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Renovar los votos con la tierra. Laudate Deum

Alejandro Aguilar


A 8 años de Laudato Si’ y a 3 de Querida Amazonia, Francisco nos sorprende con un nuevo texto, una exhortación apostólica, sobre la naturaleza de la crisis (o la crisis de la naturaleza y la vida), a tiempo recorrido desde su unción como pontífice y después de la pandemia. No pienso realizar un resumen, pues recomiendo una lectura total del texto, pero me atrevo a destacar algunas reflexiones.


I

La crisis socio climática aparece claramente perfilada como una cuestión política, probablemente la que definirá en adelante la historia de la humanidad. Cuando no se trata del negacionismo pseudocientífico se recurre a la banalización de la emergencia siempre y cuando se pueda seguir con el business as usual (§6 a 8). En cambio, la exhortación denuncia sin medias tintas los arreglos sumamente desiguales que permiten que una pequeña porción de la población contamine en gran medida a expensas de la demás (§9). En el texto, el toro es tomado por los cuernos: la crisis de la reproducción de la vida sobre el planeta es la lucha por reconocer condiciones estructurales de injusticia social y ambiental. Levantar la voz en contra de ellos es una acción política indispensable si buscamos un cambio de fondo.


II

La factura del texto es bello pero, sobre todo, su contenido pliega a reflexiones necesarias sobre las características de la crisis. Es muy grato leer la renuncia al dualismo entre sociedad y naturaleza, para ver que Francisco (§25 y 26) retoma concepciones de vanguardia en los estudios ambientales que promueven entender la “doble internalidad” de la “trama de la vida”[1]. En pocas palabras, parte del problema estriba en concebir al ser humano como un actor predominante sobre la naturaleza y cualitativamente diferente. En cambio, hemos de reconocer que pertenecemos tanto al complejo sistema de la tierra, como creemos que nos pertenece, ya sea para aprovecharnos de él o para salvarlo de nosotros mismos (así, el rechazo al dualismo también tiene implicaciones espirituales en la medida en que evita recaer en el antropocentrismo prometeico). No podemos soñar con regresar a un medio ambiente prístino, en la que toda huella de la actividad humana sea imperceptible, pero sin duda está en nuestras manos encontrar los caminos para reinventar nuestros modos de existir y de relacionarnos con lo que nos rodea.


III

La denuncia del paradigma tecnocrático que permite establecer vínculos no sólo con Laudato Si’ –como explícitamente se menciona— sino con Fratelli Tutti [2]. A pesar de ser una crítica en toda regla al optimismo tecnológico y el crecimiento económico, resulta confuso entender el fenómeno como un hecho general. Por ejemplo, al cierre de la sección dedicada al respecto se lee: “Hace falta lucidez y honestidad para reconocer a tiempo que nuestro poder y el progreso que generamos se vuelven contra nosotros mismos” (§28). Aunque el tono de la exhortación es público, abierto a toda la humanidad, la interpelación oscurece más de lo que clarifica. El paradigma tecnocrático no puede ser entendido como un proyecto de empoderamiento desmedido de la humanidad en su conjunto, sino sólo de una élite económica que se beneficia de él. Por el contrario, el paradigma tecnocrático resulta en la privación del mínimo poder de decisión de la mayor parte de la humanidad, quienes además suelen ser los principales perjudicados por la degradación de las condiciones de vida.


IV

Resulta evidente que el núcleo de la exhortación va encaminado a mover conciencia de cara la Conferencia de las partes que tendrá lugar en Dubai en 2028 (COP28). Es por eso que se realiza, en un apartado previo, una caracterización de los principales problemas de la gobernanza internacional (§34-43), seguido de un minucioso e inusual recuento de 30 años de pocos resultados de la cooperación internacional para el cambio climático (§44-52). El argumento cierra (§53-60) con una enérgica exhortación a tomar la conferencia en ciernes en serio: “Ojalá quienes intervengan puedan ser estrategas capaces de pensar en el bien común y en el futuro de sus hijos, más que en intereses circunstanciales de algunos países o empresas. Ojalá muestren así la nobleza de la política y no su vergüenza” (§60).

Aún más interesante –en mi opinión— que el muy necesario llamado a la cordura de los grandes tomadores de decisiones es la sugerencia apenas esbozada de que dichos procesos sufren por defecto de falta de democracia (§43). De forma imaginativa, Francisco nos invita a pensar la crisis de forma “subsidiaria” (§37).


V

En un giro inesperado de tono, Francisco regresa al quid del asunto (§61 y ss). Las motivaciones espirituales –nos recuerda— son la base de todo cambio duradero. El mensaje ya estaba presente en Laudato Si’ y Querida Amazonia, con sus matices, así que en rigor la exhortación se remite a reiterarlo. No obstante, son por demás curiosas unas líneas inspiradas por Donna Haraway (§66 y 67), famosa ecofeminista radical. Al abrirnos a su pensamiento, Francisco demuestra que la apuesta por la conversión ecológica no es limitativa de la tradición católica. Por el contrario, se trata de una espiritualidad abierta puesto que, así como “hoy nos vemos obligados a reconocer que sólo es posible sostener un antropocentrismo situado” (§67), también hemos de reconocer nuestra modestia espiritual en un mundo diverso.

Como en otras tantas intervenciones de Francisco, la exhortación busca construir puentes. Esta es una labor un tanto humilde pero necesaria. La exhortación en cuestión no es –ni debería ser leída— como una “teoría” o “investigación”, en el sentido en que no es una construcción que aspire en primer lugar a una cierta verosimilitud construida bajo los cánones de diversas disciplinas científicas. Tampoco es, por otra parte, un mero mecanismo de divulgación para feligreses –aunque resulta evidente que cumple muy bien con dicho cometido. Estoy convencido que la exhortación, así como otros documentos de Francisco, están pensados como “semillas de reflexión” que ponen en diálogo contenidos provenientes de la academia y la investigación (no pude dejar de notar el §32 dedicado a discutir la meritocracia, tema candente en las ciencias sociales) con preocupaciones comunes a la humanidad (sin exclusión de credos) guiadas por la ética del cuidado y el amor.

Celebro la publicación de Laudate Deum. Estoy seguro de que será un aliciente para continuar conversando prolijamente.


 

[1] Véase Jason W. Moore, El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de capital (Madrid: Traficantes de Sueños, 2020). [2] Francisco, Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común (México: Buena Prensa, 2015); Francisco, Fratelli tutti. Sobre la fraternidad y la amistad social (México: Buena Prensa, 2020).

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