Sin Doblez

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Socio fundador del IMDOSOC, Consejero, miembro de la Comisión Académica del Instituto, escritor y maestro del pensamiento social cristiano, don Efraín fue un pilar fundamental, sobre todo en los primeros años de existencia del Instituto que está acercándose a su XXX aniversario. Apreciado y reconocido por todos, no sólo por su inteligencia, sino también por otras virtudes como su humildad, su permanente actitud de servicio y su sentido del humor, don Efraín fue un discípulo del Señor y un misionero destacado del apostolado de la inteligencia, cuyo propósito es: ayudar a buscar la verdad y a dejarse encontrar por la verdad.

Quienes lo conocieron en la militancia política reconocen su incorruptible afán de servicio por el bien común, por los derechos humanos y por la defensa de la dignidad inviolable de las personas. Quienes lo conocieron en plena actividad política como oposición, dan testimonio de su agudeza para la crítica fundamentada y certera, sin marrullerías ni tergiversación de las cosas a su favor. Quienes lo conocieron en el servicio público, dan fe de su profesionalismo, generosidad y entrega sin servirse de lo público en beneficio personal. Pero mejores alabanzas se escuchan de quienes fueron sus alumnos en tantas décadas de docencia universitaria. ¡Ni qué decir del hombre de familia y del mexicano ejemplar que fue Don Efra!

“Pecador estándar” como todos —expresión que acuñó y que muchos adoptamos—, hombre de su tiempo abierto al diálogo, se recordará a don Efraín como ese cristiano de poderosa inteligencia que lograba discernir y clarificar, con elocuencia y contundencia, los “disparates” que suelen siempre tener clientela, las falacias y los sofismas, los errores lógicos en la argumentación, y evidenciar la pereza mental de nuestro tiempo, a fin de abrir caminos para no sofocar la aspiración humana por la verdad, dentro de un contexto social y cultural plagado de relativismo gnoseológico, antropológico, ético y jurídico.

Pensar bien, comer bien, beber bien, reír bien, querer y amar bien, trabajar bien y servir a Dios y al prójimo con tanta diligencia como naturalidad, pareciera que fueron sus propósitos en la vida. Vida lograda y enriquecida que hace pocas semanas dejó esta tierra para partir a la Patria de todos. Su esposa, sus hijos, sus familiares y amigos, tanto como sus discípulos, colegas y ex alumnos, nos enriquecimos y lo seguiremos haciendo con su obra y testimonio. Para los creyentes en la “comunión de los santos”, Don Efraín sigue entre nosotros.

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