Unos minutos cada día

Unos minutos cada día

“Dios, creador de todas las cosas y Señor del cosmos, está unido con cada hombre y mujer por una relación de amor”.  (Beato Juan Pablo II).

Estamos por concluir la primera quincena del nuevo año. Es costumbre hacer una serie de propósitos que nos pueden llevar a creer que podemos lograr un cambio en nosotros y vivimos con la esperanza de que también se dé en la familia, en el lugar donde trabajamos, a mes y medio de la toma de posesión del nuevo Presidente, en nuestro país.

No podemos negar que vivimos estresados, agitados, angustiados; corriendo por todos lados para que el tiempo nos alcance y así poder realizar un sinfín de actividades que hemos planeado. ¡Ya basta! Aprendamos a detenernos unos minutos cada día. Al despertarnos, qué maravilloso es poder preguntarles a nuestros seres queridos cómo pasaron la noche y dar gracias al Señor por estar juntos un día más admirando la belleza que tienen en esta época del año los amaneceres.

En el trabajo, qué bien se siente recibir un abrazo sincero de uno que otro compañero que te dice que sea un día increíble trabajando con la esperanza de que todo lo que hacemos está orientado a seguir construyendo el Reino de Dios. Y si nos asomamos a ver el cielo, las nubes con el viento adquieren formas indescriptiblemente bellas.

Al regresar al hogar, gocemos y prestemos atención a las pláticas de cada uno y recordemos que estar aquí no es para estar ociosos, sino para trascender con nuestro quehacer diario y estar satisfechos al momento de nuestra partida. No perdamos la vida en cosas inútiles. Ya es bastante difícil vivir en un mundo acelerado e invadido por la violencia, la mentira y el chantaje.

Si nos detenemos unos minutos cada día, nuestro mundo estará lleno de felicidad, esperanza, alegría, respeto por el otro y por uno mismo. Entonces no necesitaremos hacer “propósitos de año nuevo”, ya que cada día seremos mejores. No esperemos que el otro cambie, empecemos por cambiar nosotros. Seamos capaces de admirar lo bello que tiene cada persona, no permitamos que nadie nos robe la ilusión y la esperanza, seamos constructores de vida. Vivamos procurando servir al otro y ayudándole en todo lo que esté de nuestra parte; procuremos el bien de los que nos rodean; gocemos de la creación respetándola y admirándola y, sobre todo, aprendamos a vivir con la mejor sonrisa que podamos dar al estar conscientes que hemos sido creados para AMAR.

Gabriela Pacheco – IMDOSOC

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