¡Que inicien los juegos!

¡Que inicien los juegos!

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Protagonistas heroicos, drama, comedia, tramas que captan la atención del mundo. Todo ello se juega en las justas olímpicas. Y es que los juegos olímpicos, en su origen, tenían que ver con la historia sagrada, esa que se narra en el mito y se re-crea en el rito. Los Juegos Olímpicos son una forma diversa de entender la vida y la realidad, más cercana, por los simbolismos y los ritos, al mito que los discursos racionalistas.

Mircea Eliade alude así: “El mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos”.  Ahí nacieron los Juegos Olímpicos en la Grecia Antigua, conjugando no sólo el origen y sentido de vida, sino la memoria que hacia recordar las grandes hazañas de los competidores, y también la belleza en la exaltación del cuerpo ágil, rápido y fuerte.

Píndaro, el poeta lírico que nos legó odas dedicadas en su mayoría a los triunfos de los competidores en festivales panhelénicos como los Juegos Olímpicos, nos informa que Herakles mejor conocido como Hércules, fundó los Juegos Olímpicos en honor de Zeus, su padre. Habiendo terminado sus famosos Doce Trabajos donde derrotó animales, enormes bestias en contiendas hiperbólicas, fundó Olimpia, llamado así por su vecindad al monte Olimpo, donde moraba el padre de los dioses, Zeus. Ahí se realzaría las “Olimpiadas” cada cuatro años. Esa competición tenía la duración de una jornada; pero sin duda era una jornada épica y mítica.

La sentencia “mente sana en cuerpo sano”, inventada por los romanos hace muchos siglos, recuerda el escritor de pensamiento universal Paco Prieto en un texto muy interesante (Signo de los Tiempos, 277, agosto de 2016), contribuye entre otras cosas a introducir el carácter lúdico en la vida cotidiana.

Pero los juegos, esas actividades lúdicas y físicas han pasado por la sospecha. Parece ser que el juego, como ejercicio lúdico implica que el jugador puede hacer lo que quiera, lo que en gana le venga, pero no. Cada juego tiene sus reglas. Ello no descarta las múltiples formas de trampa o la búsqueda de medios para sacar ventaja.

Los juegos olímpicos entran en la sospecha también. Según algunos autores son un invento político de la antigüedad y lo son también en los modernos Juegos Olímpicos, en el siglo XX con la lucha entre los bloques políticos de la Unión Soviética y de los Estados Unidos, los Juegos Olímpicos pasados por los estadios de la Guerra Fría. Hay en los Juegos Olímpicos propósitos políticos, pero hay también coronas de laurel en las frentes de admirados atletas.

Los atletas que casi exhaustos terminan su competencia contrastan con la corrupción para hacer la competencia ventajosa a favor de los tramposos. Los competidores que a base de esfuerzo heroico participan en los Juegos, contrastan con la inversión de dinero y tecnología en competidores beneficiados por el mismo capital para ser explotados en marcas y mercados por el mismo capital.

Borges tenía la idea de que en los juegos, previstos de reglas para evitar, no sólo la trampa sino que la suerte y no la destreza, fuerza o rapidez, diera la victoria a un competidor, tiene su base en el azar. Muchas veces los juegos se supeditan a otros juegos. Tal es el caso del volado inicial en los partidos de fútbol o los sorteos a los que se someten los equipos de cualquier competición internacional. Un sorteo precede a la justa y la va determinando.

El público o los admirantes, también son protagonistas. No sólo hablan, gritan, indican imperativamente a los jugadores de su elección y predilección qué hacer como estrategas o entrenadores, sino que hacen oraciones, emiten oráculos para invocar la suerte de los dioses en los mega-templos que son los estadios.

Los juegos finalmente, son una metáfora de toda la vida.

¡Que inicien los juegos!

 

*Gerardo Cruz González. Investigador IMDOSOC