Primavera eclesial y encíclica ecológica

Primavera eclesial y encíclica ecológica

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“Pequeños pero fuertes en el amor de Dios, como
san Francisco de Asís, todos los cristianos estamos llamados a
cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos”

No cabe duda que los dos años de pontificado de Francisco han sido novedosos. En pocos meses ha transformado el modo de ser del papado y el modo en que la opinión pública ve al papado. Alguien ha comentado que el Papa entró al pontificado como Jesús en el templo: rompiendo formalismos, quebrando reglas que no ayudaban a que la Iglesia cumpliera su misión en el mundo, promover una Iglesia hacia fuera, que no tema accidentarse, que no sea clerical, donde los pastores huelan a oveja, donde la cultura del descarte o la globalización de la indiferencia no tengan cabida. Podemos afirmar que en este pontificado hay una primavera eclesial. El Papa argentino presenta su Magisterio sin añoranza del pasado. Ello no implica dejar de ser fiel a la Tradición. No añora, sino que se sitúa más en el ahora. Ni apología ni repliegue hacia dentro de los templos, el pensamiento de Francisco se vincula siempre, de modo inequívoco, a los empobrecidos. Ejemplo de ello es que el cambio climático genera cambios en la naturaleza, pero también en la economía, tanto en la producción de alimentos como el turismo. En esta perspectiva, podemos ver por qué los primeros y más gravemente afectados son los pobres. En su próxima encíclica, Francisco hablará de ecología y medio ambiente. Con ese tema no deja de atender a los pobres y hacer de ellos prioridad pastoral. La explicación salta a la vista: el daño ecológico genera también mayor marginación y pobreza y quienes lo sufren de modo directo y más dramático son los pobres. Los daños ocasionados al medio ambiente por la
modernidad y la posmodernidad desbocada e inconciente, ponen de relieve que somos vulnerables no solamente por las decisiones erróneas de quienes dirigen los Estados poderosos, sino de muchos de nosotros.

Aunque la rapiña de explotadores de minas, bosques y tierras es criminal, cada uno de nosotros tiene mucho
qué hacer, de ello está consciente el Francisco. En muchos discursos, mensajes, homilías y documentos, el Papa ha mostrado su preocupación sobre el tema. Considera que no podemos pasar por alto la defensa y promoción del medio ambiente, sino afrontarlo con valentía. Esperando dicha carta encíclica, daremos cuenta de las fuentes de Francisco en torno a la ecología y medio ambiente, y traeremos a cuenta algunas palabras pronunciadas ya por el Papa que nos dejan ver su interés al respecto.

Las fuentes del pensamiento sobre ecología del
Papa Francisco

Indudablemente, una de sus fuentes en la elaboración de esta encíclica ecológica es la teología y el Magisterio latinoamericanos. El Cardenal Bergoglio, que fue redactor del documento de la V Conferencia del CELAM, sabe del tema ecológico. Aparecida ya hacía reconocimiento de la conciencia de la naturaleza como herencia gratuita que debemos proteger y preservar para las generaciones futuras. En este sentido, ya los obispos latinoamericanos en Aparecida eran profetas respecto del medio ambiente. Hablaban de la destrucción de la biodiversidad, la explotación desmedida de recursos naturales, la mentalidad economicista que anima los megaproyectos industriales, el peligro de la ciencia y la tecnología sin base humana.

Por ello, con esta carta encíclica, Francisco se convertirá en profeta de la historia en relación a la denuncia que hará de los daños causados a toda la creación y el anuncio de la esperanza de un mundo armonioso y sustentable, del desarrollo que alcance a todos los seres humanos y de custodiar la creación a favor del propio ser humano. Sobre las fuentes de su pensamiento, también debemos recordar las conversaciones del entonces Cardenal Bergoglio de Buenos Aires con el Rabino Abraham Skorca, en las que concluían que la creación de Dios es un don maravilloso al ser humano y que los daños que se pueden causar son muy grandes. Nadie podemos arrogarnos el titulo de ser dueños de la naturaleza, ni podemos ser “tiranos de la naturaleza”. En la redacción de su encíclica, el Papa se ha asesorado de expertos en la materia desde el punto de vista de la doctrina social de la Iglesia. Del Pontificio Consejo Justicia y Paz, tanto el secretario, Mons. Mario Toso, conocedor de teología, filosofía y doctrina social, como el presidente, el Cardenal Peter Turkson, tendrán aportaciones valiosas. Detrás de ellos está el enorme bagaje de enseñanza social pontificia respecto de la ecología y el medio ambiente que tiene su expresión más puntual en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, enorme compilación de pensamiento social cristiano preparado precisamente por el Pontificio Consejo Justicia y Paz (2004). Por otra parte, antiguos conocidos del Papa en Argentina también contribuyen como especialistas en la confección de la encíclica: Víctor Manuel Fernández, rector de la Pontificia Universidad Católica de Argentina, y el Padre Carlos Marí Galli, doctor en Teología por la misma universidad.

Su nombre es Francisco

Es evidente que el nombre que asumió el Cardenal Bergoglio para su pontificado es identitario y programático. La preocupación por el medio ambiente la expresó apenas pasados unos días de haber sido electo. Papa. El 19 de marzo de 2013, Francisco hizo hincapié en la importancia de “custodiar la naturaleza”. Esa es una de las causas por las que escogió ese nombre: Francisco de Asís representa el modelo de vida austero, respetuoso con la creación, tan lejano a la actual “cultura del descarte” culpable de que en unos países se derrochen de forma irresponsable y caprichosa alimentos y recursos naturales, mientras que en otras partes del mundo millones de personas mueren de hambre y tiene nulas posibilidades de desarrollo. Sólo cuidando la naturaleza, advirtió el Papa en aquella ocasión, es posible también “custodiar a la gente, preocuparse por todos, especialmente por los niños, los ancianos, los más frágiles”. Por ello, en la Jornada Mundial del Agua, recordó a San Francisco, quien a través de lo creado daba alabanza a Dios, como con el Cántico del fraile sol: “Con san Francisco de Asís decimos: ‘Alabado seas mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta’”. Su nombre pues, fue tomado del pobrecillo de Asís. San Francisco fue declarado Patrono de la ecología por Juan Pablo II en 1979, ya que tiene un lugar singular “entre los santos y hombres famosos que valorizan la naturaleza como un don maravilloso hecho por Dios al género humano”. Toda esa herencia y preocupación es asumida con el nombre de Francisco. A propósito, Chesterton en su famosa biografía sobre san Francisco de Asís afirmó que “el Santo anticipó cuanto de liberal y más atractivo encierra el genio moderno: el amor de la naturaleza, el amor de los animales, el sentido de la compasión social, el sentido de los peligros espirituales que encierran la prosperidad y aun la misma propiedad”. Ese es el nombre que asumió el Cardenal Bergoglio, con esa obra quiere transitar su papado.

Lo que ya ha dicho el Papa sobre el medio ambiente
y la ecología

Además de su alocución del 19 de marzo de 2013, de la que ya dimos cuenta, el 5 de junio de 2013, en la audiencia general, denunció el desperdicio y la destrucción de alimentos y cuestionó nuestras actitudes sobre si estamos o no respondiendo a esa llamada de Dios.

Posteriormente, ese mismo año, se han conocido conversaciones sostenidas con Gustavo Vera, diputado argentino que es activista en la lucha contra la trata de personas, en la recepción que le ofreció el Papa en Santa Martha, en la que surgió el tema de la ecología. Otro tema que ha tratado es el agua. Apenas el 12 de marzo pasado, día de la Jornada Mundial del Agua, Francisco expresó que “es el elemento más esencial para la vida”, por ello “de nuestra capacidad para cuidarla y compartirla depende el futuro de la humanidad”. Nuevamente, podemos ver la llamada a custodiar la creación, en este caso el agua. Esta exigencia la enfocó a las autoridades mundiales: “Animo por lo tanto a la comunidad internacional a vigilar para que las aguas del planeta sean adecuadamente protegidas y nadie sea excluido o discriminado en el uso de este bien, que es un bien común por excelencia”. Pero las palabras más importantes como antecedente las encontramos en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (24 de noviembre de 2014), donde trata el tema en los números 215 y 216 en el contexto de “cuidar la fragilidad”. El elenco de los frágiles en este apartado es enunciativo y no exhaustivo: los sin techo, los toxicodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados, los migrantes, los que de diversas formas son víctimas de la trata de personas y las mujeres quienes son doblemente pobres cuando sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia (cfr. nn. 210-211). Con ellos se ha identificado Jesús, y ello nos hace el llamado de cuidar a los más frágiles de la tierra (cfr. n. 209). Entre estos más frágiles e indefensos, además de los no nacidos (cfr. n. 213), están “todo el conjunto de la creación”. Precisamente, el ser humano no es dueño de la creación, es custodio de todas las creaturas. Cuando el medio ambiente es dañado, se daña también al propio ser humano: “No dejemos que a nuestro paso queden signos de destrucción y de muerte, que afecten nuestra vida y la de futuras generaciones” (cfr. n. 215). Ahí radica nuestra responsabilidad de seres humanos y de cristianos.

A modo de conclusión

El papado de Francisco, que coincide con las acciones comprometidas de muchos laicos, abre una aurora de esperanza. El nombre Francisco, asumido por Jorge Mario Bergoglio para su pontificado, nos revela por lo menos dos intenciones del Papa: por un lado, asume la parte de cuidado de la creación de Francisco de Asís, y por la otra, aunque no ha sido dicho por el Papa, se puede ver en su labor pastoral la voz que resuena junto con el pobrecillo de Asís de reconstruir la Iglesia. Por eso, podemos hablar de una primavera en la Iglesia.

Pero esta primavera se encuentra en un contexto de un mundo cuasidestruido. La nueva carta circular tendrá un valor práctico más que un valor dogmático, ya que tiene que ver con la custodia urgente de la creación. Y por ello, nos recuerda Leonardo Boff en su texto sobre Francisco de Roma y Francisco de Asís, que el Papa usó más de ocho veces la palabra ‘cuidado’ en la alocución inaugural de su papado. Sin lugar a dudas, Francisco, siguiendo a Boff, nos propone una ética del cuidado encaminada a salvar la vida humana y garantizar la vitalidad de los ecosistemas. El mundo es el lugar en el cual vivimos, es esta casa que hemos descuidado. Los que seguimos a Jesús de Nazareth debemos pasar del pathos de la indignación al ethos de la acción ante el deterioro ecológico. Nadie está en un mundo aséptico, todos somos solidarios en la afectación del medio ambiente. Seguramente, la síntesis de su encíclica tendrá que ver con lo dicho en esa homilía referida por Francisco: “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos custodios de la Creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de la destrucción y de muerte acompañen este mundo nuestro”.

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