necesidad de dejar su lugar de origen y no les queda otra “salida” más que la violencia misma.

La pregunta es: ¿Qué futuro estamos construyendo? ¿Qué tipo de sociedad y relaciones proponemos a las nuevas generaciones? ¿Qué modelos de vida tienen a su alcance —políticos corruptos, injusticias a todos los niveles, maestros disidentes—? ¿Qué sistema educativo ofrecemos para contrarrestar esta sociedad líquida?

La propuesta es “recomenzar en Cristo” (Ap 41), crear juntos las condiciones necesarias para que todos los jóvenes y niños cumplan los deseos más profundos de todos los seres humanos: tener un hogar, sentirse amados y pertenecer a una sociedad que los enriquece y acompaña para recuperar la solidez y por lo tanto la confianza que nos son indispensables para encontrar la plenitud.

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