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Arte, misterio y religión

Daniel Cuéllar


Toda religión tiene rasgos artísticos y todo arte tiene rasgos religiosos, afirmó el Dr. Luis Gustavo Meléndez en la conferencia inaugural del Coloquio teológico Rostros y lenguajes de la experiencia de Dios, organizado por el IFTIM, los Carmelitas descalzos y el Centro Universitarios Cultural.


Centró su reflexión en el arte abstracto como una posibilidad de Revelación. Para ahondar hizo varias preguntas, entre ellas ¿qué hace que una obra sea considerada sacra?, ¿una Cantata de Bach es una obra artística o es una obra religiosa? Aquí lo religioso se entiende como aquello que religa, que vincula con lo trascendente como apertura a tocar y ser tocados por aquello que nos toca en lo más íntimo, es el misterio en palabras del teólogo Paul Thillich. De esta manera lo religioso se da en la historia y supone una serie de nudos culturales que condicionan nuestros juicios a la hora de apreciar tal o cuál cosa.


Entonces, ¿qué hace que una obra sea sólo artística o sólo religiosa, puede una obra no ser artística o religiosa?


Para responder tal cuestionamiento presentó cómo el teólogo Hans Urs Von Balthasar plantea que el mundo es el lugar de revelación por excelencia (teofanía). En el tomo uno de su obra Gloria hace una crítica a la separación entre teología y estética, ahí ve la necesidad de buscar el puente entre la Revelación y la belleza. Von Balthasar acude a los trascendentales del ser, la verdad, la bondad, la unidad, para establecer una relación con la suma belleza, que es Dios, el resplandor de la belleza como le llama el teólogo, con el arte en cuanto lenguaje y expresión cultural que es el medio propicio para pensar y comprender la acción reveladora del misterio.


La Revelación es un concepto perceptivo, experimentable. Para explicarlo mostró cómo la obra del artista Mark Rothko y el diseño de la Biblioteca Laurenciana de Miguel Ángel generan una sensación de intimidad, de profundidad. Esa experiencia se manifiesta en el silencio y requiere la apertura del sujeto expectante, dijo.


¿Qué ve el artista en su obra culminada? El arte abstracto provoca la contemplación, lo que sale del silencio y nos interpela, en la obra de Rothko quizá es la noche, la oscuridad, la ausencia. Estas metáforas son las estrategias propias de la plástica y la desfiguración en el arte abstracto que nos lleva a pensar en la soledad y en la noche del místico, al no lugar donde acontece la Revelación, donde surge la presencia de Aquél que pensábamos ausente.


Frente a la lógica de la razón, la desfiguración de las obras de Rothko se presenta como una experiencia arrebatada, pasional, seductora, al estilo de san Juan de la Cruz.


Así, la estética nos lleva a contactar con la experiencia de apertura, intimidad y límite en la revelación de lo humano y lo divino.


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