Pide obispo de Cuernavaca aceptar fallas en materia de seguridad en Morelos.

Pide obispo de Cuernavaca aceptar fallas en materia de seguridad en Morelos.

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El obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, consideró preocupante que una gran parte del territorio estatal de Morelos se encuentre en manos del crimen organizado; aunque dijo que no es un experto en el tema hay evidencias de cómo la estrategia de seguridad no da resultados y no se haga nada y acepten que no funciona. Luego de realizar una misa en el domicilio de la presidenta municipal de Temixco, Gisela Mota Ocampo, urgió a la autoridad estatal a responsabilizarse del tema, y especialmente a aplicar políticas públicas a favor de la familia.

El jerarca de la Iglesia católica en Morelos ofició una misa por el descanso de la presidenta de Temixco asesinada el pasado 2 de enero en su domicilio, y señaló que el caso de la alcaldesa ejecutada no es el único y solo viene a corroborar la situación tan fuerte en materia de seguridad que vive el estado, «aquí mismo está un señor secuestrado, Rafael, que tiene una semana desaparecido y piden a los familiares 6 millones».

Monseñor Castro consideró que la autoridad estatal debe aceptar que algo está fallando y debe modificar la estrategia para atender la seguridad, sin ser un experto en materia de seguridad, además, dijo que ha escuchado de municipios de la región Sur controlados totalmente por el crimen organizado.

«Desde hace tiempo que he venido diciendo que se debe atender esta preocupación de la gente, pero no han podido hacer nada, cómo es posible que toda una región del estado esté en manos del crimen organizado, que la gente tenga que estar pagando ‘derecho de piso’ y cada dos o tres meses se hacen denuncias y no funciona, algo se debe hacer, ya no se debe permitir algo así, no es posible que una parte del estado esté en manos del crimen».

En su mensaje a los familiares y amigos de la alcaldesa asesinada, monseñor Ramón Castro lamentó el daño a una familia honrada, «todos estamos tristes, desconcertados, apenados y disgustados; de allí que el primer pensamiento que viene al corazón es algo que nos invade y punzante: la indignación. Esa indignación está avivada todavía por tantas muertes violentas en nuestro país, el estado y aquí mismo en Temixco».

Es condenable la violencia y los asesinatos; sentenció que los asesinos de Gisela Mota tendrán que dar cuenta a Dios de sus actos, «y cuando la justicia humana falla por razones que conocemos, la justicia divina no. Hoy nos hemos reunido aquí con un enorme sentimiento de ahogo moral, sorpresa, tristeza y peso agobiante».

Pese al dolor, pidió cambiar los corazones y evitar que el mal y la amargura inunde la vida, que tiene que seguir a pesar de la dura prueba, y esperar sobre todo que no haya impunidad.

Cabe señalar que Mons. Romero, en mayo del 2014, en ocasión de la visita «Ad Límina» de obispos mexicanos al Vaticano, entregó al Papa a nombre de los titulares de las 91 diócesis de México, un informe dramático sobre la situación de la violencia imperante en el país.

Este documento sirvió de base para que el 19 de ese mismo mes Francisco pronunciara un enérgico discurso sobre el tema en el cual lamentó la «violencia que aflige a la sociedad mexicana», y formuló «un renovado llamamiento a promover el espíritu de concordia a través de la cultura del encuentro, del diálogo y de la paz».