El oprobio y la deshonra de la trata de personas: CEM

El oprobio y la deshonra de la trata de personas: CEM

421

El oprobio y la deshonra de la trata de personas


Oprobio y deshonra en la así llamada civilización humana generan la Trata de Personas, y junto con ello se manifiestan como también una deshonra a nuestro Creador.

La trata de personas tiene como fin la explotación comercial de la persona con fines sexuales, laborales o de robo y venta de órganos. Esta actividad tiene modalidad de crimen organizado y estructura “empresarial”, maneja una alta movilidad de las personas y considera al ser humano como un bien transferible y vendible según la oferta y la demanda.

La mecánica de la Trata de Personas implica captar una persona, trasladarla, coaccionarla, venderla, amenazarla, violentarla, usarla y descartarla. Hablamos de violencia física, psicológica, de engaño o pseudo-convencimiento, a veces con intervención de familiares o personas con las que la víctima está comprometida afectivamente.

En el Mundo se estima que de 600,000 a 800,000 hombres, mujeres y niños son víctimas de la Trata de Persona. En esta estadística, nuestro País según el Comisionado Nacional de Seguridad a finales del pasado mes de Noviembre mencionó que ocupamos el vergonzoso quinto lugar en la estadística mundial y ya en este año 2018 las cifras oficiales publicadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), señalan que, tan solo de enero a mayo, respecto a la incidencia delictiva del fuero común, en el país se registraron 129 víctimas de trata.

La Iglesia ha denunciado esta nueva forma de esclavitud que se ha enfocado al trabajo, a la prostitución y al lucro.

La Constitución Pastoral Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II refiere precisamente de la esclavitud, la prostitución, la Trata de Personas, pero también de las condiciones ignominiosas de trabajo en las que viven los obreros como “oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador”.

San Juan Pablo II en el año 2002, citando a la Gaudium et Spes nos iluminó al mencionar que la Trata de Personas Humanas constituye un ultraje vergonzoso a la dignidad humana y una grave violación de los derechos humanos fundamentales.

Nos menciona el mismo Pontífice que estas situaciones son una afrenta a los valores fundamentales que comparten todas las culturas y todos los pueblos, valores arraigados en la misma naturaleza de la persona humana.

Y menciona el Pontífice que el alarmante aumento de la Trata de seres humanos es uno de los problemas políticos, sociales y económicos urgentes vinculados al proceso de globalización; y que representa una seria amenaza a la seguridad de cada nación así como es una cuestión de justicia internacional impostergable.

El Papa Francisco, por su parte, ha sido insistente en llamar a toda persona de buena voluntad para actuar ante este problema. En enero pasado, durante su visita a Puerto Maldonado en Perú señaló que “no se puede naturalizar la violencia hacia las mujeres, sosteniendo una cultura machista que no asume el rol protagónico de la mujer dentro de nuestras comunidades. No nos es lícito mirar para otro lado y dejar que tantas mujeres, especialmente adolescentes sean pisoteadas en su dignidad”.

En tanto, ya desde la sociedad civil, Maria Grazia Giammarinaro, experta en Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, en documento emitido el 27 de Julio de este 2018, ha mencionado que los Migrantes y los Solicitantes de asilo se han convertido en las principales víctimas de Trata en los países por los que circulan en tránsito.

Ha sido precisamente la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en el año 2013, quien a través de la Resolución A/RES/68/192/2013, expresa su preocupación “por el hecho de que, a pesar de las medidas sostenidas que se han adoptado en los planos internacional, regional y nacional, la trata de personas sigue siendo uno de los problemas graves que afronta la comunidad internacional…”, señalando además que “todos los Estados tienen la obligación de actuar con la debida diligencia para prevenir e investigar la trata de personas y castigar a los responsables, así como de rescatar a las víctimas y tomar medidas para protegerlas, y que toda omisión a este respecto constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de las víctimas y menoscaba o anula su disfrute”.

Y así, esta fecha del 30 de Julio, como lo establece la propia resolución ya mencionada en la medida número 5, busca responder a “la necesidad de crear mayor conciencia de la situación de las víctimas de la trata de personas y de promover y proteger sus derechos…”.

México al ser un Estado parte que firmó y ratificó el Protocolo de Palermo, se encuentra obligado a implementar todas las medidas necesarias para prevenir que las personas lleguen a ser víctimas de este delito. Además debe garantizar la protección de las víctimas, incluidas a sus familias, y está obligado a castigar a todas aquellas personas que lucran con las vidas de los seres humanos, especialmente las mujeres y las niñas.

Nuestras preocupaciones frente a la Trata de Personas:

  • La desinformación e indiferencia, el silencio y la insensibilidad que existe en la sociedad.

  • La vulnerabilidad en que se encuentran muchos niños, adolescentes y jóvenes.

  • La falta de acción de parte de algunas autoridades, aún frente a denuncias concretas.

  • La corrupción de quienes tienen que luchar para detener este crimen.

  • La falta de herramientas y de coordinaciones adecuadas en quienes son víctimas o en quienes desde su buena voluntad quisieran enfrentarse al problema.

  • Las fallas del sistema educativo y medios de comunicación social en proponer valores.

  • La imposición de una visión de la sexualidad fundada en el hedonismo.

  • La permanencia de la cultura machista que denigra y rebaja a la mujer.

  • En la Iglesia, la falta de propuestas adecuadas a los jóvenes, y la falta de una respuesta a este problema.

Valoramos como signos de esperanza:

  • Las manifestaciones que resaltan el valor de la persona y la dignidad de la mujer.

  • Las iniciativas a favor de la dignidad de la persona humana y sus derechos.

  • Las movilizaciones populares en reclamo de justicia y cumplimiento de la ley.

  • Los esfuerzos de las autoridades para dotar de los instrumentos jurídicos eficaces para detener este crimen de lesa humanidad.

  • Los distintos canales de recepción de denuncias que van apareciendo.

  • La difusión de fotografías y datos de personas desaparecidas.

  • Las obras pastorales en la prevención, el auxilio y de la rehabilitación de las víctimas, y la capacitación de agentes pastorales para esos servicios.

  • El servicio de agentes pastorales que asumen el riesgo de trabajar en un campo minado.

  • El trabajo en redes que se va abriendo camino para aunar esfuerzos compartidos.

Como Iglesia nos comprometemos a:

  • Hacer conocer esta realidad, de forma que la sociedad pueda percibirla como un problema social que nos involucra a todos.

  • Facilitar la atención a las víctimas en su denuncia.

  • Denunciar por los canales adecuados casos que lleguen a nuestro conocimiento.

  • Promover el espíritu de familia y la fortaleza propia de la misma.

  • Realizar un trabajo preventivo con adolescentes y jóvenes para que reconozcan los riesgos y ofrecerles espacios de participación y crecimiento integral.

  • Replantear en la Iglesia los programas de Educación para el Amor.

  • Plantear esta temática en los Seminarios, la formación de sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes pastorales laicos.

  • Trabajar en las redes que estén a nuestro alcance.

  • Animar, acompañar y fortalecer los esfuerzos pastorales comprometidos en esta lucha.

Como Iglesia decimos:

  • no al comercio sexual,

  • no a la prostitución,

  • no a la explotación laboral de niños, niñas, adolescentes y personas traficadas con ese fin y puestas en servidumbre;

  • no al tráfico de órganos.

Que Santa María de Guadalupe, quien nos ha dicho: “No estoy aquí yo que soy tu Madre”, nos proteja con su maternal manto y suscite en todos los que tenemos una responsabilidad en esta amada Iglesia las actitudes proféticas y de prevención, así como de defensa de la dignidad humana para ofrecer el amor cristiano a todos nuestros hermanos lastimados.

+Mons. José Leopoldo González González
Obispo de Nogales
Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
 
 P. Rogelio Narvaez Martínez
Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

No hay comentarios

Enviar una respuesta