Septiembre: mes de la Patria

Septiembre: mes de la Patria

La independencia y la democracia están muy lejos de ser una realidad en nuestro país. Ante la violencia, la pobreza y la corrupción los obispos de México en su exhortación Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna, afirman que en nuestra sociedad algo anda mal, que no funciona y exige medidas eficaces para revertir esta situación. Asimismo, se preguntan qué hemos hecho mal o qué hemos dejado de hacer para estar en esta situación actual: inseguridad, narcotráfico, violencia, ausencia de respeto a los derechos humanos, desigualdad económica, millones de mexicanos en extrema pobreza, elecciones compradas, etc.

Las fiestas patrias en cualquier país son la oportunidad para promover y fortalecer los valores que le dan identidad y fortaleza. En el Salmo 137, 5-6, nos da una breve pero muy profunda —tal vez radical y muy poética— lección de la historia e identidad de un pueblo, y nos dice:

“Si yo me olvido de ti Jerusalén,

que mi mano derecha se me seque,

si yo me olvido de ti Jerusalén,

que se me pegue la lengua al paladar”.

Tal vez en la historia universal no hay otro pueblo como el judío, con esa identidad tan arraigada que la conserva en la memoria y la solidaridad entre todos los de su raza, más allá de fronteras, circunstancias políticas y épocas. El lema de la Acción Católica, presente desde hace cien años en México y muchos pueblos católicos, es “Por Dios y por la Patria”.

El Papa Juan Pablo II se pregunta: “¿puede ir la historia contra la corriente de las conciencias?”, y en un poema titulado “Pensando Patria” nos dice:

¡La libertad hay que conquistarla permanentemente,

No basta con poseerla!

Llega como un don,

Y se conserva con ardua lucha.

… Débil el pueblo si acepta su derrota,

Olvidando que fue llamado a velar,

Hasta que llegue su hora.

El Papa Francisco, aún en Buenos Aires y ante los graves problemas económicos y de corrupción de Argentina, convocó a sus compatriotas: “hay que echarse la patria al hombro”; esos problemas representados en el hermano sin empleo, la trata, la drogadicción y demás males sociales dice a cada uno: “no hacerse el desentendido, ni mirar a otro lado, como si esos problemas no nos correspondieran”. En la Evangelii Gaudium lo expresa en una sola frase: “a todos nos corresponde participar en la construcción de una mejor sociedad”.

También en su libro Educar es elegir la vida, nos dice Bergoglio: “La vida, la familia y la patria son un don de Dios, nadie pidió vivir ni nadie elige a su familia ni el lugar donde se nace. Son un don, pero también una tarea a realizar y para realizarse como persona. Qué vida queremos llevar, qué familia, comunidad o patria queremos tener, ese es un reto permanente de toda persona y comunidad”.

Estas reflexiones nos llevan a una conclusión desde la fe: no podemos ser verdaderos cristianos si no somos verdaderos ciudadanos. Dar testimonio de nuestra fe y trabajar por una mejor comunidad. Esa es la responsabilidad en el país que se nos dio para vivir.

México, con sus luces y sombras a través de la historia, es el lugar de nuestros padres y de nuestros hijos. Es un lugar próspero pero a la vez un lugar de retos. Así pues, quien promueve la división, el odio, o la discordia entre los ciudadanos de un mismo país, debe saber que no sólo comete un error político, sino que atenta contra un bien moral.

No podemos hablar de Patria cuando hay exclusión y discriminación de personas, cuando no se respetan los derechos humanos, especialmente de las personas más vulnerables.

No hay Patria cuando hay millones de personas en pobreza y miles de migrantes secuestrados, amenazados, golpeados, perseguidos… No podemos habar de Patria cuando la falta de solidaridad es tan patente que —como muestra la Encuesta “Creer en México”— pocos, muy pocos en México participan en cuestiones sociales de modo organizado.

El Card. Bergoglio, refiriéndose a que la Patria es una construcción de todos, afirmó que «El diálogo y la búsqueda de verdades que nos llevan a construir un proyecto común implican escucha, renuncias, reconocimiento de los errores, aceptación de los fracasos y equivocaciones… implican aceptar debilidad. Pero da la impresión que siempre caemos en lo contrario: los errores son cometidos por ‘otros’ y seguramente en ‘otro lado’».

Es necesario que las personas y sectores de la sociedad (políticos, educativos, económicos, sociales y religiosos) nos preguntemos: ¿por qué estamos así y qué nos corresponde hacer? Celebrar las fiestas patrias es tomar conciencia de nuestro ser ciudadano y cristiano, es ser más solidarios y promover la solidaridad, es construir una sociedad más democrática donde se respeten los derechos humanos, es reconocer nuestros valores y transmitirlo a nuestros hijos.

Por cierto, ¿sabías que los colores de la bandera de México se encuentran, y de ahí fueron sacados, de las alas del ángel que sostiene a la Virgen de Guadalupe? Esto es parte de nuestra identidad.

¡Felices fiestas patrias!

IMDOSOC, 2014

Artículos similares