XXXII Asamblea Ordinaria

XXXII Asamblea Ordinaria

CIUDAD DE MÉXICO, 12 DE ABRIL DE 2016. 

Mensaje del Presidente del IMDOSOC. Román Uribe Michel. 

 

No todo el que me diga: “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial (Mt 7,21).

Me permito iniciar este informe de las actividades del IMDOSOC para el periodo abril 2015 a marzo 2016, con las palabras que san Mateo nos hace llegar en su Evangelio y en las que debemos encontrar todos hoy nuestro motivo de reflexión. Nada más lejano de mi intención que vanagloriarnos de nuestra pequeña aportación a la comunidad más inmediata a la que tenemos el privilegio de servir, tan sólo continuar grabando en nuestro corazón que el Señor Jesús nos invita una y otra vez a la acción. Que debemos convertirnos en una Iglesia capaz de acompañar, de ir más allá del mero predicar o escuchar; una Iglesia que acompañe en el camino poniéndose en marcha con la gente. Una Iglesia que pueda descifrar el acercamiento auténtico a lo que ahora se ha llamado las periferias existenciales y que siempre han estado ahí esperándonos.

Debo reconocer, por toda obviedad y justicia, que lo aquí reseñado como frutos del Instituto en este último año es gracias a la entrega y mística de servicio que hemos ido logrando poco a poco con la ayuda de Dios en esta pequeña comunidad, por el personal operativo y también marcadamente por la cada vez mayor participación y aporte de todos nuestros consejeros en las distintas comisiones que existen, mismas en las que hemos reforzado la congruencia de nuestra misión toral en la opción preferencial por los pobres: línea de acción medular y transversal de todos los trabajos que nos hemos propuesto en estos últimos años.

Permítanme una breve reflexión que creo debe seguir animando nuestros empeños por la justicia social, ahora en el espléndido marco del Año de la Misericordia, al que hemos sido invitados todos a vivir de una manera particular.

La vida de Jesús es la de alguien cercano a los necesitados. Un profeta entregado totalmente a liberar a hombres y mujeres de todo lo que bloquea el crecimiento en la vida e impide a la humanidad vivir con esperanza. En el Nuevo Testamento hay una teología de la ternura que siempre es curativa. De este elemento del Nuevo Testamento se habla poco.

Pensamos que es necesario luchar con firmeza y tenacidad contra toda forma de injusticia y opresión, desenmascarando todos los mecanismos sociales que las generan. Pero la creación de nuevas estructuras sociales o económicas no es suficiente para generar al hombre nuevo.

Hay algo que no puede ser resuelto por la reforma más profunda ni por la revolución más radical: el afecto que le hace falta a tantas personas, la soledad, la crisis del sentido de la vida, el vacíointerior, la desesperanza que invade a tantos de nuestros hermanos. Por eso, hemos de aprender de Jesús el afecto que muestra a cada persona, la cercanía amistosa, el respeto y la escucha a cada ser humano, la acogida y comprensión de cada vida.

Hace escasamente tres semanas, escuchábamos en el Jueves Santo el evangelio de san Juan sobre la última cena. Pongamos un poco de atención a la profunda enseñanza de Jesús, nuestro Padre, cuando el primer acto de ese crucial acontecimiento para toda la humanidad —en donde se nos da el “mandamiento nuevo” de amarnos los unos a los otros, pero como Él nos ha amado, y en dondese instituye ese inconmensurable y gozoso Misterio de la Eucaristía— da muestra de la misericordia y el servicio: me refiero al lavatorio de los pies. Ante la resistencia de Pedro, el Maestro le contesta: “lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. ¿Habremos ya comprendido esto? Jesús les dijo, como ahora nos dice a nosotros: “pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

Sigamos pues nuestro trabajo, hay aquí afuera y a nuestro alrededor millones de pies por lavar.

Pascua del 2016.

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También puedes consultar el mensaje del Cardenal Norberto Rivera Carrera aquí.