• Alejandro Aguilar

El ecologismo sin justicia social sólo es jardinería


Ilustración: Monserrat Paz

La justicia social es un concepto paraguas, es decir, es una forma de conjuntar demandas diferentes a partir del deseo de construir una sociedad incluyente. Entre ellas han adquirido especial relevancia, debido a la gravedad de la situación, las demandas relativas al cambio climático, la degradación ambiental y la extracción de los recursos naturales. Bajo diversos estandartes, el ecologismo reivindica un hecho radical: ¡hemos sobrepasado los límites del planeta y si no actuamos pronto el daño puede ser irreparable!


Sin embargo, dos precauciones son necesarias a la hora de acercarnos al problema. La primera, evitar descuidar las luchas tradicionales por la erradicación de la pobreza y la reducción de las desigualdades a la hora de enfocarnos en la preservación de la naturaleza. Podemos mencionar dos razones para buscar equilibrar ambos mandatos, una de principios y otra de consecuencias:


  1. Porque resulta poco ético buscar una existencia en armonía con la naturaleza sin buscar resolver el problema de la coexistencia con las otras personas, excluidas y marginadas. Como afirmara el papa Francisco, el clamor de la tierra es el clamor de los pobres.

  2. Porque la experiencia ha demostrado que es prácticamente imposible reducir el impacto que tenemos sobre nuestro entorno sin aliviar las necesidades de los más vulnerables puesto que las zonas de conservación normalmente coinciden con las poblaciones de bajos recursos. De esto no se deriva, como engañosamente se ha manejado en el discurso público, que son los principales responsables de la degradación ambiental, cuyas causas provienen mayoritariamente de los países llamados “desarrollados”.


La segunda precaución tiene que ver con el tradicional descuido de ciertos discursos ecologistas por la situación de las ciudades. En ocasiones, la romantización de la naturaleza nos hace preocuparnos por cuestiones ambientales únicamente al exterior de las ciudades, dando a estas por perdidas. Si bien es indispensable preservar y recuperar las selvas, bosques, lagos y mares de nuestro extenso país, mal haríamos en obviar el ecosistema “artificial” en que vivimos mayoritariamente. Atender la cuestión urbana no puede ser dejada de lado.


A partir de este marco analítico, el martes 20 de abril comenzaremos en IMDOSOC la quinta etapa de un proyecto interesante orientado a definir los contornos urbanos y ambientales de la justicia social (pueden inscribirse al curso aquí). Puesto que no deseo develar por completo la sorpresa, le ofrezco al lector un breve glosario con las nociones fundamentales que exploraremos en cada una de las sesiones:


  1. En la primer sesión, nos abocaremos a estudiar las ciudades y sus problemáticas como espacios de injusticias sociales. Al hacerlo, examinaremos las múltiples condiciones que vuelven inhabitables a las “junglas de concreto”, a saber: las desigualdades espaciales, los problemas de movilidad, el acceso a bienes y servicios necesarios para vivir dignamente, entre muchas otras. En un país donde 8 de cada 10 mexicanos viven en localidades urbanas es urgente desnaturalizar la creencia de que las ciudades “son así” e interrogarnos ¿cómo construir ciudades más justas?

  2. En la segunda sesión aterrizaremos a las periferias urbanas como espacios llenos de contradicciones donde las personas se ven inmersas en conflictos socioambientales. Si las ciudades son conflictivas por sí mismas, las periferias urbanas lo son mucho más. En ellas se concentra el grueso de su población que habita en distintos grados de precariedad. Esto configura el caldo de cultivo perfecto para que se gesten conflictos por el control de recursos ambientales. La expansión de la mancha urbana, por recordar un proceso, se ha vuelto un mecanismo sistemático de expulsión de pobladores de sus espacios habitables, que venden a precios ínfimos, comprados por constructoras y empresas inmobiliarias generando posteriormente grandes beneficios.

  3. En la tercera sesión reflexionaremos sobre el entramado teórico de “el derecho a la ciudad”. Este término, acuñado por el filósofo marxista Henri Lefevre, refiere a la capacidad de los habitantes urbanos a apropiarse de la ciudad, decidir su desarrollo y adecuar el espacio en beneficio de su calidad de vida. En consecuencia, el derecho a la ciudad ha sido el concepto marco en el cual se han proyectado demandas diversas, ejemplos de las cuales son los reclamos por limitar el uso del automóvil, la promoción de espacios verdes o la resistencia contra la gentrificación (el establecimiento de giros comerciales orientados a personas con alto nivel de ingresos en zonas residenciales aumentando el precio de la vida y desplazando a los habitantes originales).

  4. En la cuarta sesión trataremos de la justicia ambiental como un ámbito de la justicia social. La justicia ambiental ha sido tradicionalmente comprendida como la participación igualitaria en los costos y beneficios de los procesos sociales relacionados con el medio ambiente. Los reclamos de injusticia ambiental, entonces, tienen por punto de partida la identificación de desigualdades frente al deterioro ambiental y la extracción de recursos naturales. La minería sirve de ilustración: los beneficios de los metales y tierras raras que se extraen a lo largo y ancho de América Latina benefician a las sociedades del hemisferio norte, mientras que en el sur global se sufren las consecuencias de la destrucción de ecosistemas y la contaminación a gran escala.

  5. En la quinta sesión abordaremos las iniciativas de cuidado de la casa común surgidas de las periferias, conocidas como: “ecología popular”, “ecología de los pobres” o “ecología de los medios de vida”. La intención es reconocer las formas en que comunidades afectadas por la degradación de su entorno se han articulado para la defensa y gestión de su entorno, tanto por cuestiones simbólicas y espirituales (como las cosmovisiones que aun subsisten de relación armoniosa con la naturaleza) como en defensa de los medios de vida que el entorno les provee. Ejemplos recientes se observan en la organización comunitaria en contra de los megaproyectos de desarrollo, que al implementarse trastornan por completo la vida de las poblaciones huéspedes.

  6. En la sexta y última sesión nos preguntaremos por el significado del concepto desarrollo y la posible alternativa de que este sea sostenible. En teoría, el desarrollo sostenible consiste en la utilización de los recursos naturales de forma equitativa sin comprometer la disponibilidad de generaciones futuras. Esto suena muy bien, pero como descubriremos en su momento, la tendencia de las sociedades capitalistas en que vivimos es a aumentar la producción en menosprecio de la distribución equitativa y sostenible.


Alejandro Aguilar Nava

Preguntas y comentarios siempre recibidos en alejandro.aguilar@imdosoc.org

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