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¿Ser o no ser un católico ecológico?

Por David Vilchis


¿Por qué un creyente debería interesarse por temas ecológicos? ¿No es acaso una moda contemporánea que denigra a la persona humana y va contra los valores del Reino? ¿No es una ocurrencia del papa Francisco? ¿O una muestra de la infiltración de los poderes del mundo en la vida y misión de la Iglesia?


Aunque estar comprometido con el cuidado de la creación es una parte esencial de la vocación de todo creyente, muchas veces no se ve muy clara esta relación. Por ello, es importante promover una auténtica conversión ecológica que nos reconcilie, como creaturas que somos, con el resto de la creación y con el Creador mismo.



En el principio, Dios encomendó su creación al género humano (Gn 1, 26-31) y al final de los tiempos, nos pedirá cuentas de todo lo que hayamos hecho. (Qo 12, 14; Rom 14, 12). ¿Qué le vamos a decir cuando nos cuestione por nuestras acciones que destruyen su creación, impidiendo que ésta le alabe constantemente? (Sal 148; Ap 5, 13) Nuestras acciones y omisiones han transformado sus alabanzas en clamores que exigen justicia; en vez de traer la redención, hemos traído la desolación a la creación divina.


Además, no solo estamos provocando la destrucción de la obra de sus manos, sino que estamos afectando a “nuestros hermanos más pequeños”. Lamentablemente, los estragos de la grave crisis socio-ambiental que estamos provocando afectan a las personas más empobrecidas; pues son más vulnerables ante los desastres ambientales (cada vez más frecuentes), la contaminación y el agotamiento de los recursos. Así, el clamor de la tierra se une al clamor de los pobres, de aquellos con quien Cristo mismo se identificó a tal grado que nuestras acciones u omisiones para con ellos son acciones u omisiones hechas a Cristo mismo. (Mt 25, 31-46)


La preocupación por el cuidado de la creación, nuestra casa común, no es nueva en la Iglesia. Al contrario, la relación con la naturaleza que fue dañada con el pecado, fue restaurada por el sacrificio y la redención de Cristo. Así, aunque nuestro fin último es el Reino de los cielos, las primicias de ese cielo nuevo y esa tierra nueva se encuentran ya en este mundo. Así, como cristianos, continuando la obra de la salvación, debemos preocuparnos y ocuparnos de cuidar esta tierra.


Esta postura ha sido defendida por varios santos a lo largo de la historia como, además del célebre San Francisco de Asís, a San Felipe Neri, Santa Hildegarda de Bingen, San Juan de la Cruz, Santa Laura Montoya, Santa Catalina Tekakwitha, entre otros y otras.

Más recientemente, San Juan Pablo II denunció la gravedad de la cuestión ecológica, provocada por el ser humano que en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, la tiraniza y la destruye irracionalmente. (CA, 37-38; SRS, 34) Por su parte, Benedicto XVI nos recuerda que la naturaleza es un don que nos habla del Creador (Rm 1,20) y de su amor a la humanidad y que, con nosotros, está destinada a encontrar la «plenitud» en Cristo al final de los tiempos (Ef 1,9-10; Col 1,19-20). Así, nos llama a fortalecer esa alianza entre el ser humano y el medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios y del amor que hemos de dar a nuestro prójimo. (CV, 48-52)


Además, las iglesias locales también tienen una honda historia de cuidado de la creación. Por ejemplo, la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) surgió en 2014 (un año antes de la publicación de Laudato Si’) y fue cofundada por instancias y comunidades eclesiales de los territorios y pueblos de la cuenca del Amazonas. Su ejemplo impulsó la creación de más redes eclesiales en otros biomas: en Mesoamérica (REMAM), en la cuenca del Congo (REBAC), en Asia Pacífico y Oceanía (RAOEN) y, más recientemente, en el Gran Chaco y Acuífero Guaraní (REGCHAG). Cabe mencionar que ninguna de estas redes surgió de la nada, sino que fue precedida por esfuerzos de las Iglesias locales.

En México, además, se han creado otras redes como “Súmate” que reúne a las diócesis de la cuenca del Río Lerma, o la Red Laudato Si´ que surgió por un proyecto conjunto entre IMDOSOC, Iniciativa Climática de México y la comisión de ecología integral de la Arquidiócesis Primada de México con el objetivo de fortalecer la pastoral ecológica arquidiocesana. Particularmente, buscamos sumar a las acciones de la REMAM articulando los esfuerzos de cuidado de la creación en nuestro territorio urbano, entendiéndolo como el lugar donde convergen la creación y la cultura humana; por medio de la construcción de puentes entre academia, sociedad civil, gobierno e Iglesia.


Así, el semestre pasado aplicamos una encuesta de cuidado medioambiental con la finalidad de conocer iniciativas y actividades vinculadas con el cuidado de nuestra casa común, los problemas que más afectan nuestro entorno urbano y las acciones colectivas o individuales que se han tomado para hacerles frente y logramos recuperar cerca de 700 respuestas. El conocerlas nos permitirá saber cómo apoyarlas y así poder articular de mejor manera los esfuerzos que se realizan en la Ciudad de México. En lo que resta del año seguiremos trabajando en el gran reto de la articulación de acciones, al mismo tiempo que intentaremos contribuir a su formación y difusión.


¿Y tú ya conocías estos esfuerzos de la Iglesia por el cuidado de la creación, nuestra casa común?


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