Patria

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Septiembre, mes de la Patria. Ante la realidad de nuestro país y sus graves problemas de pobreza, desigualdad, corrupción, impunidad y delincuencia organizada debemos hacernos algunas preguntas todos los mexicanos: ¿qué hemos hecho mal o qué hemos dejado de hacer para tener un México así?, ¿la culpa es sólo del gobierno y de los políticos?, ¿qué corresponde hacer a los empresarios, universidades, iglesias, organizaciones de la sociedad civil, familias y personas en particular?

La calidad de nuestra democracia deja mucho que desear. Sólo como ejemplo: en pobreza, los datos recientes hablan de 53.4 millones de pobres, de los cuales más de 10 millones se encuentran en extrema pobreza.

El artículo 3º constitucional sostiene que la educación debe tender al desarrollo armónico de la persona, fomentará el amor a la patria, a la solidaridad y la justicia; además “será democrática, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”. ¿Por qué no se ha conseguido esto?

En nuestro país, la corrupción es un cáncer que se resiste a ser curado y la narcocultura ha sentado sus reales en muchas comunidades. La pobreza material y humana ha sido tierra fértil para estos males.

Sacar a este país adelante es tarea de todos. El mensaje del Papa Francisco en su visita a México es aleccionador: “Cada sector tiene la obligación de velar por el bien del todo; todos estamos en el mismo barco”. Pero también expresa la importancia de participar: “Cada vez que la integridad de una persona es violada, toda la sociedad es la que, en cierta manera, empieza a deteriorarse. Y esto que dice la doctrina social de la Iglesia no es en contra de nadie, sino a favor de todos”.

Ante el divorcio fe-vida, en México debemos afirmar: no podemos ser verdaderos cristianos si no somos verdaderos ciudadanos. Otro México es posible.

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