No hay dinero que alcance

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El salario mínimo cada día lo es más, el precio de los alimentos aumenta por diferentes razones y pone en peligro la nutrición de miles o millones. Especialistas coinciden en afirmar que el problema no es de falta de producción, sino más grave aún, una mala distribución.

Nuestras autoridades se alegran de que algunas inversiones lleguen a nuestro país, porque nuestra “mano de obra” es más barata que en China, donde los trabajadores tienen ahora un mejor nivel de ingreso, sin tomar en cuenta que cada día es más difícil para esos trabajadores y sus familias sobrevivir.

El destino universal de los bienes es uno de los principios del pensamiento social cristiano, somos administradores de la riqueza que debe compartirse. La concentración de muchos recursos en pocas manos, el desperdicio y el consumismo, avalar sistemas de contratación y remuneración laboral injustos no son compatibles con el estilo de vida cristiano.

Es urgente replantearnos como sociedad si hemos sido capaces de distribuir de manera equitativa los abundantes recursos —que se agotan rápidamente por el abuso, los fraudes alimenticios y la corrupción— con los que contamos, ya que no es ético que algunos tengan acceso a lo superfluo, cuando la mayoría no puede responder a las necesidades básicas.

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