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A 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Hablar de derechos humanos es velar por la protección de las necesidades básicas de la persona. El 10 de diciembre celebramos la Declaración Universal de los Derechos Humanos que cumple 70 años.

Los aportes de este documento han sido vitales para la creación de pactos internacionales legalmente vinculantes y nos recuerdan hacia dónde debemos dirigirnos como sociedad y lo que no debemos repetir como humanidad.

La dignidad de la persona humana es el tema central de la doctrina social de la Iglesia, y todo lo vertido en la Declaración debe ser importante para los cristianos, debido a que abarca diversos aspectos de la persona que son fundamentales para su desarrollo y para la misma subsistencia.

No pocas veces, el magisterio de la Iglesia ha estado en concordancia con la concepción de los derechos humanos, asimismo con su promoción. Basta recordar las palabras de Juan Pablo II al referirse a la Declaración como “una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad”.

Lo cierto es que la simple Declaración no basta; sabemos que alrededor del mundo son vejados los derechos humanos de millones de personas constante e impunemente. Es el deber de todos pugnar por la justicia y levantar la voz ante hechos como la persecución religiosa, la violencia, la migración forzada, la falta de educación básica y una lista interminable.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos nos recuerda que todos somos parte de la familia humana. Actuemos conforme este precepto que nos dará libertad verdadera.

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Porque el gran reto de nosotros los cristianos es dar testimonio de lo que creemos: que Jesús ha resucitado y tiene consecuencias trascendentales para la humanidad. Lo que se anuncia no es sólo un hecho del pasado (la muerte en cruz y resurrección de Jesús), sino un mensaje de vida para todos los que se unan a su camino (una forma diferente de entender la vida y situarse ante ella).

Hay que precisar los términos ‘pensamiento social cristiano’ y ‘doctrina social de la Iglesia’ para evitar ambigüedades:

  • El pensamiento social cristiano es la reflexión que se ha hecho en la Iglesia desde sus orígenes sobre los problemas de la sociedad. Incluye desde el Antiguo y Nuevo Testamentos, los escritos de los Santos Padres de los primeros siglos del cristianismo, las reflexiones de teólogos a lo largo de la Edad Media hasta llegar a los documentos oficiales de la Iglesia, concretamente de los papas y a partir del Concilio Vaticano II, de otras instancias del magisterio ordinario como concilios, sínodos, conferencias episcopales, obispos.

Pero debe mencionarse que en el transcurso del siglo XIX, surge una problemática inédita: la que surge con la consolidación del Estado moderno y del capitalismo industrial.

  • Así, con base en estos dos sucesos, la doctrina social de la Iglesia, en el sentido estricto del término, nace en el siglo XIX como un intento de respuesta de la fe a los grandes problemas sobrevenidos con la modernidad: las nuevas ideologías que le dan cuerpo (liberalismo y socialismo-marxismo) y los sistemas políticos y socioeconómicos que derivan de éstas.

Rerum novarum (del latín: De las cosas nuevas) es la primera encíclica social de la Iglesia católica promulgada por el papa León XIII en 1891. En ella, critica y advierte sobre las condiciones de trabajo y salario de las primeras fases de la Revolución Industrial, que definió como una violación de los derechos y dignidad de la persona, entre otras cosas. Esta encíclica es considerada la Carta Magna de los derechos sociales.

Concluyendo, la doctrina social de la Iglesia sería una parte del pensamiento social cristiano. Y esto en un doble sentido: porque surge en una época muy concreta —relacionada con la modernidad y las nuevas situaciones que ésta genera—, y porque en ella tienen una relevancia especial los documentos oficiales de la Iglesia.

El magisterio eclesiástico usa la expresión ‘doctrina social de la Iglesia’ sin dar una definición puntual de la misma, ya que son características de esta doctrina la permanencia y la renovación. Esta doctrina se mantiene perenne en la inspiración de fondo (Sagrada Escritura) y cambiante en la expresión, comprensión y respuestas a las nuevas situaciones y circunstancias; al mismo tiempo, la doctrina social de la Iglesia aprende del dinamismo de la historia y del avance del conocimiento humano todo aquello que le permite profundizar, relacionar y ampliar el mensaje de la Revelación.

A continuación presentamos algunas de las definiciones que dan algunos estudiosos de la doctrina social de la Iglesia y que nos permitirán conformar nuestra definición personal:

 

“Es un proceso abierto de reflexión hecho desde la sensibilidad cristiana cuando ésta se implica, mediante la acción y el compromiso, en una realidad social siempre cambiante”.
(Ildefonso Camacho Laraña, S.J.)

“Es la ética social que expresa las exigencias del Evangelio en los distintos momentos históricos y se encuentra con las ciencias y los quehaceres humanos en fecundo diálogo”.
(Manuel Gómez Granados)

“Es un instrumento de interpretación cristiana de la realidad. En ella encontramos el verdadero sentido de la persona humana, de los bienes creados, de las relaciones sociales, de la política, del progreso, del trabajo y de la técnica”.
(Sergio Bernal Restrepo, S.J.)

“Es la expresión autorizada de una conciencia que se forma y se desarrolla colectivamente en el seno de la Iglesia frente a las realidades sociales”.
(P. Pierre Bigó)

“Es la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial”.
(Juan Pablo II)

De las definiciones anteriores podemos inferir que el objetivo principal de la doctrina social de la Iglesia es interpretar las realidades temporales, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación terrena y a la vez trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana. Por lo tanto, no pertenece al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral.

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El ritmo vertiginoso que la sociedad globalizada actual impone se traduce en nuevas formas de vivir, relacionarse con los demás, consumir y pensar. Lo que antes era blanco, hoy es negro, y viceversa.

En esta nueva época predomina el individualismo, el relativismo y el consumismo: cada quien crea un mundo a su medida. La tecnología avanza más rápido que la caridad; las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea se han hecho indispensables al resolver una necesidad de contacto social con inmediatez, pero con poca sustancia.

Estamos inmersos en un mar de información; estímulos constantes que demandan nuestra atención y ponen a prueba nuestro discernimiento. Y, sin embargo, aún predomina el consumismo y las ideologías líquidas.

Y es que vivimos en la contradicción continua: una sociedad que se jacta de tolerante, pero que reprime y ridiculiza opiniones diferentes; todo el conocimiento al alcance de la mano, donde predomina la ignorancia y los prejuicios; una sociedad madura e informada que continúa excluyendo a personas de las periferias.

¿Pero acaso vivimos una época de terror? No. Simplemente debemos adaptarnos a esta nueva forma de ser sociedad, y la Iglesia sabe el reto que esto implica: “Esta nueva época exige acompañar a cada persona y renovar con valentía nuestro profetismo evangélico, anunciando con fuerza el valor inestimable de la persona, denunciando todo lo que se opone a su plena realización y discerniendo a la luz del Evangelio esta nueva realidad, para encarnar la experiencia de la misericordia, de la comunión y la solidaridad en esta nueva época” (CEM, Proyecto global de pastoral, 24).

Podemos sumirnos en un mar de desilusión pero, como cristianos, estamos llamados a ser una luz de esperanza; no sólo ver lo negativo, sino aprovechar lo que este cambio de época nos ofrece y potenciar nuestra contribución a esta nueva sociedad.

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Con este número de La cuestión social cerramos un agitado 2018 con artículos enfocados en la dinámica social, tanto de las relaciones internacionales como la violencia y la protesta.

José Luis Gallegos Quezada escribe “La racionalidad del imperialismo estadounidense en América Latina”, donde comparte un repaso de las malas prácticas de nuestro vecino del norte por conservar su poder e influencia a nivel global sin importarle los efectos adversos que pueda ejercer sobre los países latinoamericanos que, de por sí, son inestables. También, nos comparte el efecto que genera la palabra ‘imperialismo’ y cómo se considera anacrónica en nuestros días, donde hay supuesta democracia y soberanía en el continente.

“El arte como protesta y salvación: un vistazo a la obra de Ai Weiwei” es el artículo de Gerardo Cruz González acerca del artista chino que desafió a su gobierno a través de sus fotografías que impactaron al mundo. Daremos un recorrido por diversos periodos de la vida del artista, así como por algunas de sus obras, donde prima la belleza estética, pero que retrata vidas llenas de sufrimiento en busca de la libertad.

¿Qué obliga a individuos y familias a desplazarse? Rafael Alonso Hernández López nos presenta una radiografía de este fenómeno que queja a gran parte del globo, en el artículo “Violencia social, económica, política y cambio climático”. Como el mismo título indica, son diversos los factores que influyen en la migración, y los números que se muestran dan luces de problemas cercanos a las comunidades como la violencia intrafamiliar, las pandillas, el cambio climático y un sinfín de problemas, todos acentuados por la crisis humanitaria que impide una adecuada resolución de la raíz de los problemas.

Daniel Cuéllar Jasso nos comparte una reflexión del libro Violencia y procesos de reconciliación política, de José Sols Lucia, y lo aterriza al caso mexicano con la violencia estructural, las autodefensas y la apología de la violencia por mantener un clima de falsa seguridad. Todo nos conduce a que la sociedad actual está inculturada en la violencia; debemos reivindicar la esperanza y la paz que nos den la tranquilidad que nuestro país y el mundo demanda.

Por último, les compartimos el mensaje del Papa Francisco sobre la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, donde el pontífice destaca la importancia del agua como fuente de purificación, elemento de identidad para algunos pueblos, fuente de sustento para millones de familias, pero sobre todo como derecho indispensable para la humanidad.

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Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco la invitación extendida por los organizadores del Foro Social Mundial de las Migraciones, a dirigirles algunas palabras de aliento al comienzo de las sesiones de trabajo.

El programa de acción de la octava edición del foro Social Mundial de las Migraciones recuerda el mandato del profeta Jeremías, enviado por Dios «para extirpar y arrasar, para destruir y derrocar, para reconstruir y plantar» (Jr 1,10). Como en el tiempo del profeta, hoy hay maldades que extirpar, injusticias que arrasar, discriminaciones que destruir, privilegios que derrocar, dignidades que reconstruir y valores que plantar.

La transformación positiva de nuestras sociedades comienza por el rechazo de todas las injusticias, que hoy buscan su justificación en la “cultura del descarte” —una enfermedad “pandémica” del mundo contemporáneo—. Esta oposición se pone como una primera actuación de justicia, sobre todo cuando ella logra dar voz a los “sin voces”. Y entre estos últimos están los migrantes, los refugiados y los desplazados, que son ignorados, explotados, violados y abusados en el silencio culpable de muchos.

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El éxodo que viven los migrantes hondureños en su travesía para llegar a EU no es indiferente a la Iglesia Latinoamericana y, a través de la Red CLAMOR, hacen un llamado a la solidaridad a los países por donde cruza la movilización, en especial México.

Las organizaciones católicas que forma parte de la Red Latinoamericana y Caribeña de Migración, Refugio y Trata de Personas (CLAMOR), entre ellas Cáritas, expresó en un comunicado su preocupación por las condiciones de criminalización y violencia en la que se ha visto envuelta la “Caravana de Migrantes Hondureños Hacia Estados Unidos”.

“Este tránsito lo hacen afrontando difíciles y duras condiciones en su viaje, que atentan contra sus derechos fundamentales e incluso no pocas veces contra su vida”, indican en el documento.

También piden a los gobiernos de los países por donde está pasando el movimiento tengan en cuenta acciones de respeto a la integridad física, emocional y psicológica de los migrantes; además de promover los mecanismos para garantizar una migración segura y ordenada. La Red llamó con especial atención al gobierno mexicano para atender las recomendaciones, por su cercanía territorial con Estados Unidos.

Desde el inicio de la caminata, diversos organismos de la Iglesia Católica, entre ellos la red de Cáritas, han brindado, y continúan haciéndolo, ayuda a la Caravana, mediante las Casas de Migrantes, parroquias, centros comunitarios, etc. Por tanto, la Red CLAMOR enfatizo su admiración a estas acciones.

 

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22 de octubre del 2018

 

Con relación a los acontecimientos en la casa del Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Mexico, las personas que integramos el consejo y colaboradores operativos, lamentamos profundamente estos hechos violentos y manifestamos nuestra cercanía y oraciones con la familia de la persona fallecida y con el Sr. Cardenal.

Pedimos a Dios nuestro señor y a nuestra Madre Santísima de Guadalupe nos ayuden a construir una sociedad más justa, y solidaria que promueva el desarrollo de todas las personas en un ambiente de paz.

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