Solidaridad, Sismos y Esperanzas

Solidaridad, Sismos y Esperanzas

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Los que vivimos los dos sismos devastadores de la Ciudad de México sabemos bien que la tragedia, la desgracia, ese enroque entre destino y falta de ética de los constructores de casas y edificios, han hecho una combinación entre fatalidad, corrupción y mala suerte en el que las víctimas: muertos y damnificados, nos han removido el corazón hasta capaces de pensarnos no de forma individualista sino como nosotros. Con ello ha surgido una oportunidad para re-pensarnos y re-hacernos en lo personal y en lo comunitario.

La devastación es una oportunidad de deconstrucción y de reconstrucción. Como insinuó Carlos Monsiváis a propósito del terremoto de 1985 en un texto que guarda varios ensayos que pueden aplicarse hoy después del terremoto 32 años después de aquel: “No sin nosotros”. (No sin nosotros, Era, 2006). Este terremoto del 19-S  puede ser la punta de un proceso de participación y organización de la sociedad civil.

A diferencia del 85, en este terremoto vimos emerger nuevos grupos sociales, comunicándose de manera nueva. Se criticó a la televisión por su exceso de mal gusto y sensacionalismo, clausurando la idea de  hasta el extremo de inventar víctimas y crear historias que no pudieron terminar al estilo de la Rosa de Guadalupe, y que fueron capaces de tener entre sus protagonistas a miembros de la Defensa Nacional y como su principal propagandista al Presidente Peña, quien arrebatado por el fervor del sensacionalismo hizo votos por el rescate de la niña Frida Sofia, ficción telenovelera de Noticieros Televisa.

Otros nuevos actores en esta emergencia que generó el terremoto del martes 19 de septiembre fue la movilización hacia a fuera de la Ciudad de México, ya que sismos anteriores causaron daño en Oaxaca y Chiapas, y después el 19-S se registraron graves pérdidas en Morelos, Puebla, el Estado de México. Con ello la ayuda se hizo trans-urbana, salió de Ciudad de México.

Pero también una generación de jóvenes que pusieron en solidaridad y servicio no sólo sus manos, sus hombros, sus bienes y sus esperanzas de encontrar con vida al mayor número de personas rescatadas de entere los escombros de la escuela Rébsamen, del edificio de costureras en San Antonio Abad, del edificio de la Avenida Álvaro Obregón o de cualquier edificio derrumbado de la colonia Roma, la Condesa, Del Valle, Narvarte, Villa Coapa, Xochimilco, etc.

Estos jóvenes se organizaron a partir de nuevas tecnologías y redes sociales organizando las necesidad y las ofertas de víveres, albergues enseres y herramientas de rescate  e incluso  movilizando de un lugar a otro según necesidades. Cuerpos salvando cuerpos con vida o cuerpos fallecidos. Cuerpos salvadores de cuerpos que se alejan de la sujeción del Estado, cuerpos que se organizan y dejan de ser cuerpos como fuerza útil o cuerpos sometidos (Foucault). Estos cuerpos jóvenes se movieron por lo mismo que la ciudadanía se organizó en el terremoto 32 años antes: la solidaridad.

Este modo de ser, de entendernos como humanidad que es la solidaridad, no representa un acto de benevolencia o de caridad a modo de limosna. Es una forma de entendernos como seres en relaciones sociales y políticas cotidianas. Es este nosotros que nos hace personas, en este sentido es un componente antropológico. Es lo que Felicísimo Martínez Díez presenta, en el plano ético, como una exigencia de justicia ante una realidad de desigualdad y justicia de tanta asimetría entre los seres humanos (La solidaridad es opcional o es de justicia, IMDOSOC, 2016).

En nuestro país las cosas no pueden seguir igual que antes del terremoto. No podemos regresar a lo que muchos consideran como normalidad y que es una forma de conformidad. México es uno de los países más desiguales en lo social y económico en el continente más desigual que es América Latina; México es uno de los países con más violencia en todo el mundo, donde desaparecidos, secuestrados y ejecutados forman parte del paisaje nacional; México es uno de los países donde la democracia, secuestrada por partidos políticos, es muy cara y nada real; México es rey en la corrupción e impunidad; México tiene los más altos niveles de feminicidios de la región; etc.

No podemos seguir proponiendo a los niños y a los jóvenes patrones del crimen organizado como ideales de realización, simplemente porque no son humanos. No podemos seguir criticando las políticas del presidente Trump respecto de los migrantes pero ser racistas y xenófobos con nuestros hermanos de Centroamérica o de países del Caribe o África que transitan o vienen de modo irregular a México.

Después del 19-S y ante la proximidad de las elecciones donde se elegirán el mayor número puestos de elección popular debemos ser otro México.

En ello tenemos esperanza quienes pensamos que Hobbes no tenía razón: no somos Homo homini lupus. Esta solidaridad que nos atravesó a todos en la desgracia y el dolor, es capaz de devolver la esperanza.

La solidaridad es el sismo que nos sigue moviendo.

 

Gerardo Cruz González
IMDOSOC-Investigación

 

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