¿Cuál es el objetivo de la doctrina social de la Iglesia?

¿Cuál es el objetivo de la doctrina social de la Iglesia?

El objetivo principal de la doctrina social de la Iglesia es “interpretar las realidades temporales, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación terrena y a la vez trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana” (Juan Pablo II, Sollicitudo rei sociales, 41).

La doctrina social, por tanto, no pertenece al ámbito de la ideología, sino que es de naturaleza teológica y específicamente teológico-moral, ya que se trata de una doctrina que debe orientar la conducta de las personas (CDSI, 73).

 

¿Qué  aporta la doctrina social de la Iglesia?

 

La Iglesia, con su palabra y testimonio, desea aportar lo mejor de sus valores para el desarrollo social y cultural acorde con la dignidad de las personas. En consecuencia, la doctrina social de la Iglesia que se ha ido formando como un corpus doctrinal aporta: principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción (Octogesima adveniens, 4) para que los cristianos y todos los hombres transformemos las realidades temporales desde nuestro particular estado de vida y actividad cotidiana; teniendo siempre como ‘norte’ el verdadero bien del hombre, y el bien común de la sociedad.

Porque como lo menciona Pablo VI en su carta apostólica Octogesima Adveniens 4:

“Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país… A estas comunidades cristianas toca discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, en comunión con los obispos responsables, en diálogo con los demás hermanos cristianos y todos los hombres de buena voluntad, las opciones y los compromisos que conviene asumir para realizar las transformaciones sociales, políticas y económicas que se consideran de urgente necesidad en cada caso”.

 

¿De qué trata, pues, la doctrina social de la Iglesia?

 

De la acción pastoral de toda la Iglesia que quiere liberar al ser humano de aquello que le impide ser plenamente libre: el pecado y las condiciones sociales injustas; y es por esto que “la enseñanza y la difusión de esta doctrina social forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia” (SRS, 41).