XXXI Asamblea Ordinaria

XXXI Asamblea Ordinaria

CIUDAD DE MÉXICO, 28 DE ABRIL DE 2015.

Mensaje del Presidente del IMDOSOC Román Uribe Michel

Cumplo con el deber, y lo hago con gran gusto, de informar a esta asamblea sobre los trabajos del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, para el ejercicio comprendido de mayo 2014 a abril de 2015.

Agradezco profundamente la actitud enormemente solidaria y subsidiaria del Comité Ejecutivo que ha acompañado los empeños y frutos de los que aquí daremos cuenta.

Ha sido un año de rápidos cambios y nuevos retos para nuestra sociedad, el Instituto no ha sido ajeno a ellos y hemos tenido que reaccionar adelgazando y eficientando nuestra estructura, al tiempo que tratamos de responder a las problemáticas más actuales aportando reflexiones y propuestas del pensamiento social cristiano a la luz del Evangelio para esas realidades.

Gracias a Dios, el compromiso creciente de la mayoría de nuestros consejeros en las distintas comisiones que existen, como guía y apoyo de nuestro personal operativo, está generando logros concretos alineados a nuestra vocación primigenia de la difusión de la doctrina social cristiana. Una gran deuda reconocemos dentro de los objetivos que nos planteábamos hace un año: acercar a los jóvenes al Instituto. Si bien hemos aumentado en un porcentaje modesto la asistencia de jóvenes a ciertos eventos que se convocaron, deberemos redefinir nuestra estrategia para este tema. La inmensa mayoría de nuestros jóvenes están inmersos en un mundo radicalmente secularizado y con dolor vemos que ni siquiera perciben la ausencia de su fe y el compromiso social que debiera derivarse de ella en su vida cotidiana.

Otra línea de acción retomada por la feliz insistencia de nuestros fundadores, pero sobre todo por el urgente y definitivo llamado evangélico que desde siempre ha existido y persistido, es la opción preferencial por los pobres. La comisión creada para este fin, y de la que señalaremos sus avances dentro de este informe, nos ha dado gran claridad de las rutas a seguir como Instituto y sobre todo de la gran magnitud del reto y la perseverancia que deberemos mostrar ante él.

Quisiera terminar con algunas breves ideas sobre el llamado que todos tenemos a practicar la esperanza y la caridad.

Hace poco escribía la Dra. María Luisa Aspe: “después de indignarse por la circunstancia de quienes sufren, por la corrupción e impunidad que campean en la vida pública, hay que dar lugar a la empatía y la reflexión necesarias para generar propuestas viables y portadoras de esperanza”. Al mismo tiempo, otro de nuestros consejeros, el Padre Mario Ángel Flores, nos decía:

“La esperanza cristiana no es pasividad, no es indiferencia, tampoco enajenación y menos huida del mundo, sino una actitud decidida para la transformación de la historia de inequidad”.

Sobre la caridad leemos en la carta de Santiago 2,14-17 “Que la fe, si no tiene obras, está muerta”.

Como vida, y no como teología, debemos ver los cristianos nuestra religión. En este tiempo de Pascua sabemos que Dios se identifica con los crucificados, empezamos a entender por qué estaba siempre con los dolientes y por qué defendía tanto a los pobres, los hambrientos y despreciados. También, el Papa Francisco nos señala con gran agudeza: “Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele”.

Finalmente y en forma providencial, para ubicarme en la bondad de la Palabra de Dios, Teté mi esposa me recuerda un gran texto de san Pablo a los Efesios 2,8-11: “Hemos sido salvados gratuitamente mediante la fe: es decir que esto no viene de nosotros, sino que es un Don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos”.

Termino con otras palabras, también de san Pablo, que acostumbramos poner en las cartas de agradecimiento a nuestros donantes: “Dios ama al que da con alegría” (2 Co 9,7).

Román Uribe Michel.

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