• Alejandro Aguilar

La cabeza de Cristóbal Colón

A 3 semanas del homicidio de George Floyd, residente afroamericano de Mineápolis, Minesota (25 de mayo), a manos de la policía de la ciudad, las protestas contra el racismo han tomado un giro inesperado. Han pasado de denunciar el homicidio concreto de Floyd al racismo general en toda la sociedad. En las últimas manifestaciones, varias estatuas de Cristóbal Colón han sido afectadas como parte de las protestas, iniciando un muy profundo diálogo social. En el momento más álgido, ocurrido en Boston, una estatua de Colón fue decapitada. No obstante, todo parece indicar que el mismo debate asoma en Latinoamérica e incluso en España, donde numerosas llamadas en redes sociales piden que se considere retirar las estatuas del navegante.


Para comprender los hechos, debemos asentar 3 puntos antes emitir juicios categóricos:


  1. La razón por la cual se han vuelto polémicas las estatuas de Colón es porque su significado ya no es valorado por igual. Hay, por un lado, quienes consideran que representa un hito positivo para las sociedades en que vivimos (el descubrimiento de América o la llegada de la civilización). Defienden que es parte de la historia nacional y es menester preservar su memoria. Por otro lado, hay quienes lo consideran una referencia negativa por las consecuencias funestas que trajo su desembarco en el continente; para este grupo, su memoria no debe ser honrada con estatuas. En este conflicto de interpretaciones, ¿cómo hemos de proceder?

  2. Si buscamos en el pasado, encontraremos argumentos para ambos bandos. Es innegable el declive poblacional posterior al descubrimiento de América. Cifras conservadoras estiman en 60 millones los habitantes en 1492, mientras que para 1600 la población había disminuido 56 millones, decremento superior al 90% (en este estudio se afirma que esto desencadenó una pequeña edad de hielo).Es sabido que el mayor porcentaje falleció en los años posteriores a la Conquista debido a las innumerables enfermedades de las que los europeos eran portadores. Colón murió en 1506, mientras que el primer contacto en América continental ocurrió en 1517 y la Conquista del Imperio azteca se consumó en 1521. Difícilmente podemos asumir que él tuviera responsabilidad directa sobre los decesos. Sin embargo, también se puede afirmar que Colón representa el inicio de la dominación europea en el Nuevo Mundo, donde las poblaciones indígenas y afroamericanas fueron sometidas al yugo hispano e inglés. Incluso, la descendencia directa de Colón se benefició del trabajo indígena y estuvo involucrada en el comercio de esclavos africanos (como lo documenta Cruz Apestegui). En suma, la cabeza de Colón da por igual a ambas interpretaciones, sin que con ello resolvamos el debate.

  3. En el fondo, más que ameritar un debate histórico, conviene entender el conflicto de interpretaciones como un problema social apreciable al día de hoy. La discriminación étnico-racial tiene raíces profundas, costumbres e instituciones que han perdurado a lo largo del tiempo manteniendo un estado de desigualdad de ciertos grupos de las sociedades. Es por esta razón que el pasado es percibido como injusto. La elección de Cristóbal Colón como símbolo de la opresión funciona a los grupos manifestantes para visibilizar su descontento con las narrativas que nos hemos contado como sociedad. Esto es un reclamo de la política a la historia, donde algunas de las demandas son bastante razonables: no hablar del descubrimiento de América como si el continente no existiera previamente, o de la llegada de la civilización, cuando ya existían civilizaciones en el continente, mucho menos subestimar los costos en vidas de la Conquista y la Colonia.

Aunque nos parezca sorpresivo, la sociedad hierve de luchas por redefinir el pasado para reorientar el presente. Lo que estas efervescencias muestran es que las narrativas tradicionales que compartimos como sociedad,ya no convencen a todos y todas por igual. Esto puede parecer problemático, pues las sociedades funcionan como grandes comunidades en donde las personas cooperan para buscar el bien común, pero en el fondo es una oportunidad inmejorable para un diálogo social amplio en el que se discutan cuestiones de fondo. Si las narrativas tradicionales ya no convencen, aprovechemos para imaginar una versión de la sociedad donde la estatua de Cristóbal Colón no sea necesaria. Donde el recuerdo del navegante genovés no signifique la llegada de la civilización a América ni el inicio de la dominación. En ese México, todos y todas seremos sustantivamente iguales.


Alejandro Aguilar

Investigación IMDOSOC

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