Una encíclica ecológica

Una encíclica ecológica

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El Papa Francisco prepara una encíclica sobre el medio ambiente y su cuidado. Con ese tema no deja de atender su preocupación por los empobrecidos y hacer de ellos prioridad pastoral. La explicación salta a la vista: el daño ecológico genera también mayor marginación y pobreza; quienes lo sufren de modo directo y más dramático son los pobres. Ni apología ni repliegue hacia dentro de los templos, el pensamiento de Francisco se vincula siempre, de modo inequívoco, a los empobrecidos.

Los daños ocasionados al medio ambiente por la modernidad y la posmodernidad desbocada e inconsciente, ponen de relieve que somos vulnerables, no solamente por las decisiones erróneas de quienes dirigen los Estados poderosos, sino de muchos de nosotros. Aunque la rapiña de explotadores de minas, bosques y tierras es criminal, cada uno de nosotros tiene mucho que hacer, de ello está consciente Francisco.

En muchos discursos, mensajes, homilías y documentos, el Papa ha mostrado su preocupación sobre el tema. En primer lugar, considera que no podemos pasar por alto la defensa y promoción del medio ambiente. Por ello, esta problemática la debemos afrontar con valentía.

Esperando dicha carta encíclica, daremos cuenta de las fuentes de Francisco en torno a la ecología y medio ambiente, y traeremos a cuenta algunas palabras pronunciadas ya por el Papa que nos dejan ver su interés al respecto.

Desde su nombre asumido (Francisco) nos damos cuenta de su preocupación por el cuidado de la creación que debemos tener todos los seres humanos. San Francisco de Asís representa el modelo de vida austero, respetuoso con la creación, tan lejano a la actual cultura del descarte —culpable de que en unos países se derrochen de forma irresponsable y caprichosa alimentos y recursos naturales; mientras que en otras partes del mundo millones de personas mueren de hambre y tiene nulas posibilidades de desarrollo—. Sólo cuidando la naturaleza, advirtió el Papa, es posible también “custodiar a la gente, preocuparse por todos, especialmente por los niños, los ancianos, los más frágiles”.

El Papa ya ha hablado mucho al respecto, por ejemplo en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, trata el tema en los números 215 y 216 cuando habla de “cuidar la fragilidad”. Los más frágiles son: los sin techo, los toxicodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados, los migrantes, los que de diversas formas son víctimas de la trata de personas y las mujeres, quienes son doblemente pobres cuando sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia.

Con ellos se ha identificado Jesús, por lo que tenemos el llamado de cuidar a los más frágiles de la tierra (cfr. n. 209). Precisamente, el ser humano no es dueño de la creación, es custodio de todas las creaturas. Cuando el medio ambiente es dañado, se daña también al propio ser humano: “No dejemos que a nuestro paso queden signos de destrucción y de muerte, que afecten nuestra vida y la de futuras generaciones” (cfr. n. 215). Ahí radica nuestra responsabilidad de seres humanos y de cristianos.

La nueva encíclica tendrá un valor práctico más que un valor dogmático. Por ello, nos recuerda Leonardo Boff en su texto sobre Francisco de Roma y Francisco de Asís, que el Papa usó más de ocho veces la palabra ‘cuidado’ en la alocución inaugural de su papado. Sin lugar a dudas, Francisco —de acuerdo con Boff— nos propone una ética del cuidado encaminada a salvar la vida humana y garantizar la vitalidad de los ecosistemas.

El mundo es el lugar en el cual vivimos, es esta casa que hemos descuidado. Los que seguimos a Jesús de Nazaret debemos pasar de la sorpresa y la indignación ante el deterioro ecológico, a la acción. Debemos pasar del pathos de la indignación, al ethos de la acción. Nadie está en un mundo aséptico, todos somos solidarios en la afectación del medio ambiente.

MÁS INFORMACIÓN:
Revista Signo de los Tiempos, próximo número 262, mes de mayo de 2015.

Gerardo Cruz González