Educar: ciudadanía frente a la justicia y la desigualdad

Actualizado: 28 sept 2021

El sistema económico, el sistema social, el sistema educativo y el sistema ecológico son parte de un único planeta globalizado, nuestra Madre Tierra. Como principios integradores de estos sistemas tenemos la sostenibilidad integral y global que generan una posibilidad de solución al contemplar el sistema en su conjunto, desde la complejidad, y estableciendo caminos de solidaridad entre todos los seres humanos, intergeneracional e intrageneracional, basados en el respeto al medio ambiente y la búsqueda del bien común.


Estamos llamados todos, pero en especial los cristianos, a promover el desarrollo integral del ser humano a la luz del Evangelio. Este desarrollo se lleva a cabo mediante el cuidado de los bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación.


Los retos que plantea el desarrollo integral debe de tener dos puntales fundamentales: la educación y el empleo. La educación permite incidir simultáneamente en la equidad, el desarrollo y la ciudadanía. Es crucial para superar la reproducción intergeneracional de la pobreza y la desigualdad. Su efecto en este ámbito es amplio: mejora el ambiente educacional de los hogares futuros y, con ello, el rendimiento educativo de las próximas generaciones; mejora las condiciones de salud del hogar, y permite una mayor movilidad socio-ocupacional ascendente a quienes egresan del sistema educativo, proporcionándoles, además, herramientas esenciales que eviten la marginalidad sociocultural. Y esto, sólo considerando la educación formal. Pero es bien sabido que existen muchos espacios de educación no formal que inciden de manera significativa en la formación y acompañamiento de las personas y que cada día es más valorado por su efecto en el desarrollo social, económico, político y de salud.


En una era caracterizada por el constante cambio, el objetivo esencial de la educación formal, nos dice la CEPAL, debe ser entregar, además de contenido académico tradicional, las capacidades y habilidades para “aprender a aprender”. Junto con ello, debe capacitar para manejar los nuevos instrumentos que ofrecen la comunicación, la información y la industria cultural, y debe promover los valores democráticos, de tolerancia y de convivencia social.


Los efectos potenciales de la educación sobre la equidad son de largo plazo y, lo que es más importante, no se producirán si no hay una dinámica generación de empleos de calidad.


El acceso a la educación y, más en general, al conocimiento y la información, proporciona la mejor posibilidad de construir ámbitos más equitativos, desde los cuales superar la desigualdad en subsistemas más estratificados, como el mercado de trabajo y la participación en el poder. El empleo es, por su parte, el principal medio de generación de ingresos del grueso de los hogares y, además, un mecanismo de integración social y realización personal. Te recomendamos leer el artículo del Dr. Fco. Javier Sierra titulado: El conocimiento no se transmite, se comparte, en: https://alexandria21.digital/misdocumentos/boletines/2021-0909.pdf


Por otro lado, la ciudadanía incluye el pleno ejercicio de los derechos civiles y políticos y los derechos económicos, sociales y culturales, la cual suele visualizarse en términos de exigibilidad y no de participación. Es importante considerar otra visión según la cual, el ejercicio ciudadano se centra en el compromiso activo de las personas con el destino de la sociedad.


Para construir sociedades más participativas y solidarias, no basta un Estado garante de derechos; es igualmente necesario contar con actores sociales que se preocupen por los diversos aspectos del desarrollo y por la ampliación de espacios deliberativos en los que se puedan concertar acuerdos y tomar decisiones que incidan en la vida de la comunidad; que repercutan en el bien común.


Más ciudadanía significa, en este sentido, más sociedad: una comunidad de personas que no se restringen a sus actividades privadas, sino que además concurren en el espacio y el debate públicos para participar en proyectos y en decisiones compartidas. O sea una perspectiva integral y global de la ciudadanía.


Una nueva ciudadanía y una nueva globalización, más ecológicas y equitativas, generosas y solidarias, con perfil ecosistémico e impregnadas de los principios de la sostenibilidad y la justicia social que son hoy imprescindibles.


Crecimiento no es lo mismo que desarrollo. La nueva globalización debe estar inspirada en un modelo de desarrollo diferente. Zygmunt Baumann manifiesta que “la situación actual de desajuste mundial e inequidad creciente es consecuencia de sustituir el anhelo humano de una coexistencia basada en la cooperación amistosa, la reciprocidad, la generosidad, la confianza mutua, el reconocimiento y el respeto por la rivalidad y la competición, bajo la idea de que el modo de vida basado en la creencia de que el enriquecimiento codicioso de unos pocos constituye la mejor vía para el bienestar de todos”.


Como base para el desarrollo, el Papa Francisco manifiesta, tanto en la carta encíclica Laudato Si’ como en el Pacto Educativo Global, la necesidad de “una ecología integral, que incorpore las dimensiones humanas y sociales, y nos dice que la ecología también exige sentarse a pensar y a discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo”.


En definitiva, el papa Francisco propone un Desarrollo Humano Integral y un camino para lograrlo es la educación.


¡Hasta la próxima!



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